Pedro Sánchez trata de recomponer los pactos de gobernabilidad. Y ahí la pieza clave es Carles Puigdemont. Junts ha puesto tres exigencias al Gobierno de coalición para garantizar el apoyo de sus siete diputados a los presupuestos generales del Estado: aplicación de la ley de Amnistía; traspaso de la delegación de Extranjería y mayor presencia de la lengua catalana en las instituciones europeas. Pero, más allá de esa negociación que ya se está llevando a cabo, parece claro que Puigdemont ha dado órdenes a Míriam Nogueras para que se siente también con el PP. La pinza de las derechas españolas con la derecha catalana para tumbar el decreto ómnibus de pensiones es la constatación palpable de que hay diálogo.
En principio no parece que haya acuerdos por escrito entre populares e independentistas. Lo que sí ha habido, según fuentes parlamentarias de toda solvencia, son contactos indirectos, coincidencias puntuales en votaciones y debates internos sobre hasta dónde podía llegar el PP en su relación parlamentaria con Junts.
El propio Feijóo ha reconocido esa interlocución. El gallego admite puntos de concordancia en política económica, pero siempre negando ese pacto político. No puede meterse en harinas y en más profundidades con Junts porque Abascal esta pendiente, ojo avizor, y le puede sacar tarjeta roja en cualquier momento. De ahí diga que habla con los de Puigdemont “sin aceptar chantajes ni renunciar a principios”. Estas “coincidencias” se han producido en iniciativas legislativas donde ambos partidos compartían interés en frenar o presionar al Gobierno de Pedro Sánchez. Ya las hubo durante el periodo de negociaciones previas a la investidura fallida del mandatario popular. Entonces declaró su “respeto” por Puigdemont y reconoció que existieron “contactos indirectos”, aunque sin concretar su contenido. Junts le exigió amnistía y referéndum de autodeterminación y ahí se terminaron las conversaciones.
En 2025, durante el Congreso Nacional del PP, se produjo un debate interno sobre si debía prohibirse cualquier pacto con Junts. Finalmente, Feijóo logró que los barones aceptaran suavizar una enmienda que prohibía pactos con partidos independentistas. Este gesto fue interpretado como un intento de mantener abierta la posibilidad de acuerdos tácticos en el futuro. Esto no implica un pacto, sino una posición estratégica para no cerrarse puertas en un Congreso fragmentado. Entre PP y Junts hay sintonía en no pocos temas. En economía y fiscalidad, por ejemplo. Diversas fuentes señalan que PP y Junts han encontrado puntos de encuentro en políticas económicas y fiscales.
Esta afinidad ha permitido acuerdos en iniciativas legislativas relacionadas con economía y empresa. Bajada impositiva, rebajas en el IRPF, blindaje de las grandes fortunas y multinacionales, abolición de determinados impuestos y tasas y mejora del sistema de financiación (sin entrar en la financiación singular, ya que el PP se niega en rotundo). También coinciden en recortar el Estado de bienestar. Controlar el déficit y reducir gasto público (limitando prestaciones, pensiones y ayudas sociales) es una partitura que a ambos les suena bien.
Junts ha apoyado el 80 por ciento de las iniciativas del PP en el Senado entre 2023 y 2025, votando a favor o absteniéndose en 27 de 34 propuestas populares. En el Congreso, PP y Junts han votado juntos contra varios decretos del Gobierno, especialmente cuando criticaban que el Ejecutivo mezclara medidas heterogéneas en un mismo texto (por ejemplo, pensiones junto a otras reformas). Ambos partidos han coincidido en rechazar los llamados “decretos ómnibus” del Gobierno.
Otro punto en común es, sin duda, la inmigración. Devoluciones en caliente y limitación del cupo, junto a medidas más estrictas a la hora de conceder permisos de residencia y trabajo, están en la agenda de PP y Junts. Vox presiona al primero, Aliança Catalana al segundo. La extrema derecha está siempre presente en cada paso hacia el acercamiento.
Aunque no existe un pacto formal, sí hay una disposición mutua a no cerrarse puertas. Dirigentes del PP han afirmado que no rechazarán los votos de Junts cuando coincidan en objetivos legislativos. Desde Junts se reconoce que pueden acercarse al PP en temas económicos o sociales, aunque descartan pactos de mayor calado como una moción de censura conjunta. No es que haya idilio, pero sí deshielo. El procés ya es agua pasada y se impone un nuevo tiempo.
