Feijóo coquetea con Patriotas por Europa y Orbán

La deriva del líder del Partido Popular hacia discursos xenófobos propios del trumpismo resulta más que preocupante

30 de Enero de 2026
Actualizado el 02 de febrero
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Feijóo con sus diputados en una imagen de archivo
Feijóo con sus diputados en una imagen de archivo

La deriva del PP hacia la extrema derecha, de la mano de Alberto Núñez Feijóo, preocupa y mucho en Europa. En las últimas horas, la formación conservadora española ha llevado a las instituciones europeas el proceso de regularización de inmigrantes iniciado en España, con el que el Gobierno de coalición pretende sacar de la clandestinidad a medio millón de extranjeros que ya residen en nuestro país. La maniobra intentada por el gallego ha causado auténtico estupor entre los propios compañeros del Partido Popular Europeo (PPE), que no dan crédito. Al final, Bruselas le ha parado los pies en seco al dirigente español tras responderle que ese es un debate doméstico que debe ser abordado en el Parlamento nacional y que se deje ya de “ruido” mediático.

La deriva del PP en Bruselas, cada vez más alejada de las posiciones de la derecha convencional democrática, ha hecho circular una especie de maldad o chascarrillo en los pasillos comunitarios: Feijóo está derechizándose tanto, se está escorando tanto hacia Vox, se está trumpizando tanto, que en algún momento terminará dejándose el PPE para alinearse con los ultras de Viktor Orbán, el controvertido presidente húngaro que custodia la pureza de la sangre cristiana europea y a la sazón topo de Putin.

Hay no pocos indicios preocupantes que alertan de que últimamente el jefe de la oposición se está yendo por unos cerros antidemocráticos muy lejanos del Estado de bienestar. Así, reclama expulsiones masivas de extranjeros tal como exige Vox; vota en contra de las pensiones, del escudo social, de la subida de salarios, de la reforma laboral y de las medidas contra los desahucios en comandita con Vox; rechaza la ley de memoria histórica, en plan Vox; y para rematar se niega a cualquier pacto verde para frenar el cambio climático (como Vox). El PP, por influencia del nuevo trumpismo o fascismo posmoderno, se ha ido transformando en un partido, no ya conservador, sino lo siguiente: un proyecto negacionista, supremacista y ultra.

Toda esta evolución (más bien involución y flirteo con la extrema derecha nacional e internacional) ha sido detectada por prestigiosos periódicos europeos no precisamente comunistas como The Guardian, Le Monde y Der Spiegel, que han alertado de que Feijóo y los suyos se están viendo afectados por el proceso de zombificación nazi. De ahí que tengamos suficientes elementos de juicio para augurar que, de persistir ese viaje a ninguna parte del Partido Popular, al final terminará votando cosas con los herederos de Hitler y Mussolini ya infiltrados en las instituciones europeas. A Feijóo solo le falta pedir la baja en el PPE y solicitar el ingreso oficial en Patriotas por Europa, que parece ser su lugar en el mundo a la vista de las políticas que está proponiendo en los últimos tiempos. Patriotas es una banda ultranacionalista y euroescéptica que pretende dinamitar la UE desde dentro para satisfacción y placer de Donald Trump. Liderado por el propio Orbán, se trata de un movimiento fundado en 2024 sobre los restos de otro engendro facha: Identidad y Democracia. En su cóctel de bulos, patrañas y medidas antidemocráticas figuran el retorno a las fronteras nacionales del siglo XIX que arrastraron a Europa a dos guerras mundiales (soberanismo ciego, particularista y autárquico); el catolicismo más reaccionario y tradicional; la oposición al globalismo, el populismo demagógico, el supremacismo, el odio al inmigrante y el rupturismo antisistema. Sienten alergia por la democracia. Apuestan por un cambio de paradigma hacia regímenes autocráticos propios del pasado con abolición de derechos civiles.

En Patriotas por Europa (tercera fuerza del Parlamento Europeo con 85 eurodiputados) está lo peor de cada casa: el Fidesz húngaro (martillo de gais y lesbianas); la Agrupación Nacional francesa de Marine Le Pen (la nostálgica del régimen de Vichy); la Liga italiana de Salvini, sí, ese tipo enloquecido que proponía bombardear pateras con barcos de guerra; el VVD de Países Bajos (su líder es Mark Rutte, el pelota de Trump en la OTAN, con eso está dicho todo); el FPÖ austríaco (pangermanismo nazi loco y promiscuo); el Vlaams Belang belga (Interés Flamenco, que no es precisamente una fundación para la defensa de la copla, sino más xenofobia y odio al moreno); el Chega! portugués (más triste que un fado ver cómo nuestros vecinos y hermanos caen también en la paranoia ultra); el ANO checo (sin más comentario, huele a pedo); el Partido Popular Danés (la raza superior aria/escandinava colaboracionista con los nazis); y, cómo no, los taurinos españoles de Vox. Hace solo unas horas, el partido de Santiago Abascal volvía a helar el corazón de la gente demócrata de este país cuando envió al Congreso a su guiñol Figaredo para que gritara “asesinos, asesinos” a los diputados del Gobierno. Solo faltó que el niño del exorcista soltara un esputo verde por la boca desde la tribuna de oradores, poniendo perdidas a las taquígrafas. Cualquier persona de bien se preguntó en ese momento por qué no le habían dado la pastillita al nene esa mañana. Y eso que Vox no atraviesa por su mejor momento, ahora que Hazte Oír y otras asociaciones ultracatólicas rompen la unidad de acción porque ya lo ven como un partido de la derechita cobarde.

Pero volvamos a Feijóo, auténtico protagonista de esta columna. Hace tiempo que todo el mundo ve que este hombre no va por buen camino. Uno cree que, ya puestos, debería salir del armario político del conservadurismo moderado y dejarse de complejos e hipocresías. Le va la marcha, le pone el discurso trumpista, adora a Ayuso en secreto, aunque no lo diga. Que lo confiese ya y se deje de monsergas y de disfraces socialdemócratas. Patriotas por Europa es donde más a gusto estaría, como pez en el agua, feliz y realizado ya para siempre. Firme la solicitud ya, don Alberto. Dé el salto y a volar. Heil Hitler.  

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