La parte internacional del discurso es un catálogo de insinuaciones y frases diseñadas para consumo interno. Ayuso habla de Venezuela, Irán, Estados Unidos, “aislamiento” de España y, por supuesto, Zapatero. Pero lo hace sin el rigor mínimo que exige la política exterior: evidencias, atribuciones, prudencia institucional y respeto por marcos multilaterales.
“Ya les adelanto que vienen curvas. Hay un juez ahora mismo investigándole en Nueva York”. Esta frase es gravísima desde el punto de vista periodístico, porque es una acusación sin prueba pública.
Venezuela: convertir un drama real en arma arrojadiza
El drama venezolano merece ser tratado con seriedad: violaciones de derechos, crisis humanitaria, represión y éxodo. Ayuso no va ahí para informar; va para etiquetar: “dictadura chavista”, “nadie los cree”, “mediadores de qué”. El problema no es la crítica, que puede ser legítima, sino el uso de la tragedia como escenario de superioridad moral.
“No espero nada de Sánchez ni de Zapatero, porque han estado con la dictadura chavista todo este tiempo”.
Y cuando entra en Zapatero, da un salto de gravedad: sugiere investigaciones judiciales en Nueva York y “vienen curvas”. Este tipo de afirmación, lanzada sin prueba pública en un foro mediático, es el ejemplo perfecto de irresponsabilidad institucional. De hecho, el propio debate mediático reciente refleja que estas acusaciones han circulado políticamente y han sido recogidas en prensa, pero eso no las convierte en una verdad probada.
Trump: “no sé qué elogios” y, a la vez, alineamiento narrativo
Ayuso responde sobre Trump diciendo “no sé qué elogios”, para después defender que distanciarse de Estados Unidos “es suicida” y que hay que cuidar la relación. Esa postura —mantener vínculo transatlántico— puede ser razonable. Lo indecente es el doble juego: negar lo dicho y, al mismo tiempo, usar a Trump como símbolo de “realismo” frente al “aislamiento” de Sánchez.
Además, introduce el 250 aniversario de la independencia de EE. UU. y lo usa como capital político cultural, en línea con decisiones previas de la Comunidad de Madrid sobre la Hispanidad 2026. Todo eso puede organizarse institucionalmente, pero no sustituye la política exterior del Estado ni convierte a Ayuso en canciller. Ella actúa como si Madrid fuese un мини-Estado: es postureo con bandera.
“España está aislada”: una exageración interesada
Ayuso afirma que España está “cada vez más aislada y más sola en el mundo”. Es una frase potente, pero exige hechos. A la vez, fuentes institucionales recientes muestran a la Jefatura del Estado defendiendo el vínculo con EE. UU. y la centralidad del derecho internacional y del proyecto europeo. Es decir: la política exterior real se mueve en marcos complejos, no en sentencias absolutas.
“Distanciarnos de los Estados Unidos es suicida”. “España no entiende su papel sin Estados Unidos”.
Irán y las mujeres: una mención para fingir sensibilidad, sin compromiso verificable
Ayuso pregunta retóricamente “¿a qué hora va a salir la flotilla a defender a las mujeres iraníes…?”. Es una frase diseñada para ridiculizar al adversario, no para defender derechos humanos. No propone medidas, no cita instrumentos, no habla de sanciones, de asilo, de cooperación, de organismos. Es teatro.
El “muro” y el discurso de deslegitimación
El marco repetido del “muro” (“solo habla para los suyos”, “tragan con corrupción”) busca deslegitimar al adversario como secta. Esto es extremadamente dañino en democracia porque sustituye el debate por una lógica de enemigo interno. Y, en política internacional, esa mentalidad es aún más peligrosa: se traduce en bandazos, sobreactuación, y propaganda.
“España cada vez está más aislada y más sola en el mundo”, una frase redonda para contraponer con hechos diplomáticos reales.
Conclusión: Ayuso usa el mundo como decorado. Venezuela como garrote, Trump como tótem, Irán como sarcasmo, Europa como telón. Y así evita lo único serio: explicar qué haría ella —con competencias reales— para mejorar la posición de España sin degradar el Estado de derecho.