Isabel Díaz Ayuso abrió su intervención en Nueva Economía Fórum invocando a las víctimas del siniestro ferroviario de Adamuz (Córdoba) y, acto seguido, convirtió la tragedia en un artefacto político: “red deteriorada”, “situación catastrófica”, “Gobierno que insulta”, “Puente debe dimitir”, “Sánchez responsable”. El patrón es reconocible: apropiarse del duelo, simplificar un sistema técnico y cerrar el relato con un culpable prediseñado. El problema es que el accidente no se deja domesticar con consignas. Y las certezas que hoy existen no avalan el espectáculo.
“Lo cierto es que la red ferroviaria se ha ido deteriorando año a año hasta llevarnos a una situación catastrófica”.
Lo que sabemos (y lo que aún no)
El choque en Adamuz dejó 45 fallecidos y decenas de heridos. La investigación técnica está en marcha, y las hipótesis de trabajo más relevantes apuntan a una rotura o fractura del carril como elemento central a esclarecer: si era causa previa o consecuencia, y cómo pudo producirse en un tramo que había sido objeto de revisiones.
“No diré que nadie es un asesino en este caso, porque no creo que nadie se ponga al frente de un ministerio para matar a nadie”. Esta última frase es oro puro: reconoce que no es un asesinato… después de haber insinuado durante todo el discurso que sí lo es.
“El ministro Puente tiene que dimitir”. “Aunque, en realidad, quien debería empezar por dimitir es su jefe, Pedro Sánchez”.
Esto es clave para desmontar el guion de Ayuso: no hay un “relato cerrado” que permita repartir carnés de culpable en un desayuno informativo. Hay una cadena compleja: infraestructura, materiales, soldaduras, inspecciones, trazabilidad, protocolos, y un regulador investigador (CIAF) cuyo trabajo no puede ser sustituido por una arenga.
Ayuso dice “deterioro año a año”; los datos técnicos exigen precisión
Ayuso presenta la red como un derrumbe progresivo hasta lo “catastrófico”. Pero el foco real del caso Adamuz, hoy, es mucho más concreto: integridad del carril, compatibilidad de materiales, calidad de soldaduras, controles no destructivos y trazabilidad documental. La normativa y los procedimientos de Adif exigen identificación del material, del técnico, del registro de inspecciones y controles como ultrasonidos, líquidos penetrantes o verificaciones geométricas.
“Sánchez hace mucho que solo habla para un muro que él mismo levantó”.
Si la discusión se hace seria, la pregunta no es “¿quién dimite hoy?” sino:
- ¿hubo defecto de fabricación del raíl o problema metalúrgico?
- ¿hubo fallo en la soldadura aluminotérmica o en la compatibilidad entre raíles?
- ¿fueron suficientes y correctas las inspecciones y su periodicidad?
- ¿qué muestran las marcas en ruedas y los restos recuperados?
Ese es el terreno en el que se gana seguridad ferroviaria. No en la escena política.
“Puente debe dimitir”: una conclusión sin cadena probatoria
Ayuso exige dimisiones como si el mando político fuese una varita mágica que arregla fracturas. La responsabilidad política existe, sí. Pero debe ser proporcional y fundada, no un reflejo condicionado por el oportunismo.
Además, el propio debate público de estos días muestra que, incluso con revisiones realizadas, puede existir un fallo que se investiga: se habla de un raíl más reciente unido a otro antiguo mediante soldadura y controles que, en teoría, se ajustaban a normativa. Eso no exonera a nadie; pero impide la simplificación. Si el problema fuese de material, trazabilidad o procedimiento, la solución no es “dimita X” sino cambiar estándares, auditorías, compras, inspecciones y rendición de cuentas.
"No diré que nadie es un asesino en este caso, porque no creo que nadie se ponga al frente de un ministerio para matar a nadie"
El truco retórico: mezclar Adamuz con el caos de Rodalies
Ayuso enlaza Córdoba con “la posterior de Barcelona”. Aquí vuelve la manipulación por acumulación: en Cataluña, la crisis reciente se ha ligado a un accidente en Gelida y a incidencias graves en Rodalies, con interrupciones y debates incluso sobre fallos informáticos o hipótesis aún no confirmadas como un posible ciberataque.
¿Conclusión? Que el sistema necesita inversión, gestión y transparencia, sí. Pero Adamuz y Rodalies no son el mismo expediente. Ayuso los fusiona porque así no tiene que explicar nada: ni qué competencias tiene la Comunidad de Madrid en ferrocarril, ni qué aporta de forma técnica a que no vuelva a pasar.
“Asesino”, “sal gorda” y el uso del dolor
Cuando le preguntan por el lenguaje, Ayuso concede que “asesino” no, pero vufelve a dejar la puerta abierta a un marco moral: “la falta de rigor tiene consecuencias catastróficas”. Eso es razonable… si viniera acompañado de una exigencia nítida: esperar a la investigación técnica, publicar conclusiones, y aplicar recomendaciones. En lugar de eso, utiliza el dolor para reforzar su guerra política.
En un país serio, tras 45 muertos, lo mínimo exigible es:
- independencia de la investigación y publicación íntegra;
- auditoría técnica externa sobre el tramo y su historial;
- plan de choque verificable con plazos y presupuestos;
- comparecencias que expliquen términos técnicos sin insultar a la inteligencia del público.
Ayuso hizo lo contrario: convirtió una tragedia en un mitin. Y, al hacerlo, no “defendió a las víctimas”: las usó como escalón.