Ayuso y los medios conservadores no demuestran que los comercios de Sol pierdan un 60% de sus ventas

La presidenta madrileña presenta como una realidad general una cifra nacida de testimonios particulares sin aportar estadísticas de ventas, mientras otros comercios aseguran que la protesta apenas les afecta

07 de Octubre de 2026
Actualizado a las 11:05h
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Acampada en la Puerta del Sol el 30 de septiembre 2026, foto Agustín Millán
Acampada en la Puerta del Sol el 30 de septiembre 2026, foto Agustín Millán

Isabel Díaz Ayuso ha convertido este miércoles un titular periodístico en argumento político contra Pedro Sánchez y lo ha hecho utilizando como si fuera un dato económico consolidado una cifra que, por el momento, no está respaldada por ninguna estadística pública, ningún estudio sectorial ni ninguna documentación contable conocida.

La presidenta de la Comunidad de Madrid publicó en X el siguiente mensaje: «La Puerta del Sol ocupada a hechos consumados; vandalizada; los comercios, asfixiados y sus ventas cayendo hasta en un 60%. Pedro Sánchez convierte el corazón de Madrid en un campamento político mientras los madrileños pagan la factura».

El mensaje puede consultarse en su cuenta oficial:

La contundencia de la afirmación contrasta, sin embargo, con la debilidad de la evidencia disponible. Ese espectacular 60% que Ayuso presenta ante sus seguidores como medida de la supuesta «asfixia» del comercio de Sol no procede de una organización empresarial, de un informe económico, de los datos agregados de los establecimientos de la plaza, de estadísticas de pagos con tarjeta ni de una comparación sistemática de facturación con las mismas fechas del año anterior. La cifra procede, fundamentalmente, de testimonios recogidos por ABC entre algunos trabajadores y establecimientos de la zona.

Eso no significa que esos comerciantes no puedan estar sufriendo pérdidas importantes, ni que sus testimonios carezcan de valor periodístico. Significa algo más elemental: la experiencia de unos pocos negocios no puede transformarse sin más en una estadística representativa de todo el comercio de la Puerta del Sol.

De un testimonio particular a una afirmación institucional

ABC publicó una información bajo el titular «Pérdidas del 60% de la facturación y cierres anticipados: la desesperación de los comercios ante la acampada de Sol». En ella se recogen estimaciones de varios establecimientos: trabajadores de algunos estands de una conocida cadena de cosmética hablan de descensos de alrededor del 40%; una pequeña perfumería calcula una caída próxima al 60%, y un establecimiento especializado en bocadillos de jamón sitúa la reducción de ventas entre un 60% y un 70%.

El problema no está en reproducir esas declaraciones, sino en la forma en que se convierten progresivamente en una descripción general de la situación económica de Sol. El artículo no aporta balances, cierres de caja, series históricas de facturación, datos fiscales, información bancaria ni una comparación homogénea con las mismas jornadas de 2025. Tampoco explica sobre qué periodo exacto se calculan esos porcentajes ni cuál es el criterio utilizado para determinar qué se entiende por una jornada «normal».

En consecuencia, esos porcentajes deben tratarse como lo que realmente son: estimaciones facilitadas por determinados empleados o responsables de establecimientos concretos. Pueden reflejar situaciones verdaderas y graves para quienes las padecen, pero no constituyen por sí mismas un indicador económico del conjunto de la plaza.

Ayuso elimina todas esas cautelas cuando escribe que «los comercios» están asfixiados y que sus ventas caen «hasta en un 60%». El salto no es menor, porque se pasa de varios testimonios individuales a una afirmación general pronunciada desde la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Otros comerciantes contradicen el relato de una caída generalizada

La realidad recogida por otros medios es bastante más compleja que la que sugiere el mensaje de Ayuso. Europa Press recorrió establecimientos de la zona y encontró testimonios muy distintos entre sí: algunos comerciantes denunciaban caídas importantes, problemas de acceso e incluso la necesidad de reforzar medidas de seguridad, pero el responsable de La Mallorquina, uno de los establecimientos históricos situados en plena Puerta del Sol, aseguró que la acampada no les había afectado «prácticamente nada» y que seguían trabajando con normalidad.

Ese testimonio basta por sí solo para desmentir cualquier idea de unanimidad entre los comerciantes, pero no es el único. Otro reportaje localizó a Eduardo, gerente de Newcop, en la cercana calle de Tetuán, quien explicaba que su establecimiento había registrado incluso un aumento de entrada de clientes, en parte porque algunos flujos peatonales se habían desplazado hacia calles próximas.

Nada de esto demuestra que la acampada beneficie al comercio, del mismo modo que los establecimientos que denuncian pérdidas no prueban que todos los negocios estén sufriendo descensos similares. Lo que muestran los testimonios disponibles es una realidad desigual, con comercios perjudicados, otros que apenas perciben efectos y algunos que aseguran haber recibido más público. Esa heterogeneidad desaparece por completo cuando se reduce toda la situación a la frase «los comercios, asfixiados».

Ni las organizaciones empresariales aportan ese 60%

Las principales organizaciones empresariales madrileñas sí han denunciado los efectos negativos que, a su juicio, está teniendo la prolongación de la acampada sobre la actividad económica, la movilidad, la limpieza, la seguridad o la imagen turística del centro de Madrid. Esas advertencias son relevantes y forman parte del conflicto, pero tampoco ofrecen, hasta donde se conoce públicamente, una cifra agregada que permita afirmar que el comercio de Sol ha perdido un 60% de su facturación.

Ese matiz es importante porque una cosa es que representantes empresariales denuncien perjuicios y reclamen el restablecimiento de la normalidad, y otra muy distinta que exista una medición económica consolidada que cuantifique el daño en los términos empleados por Ayuso.

La diferencia entre ambas cosas es precisamente la diferencia entre una percepción, un testimonio o una reivindicación empresarial y un dato verificable.

El ejemplo de los 1.000 euros frente a 3.000 tampoco demuestra la causa

ABC intenta reforzar su tesis con el caso de un establecimiento especializado en bocadillos de jamón, cuyos responsables explican que el día anterior habían facturado aproximadamente 1.000 euros frente a los 3.000 que, según ellos, ingresan habitualmente en una jornada normal. Si las dos cifras fueran plenamente comparables, la caída sería muy fuerte, de aproximadamente un 66,7%.

El problema aparece cuando se da por hecho que esa diferencia está causada por la acampada. 

El «ayer» al que se refiere la información corresponde al martes 6 de octubre, una jornada marcada en Madrid por lluvias y tormentas intensas que afectaron directamente al centro de la ciudad. La propia acampada de Sol sufrió una tromba de agua que inundó las zonas de paso entre las tiendas y obligó a los participantes a retirar agua de manera improvisada.

Ese factor no permite concluir que la lluvia fuera la única responsable de la caída de ingresos, pero sí invalida cualquier intento serio de atribuir automáticamente toda la diferencia de facturación a la protesta. Para demostrar una relación causal sería necesario comparar jornadas equivalentes, tener en cuenta la meteorología, estudiar días con y sin manifestaciones, utilizar las mismas fechas del año anterior y contrastar establecimientos sometidos a condiciones semejantes.

Nada de eso aparece en el razonamiento que termina convertido en un porcentaje político.

«Pedro Sánchez convierte Sol en un campamento político»

La segunda parte del mensaje de Ayuso es todavía más categórica: «Pedro Sánchez convierte el corazón de Madrid en un campamento político mientras los madrileños pagan la factura».

La presidenta puede responsabilizar políticamente al Gobierno central de la actuación o la inacción de la Delegación del Gobierno, discutir si debía haberse producido un desalojo o cuestionar las decisiones adoptadas en materia de orden público. Todo eso forma parte de la confrontación política legítima.

Lo que no está demostrado es que Pedro Sánchez haya organizado, dirigido o convertido la protesta en un «campamento político» propio.

Las fuentes disponibles describen una movilización surgida del movimiento por la vivienda y articulada inicialmente alrededor del Sindicato de Inquilinas, que posteriormente ha evolucionado hacia una estructura asamblearia integrada por numerosos colectivos. Lejos de comportarse como una extensión política del Gobierno, varias de esas organizaciones mantienen posiciones muy críticas con el Ejecutivo y consideran insuficientes o directamente fallidas sus políticas de vivienda.

El propio Sindicato de Inquilinas ha lanzado mensajes abiertamente críticos contra el Gobierno de Sánchez, hasta el punto de afirmar que «ocho días de poder popular pueden hacer más que ocho años de Gobierno». Resulta, por tanto, difícil convertir sin más una protesta que cuestiona al Ejecutivo central en una suerte de campamento diseñado o controlado por ese mismo Ejecutivo.

Otra cuestión diferente es que la Delegación del Gobierno haya permitido su continuidad durante determinados días o que exista una disputa institucional sobre cómo debería actuar. Confundir ambas cosas permite construir una acusación política eficaz, pero no una descripción factual precisa.

La Justicia tampoco ha avalado hasta ahora el relato del desalojo inmediato

La Comunidad de Madrid acudió a los tribunales para solicitar el desalojo inmediato de la acampada, pero el Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazó conceder la medida cautelarísima solicitada y decidió escuchar previamente a la Delegación del Gobierno antes de resolver sobre las medidas cautelares ordinarias.

Esto no significa que el tribunal haya declarado definitivamente legal la acampada ni que haya cerrado el litigio a favor de los manifestantes. Significa simplemente que los magistrados no aceptaron ordenar de forma inmediata una actuación con consecuencias potencialmente irreversibles sin oír antes a la otra Administración implicada.

Este matiz resulta especialmente relevante porque el Gobierno madrileño ha utilizado repetidamente la expresión «acampada ilegal», cuando en ese momento no existía todavía una resolución judicial firme sobre el fondo que estableciera esa ilegalidad en los términos políticos empleados por el Ejecutivo regional.

Sí hay daños y sería un error ocultarlos

Una verificación rigurosa tampoco puede caer en el extremo contrario. En Sol se han documentado daños y alteraciones sobre elementos patrimoniales, entre ellos pintadas y actuaciones sobre el entorno del Oso y el Madroño, que llegó a ser protegido mediante vallado. También se han registrado intervenciones sobre elementos de la Real Casa de Correos.

Por tanto, existen hechos concretos que permiten hablar de daños o actos vandálicos en determinados puntos. Negarlos sería tan poco riguroso como utilizar esos episodios para caracterizar toda la protesta o para demostrar automáticamente el resto de las acusaciones económicas y políticas.

La cuestión no es sustituir un relato parcial por otro, sino distinguir qué está demostrado, qué constituye una denuncia y qué forma parte de la interpretación política.

De un titular a un tuit presidencial

El recorrido de la cifra del 60% permite observar cómo una afirmación inicialmente limitada termina adquiriendo apariencia de dato consolidado. Primero, algunos trabajadores y comerciantes calculan pérdidas muy fuertes en sus propios negocios. Después, ABC agrupa esos testimonios bajo un titular que habla de «pérdidas del 60% de la facturación». Finalmente, Ayuso toma ese porcentaje y lo presenta ante la opinión pública como una descripción de la situación de «los comercios» de la Puerta del Sol, vinculándolo además directamente a Pedro Sánchez.

Sin embargo, el primer eslabón de la cadena sigue siendo exactamente el mismo: testimonios particulares que no han sido respaldados por una medición general del comercio de la zona.

Puede haber comercios que hayan perdido un 60%, un 70% o incluso más durante determinadas jornadas. Puede haber establecimientos que hayan adelantado su cierre, problemas de limpieza, dificultades de acceso y daños patrimoniales. Todos esos elementos merecen investigación y cobertura periodística.

Pero también existen negocios que aseguran no haber sufrido prácticamente ningún descenso y establecimientos que incluso hablan de un aumento de clientes. Mientras no haya datos agregados, una muestra representativa y una comparación económica sólida, presentar el 60% como una realidad general de Sol supone ir mucho más allá de lo que permiten demostrar las evidencias disponibles.

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