Cada vez más voces de ERC se suman al proyecto de Frente Amplio de Rufián

El histórico dirigente republicano Joan Tardà avala la idea de la unidad de la izquierda para resistir ante el tsunami ultraderechista

20 de Marzo de 2026
Actualizado a las 10:06h
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Joan Tardà en una imagen de archivo
Joan Tardà en una imagen de archivo

Gabriel Rufián siempre ha advertido de que, si cada partido de izquierdas se refugia en su territorio o en su pequeño espacio geográfico, la derecha y la extrema derecha los arrasarán a todos. El éxito de uno en su terruño no le librará, a la larga, del tsunami ultra, que se los acabará llevando a todos por delante. Por tanto, o hay unidad, o el fracaso de la izquierda está más que garantizado. A unos les llegará antes que a otros, pero el auge neofascista acabará por enterrarlos a todos.

Ese vaticinio de Rufián no vale solo para Bildu en el País Vasco, para el BNG en Galicia o la Chunta Aragonesista, partidos que están sorteando la crisis de forma más que apreciable. Vale también para su propio partido: Esquerra Republicana de Cataluña. En el partido catalán, hasta hace poco, nadie quería oír hablar de un frente amplio que aglutine a toda la izquierda española. Pero paulatinamente, y sobre todo a raíz del fiasco de las elecciones regionales en Castilla y León, esta corriente de opinión puede ir cambiando. El propio Rufián volvió a alertar en un tuit la misma noche electoral, cuando el PP de Mañueco revalidaba el poder, Vox mejoraba en votos y escaños y Sumar y Podemos desaparecían del mapa. “Cero escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia”.

En Esquerra Republicana empieza a abrirse paso una idea que hace apenas un año habría parecido política ficción: distintas voces del partido, tanto en Barcelona como en Madrid, reconocen en privado que la única vía para evitar un colapso electoral de la izquierda española pasa por el proyecto político que Gabriel Rufián ha bautizado como Frente Amplio. Lo que comenzó como una estrategia de cooperación parlamentaria se ha convertido, según estas fuentes, en la única estructura capaz de articular un espacio progresista cada vez más fragmentado y debilitado.

La presentación en Barcelona del libro Una crònica republicana des de Madrid, escrito por el histórico dirigente Joan Tardà, ha servido para escenificar ese giro interno. No es habitual ver a Rufián en actos políticos en la capital catalana, pero su presencia este lunes ha sido interpretada por sectores de Esquerra como un gesto calculado: reforzar la idea de que el partido debe asumir un papel central en la recomposición de la izquierda española. Tardà, que durante años fue su referente político en el Congreso, no solo lo acompañó, sino que volvió a remar a su lado, como tantas veces hicieron en Madrid. La imagen de ambos, juntos de nuevo, ha sido leída dentro del partido como una señal de continuidad estratégica.

Según fuentes republicanas, el diagnóstico es claro: la izquierda española atraviesa un momento crítico. El desgaste del PSOE, la pérdida de cohesión de Sumar y la incapacidad de los distintos actores progresistas para articular un proyecto común han abierto un escenario en el que la derecha y la extrema derecha avanzan con fuerza. Las elecciones de Castilla y León, donde el bloque conservador volvió a crecer, han actuado como un aviso. “Si seguimos así, la catástrofe es inevitable”, admiten voces internas de ERC.

En ese contexto, el Frente Amplio de Rufián aparece como la única propuesta con capacidad de generar un mínimo de cohesión. No se trata de una coalición formal, sino de un marco político flexible que busca coordinar a partidos, plataformas y movimientos sociales situados a la izquierda del PSOE. La idea, inspirada en experiencias latinoamericanas, pretende evitar la dispersión del voto progresista y ofrecer una alternativa reconocible frente al avance conservador.

Rufián lleva meses defendiendo esta estrategia tanto en el Congreso como en sus intervenciones públicas. Su mensaje es simple: la izquierda española no puede permitirse seguir dividida. Y Esquerra, sostiene, tiene la responsabilidad de actuar como puente entre sensibilidades diversas. La presencia de Tardà en el acto de Barcelona ha reforzado esa narrativa. El veterano dirigente, que durante años fue la voz más influyente de ERC en Madrid, ha respaldado explícitamente la necesidad de colaboración entre las fuerzas progresistas. Su apoyo no es menor: dentro del partido, Tardà sigue siendo una figura de enorme autoridad moral.

Las voces internas que apoyan esta estrategia argumentan que el Frente Amplio no solo es útil para la izquierda española, sino también para los intereses de Cataluña. Según esta lectura, sin un bloque progresista fuerte en Madrid, cualquier avance en materia de autogobierno, financiación o reconocimiento nacional sería inviable. La colaboración con otras fuerzas de izquierda no se plantea como una renuncia, sino como una herramienta para proteger la agenda catalana en un contexto político adverso.

Sin embargo, la apuesta no está exenta de tensiones. Algunos sectores de Esquerra temen que el proyecto diluya la identidad del partido y lo aleje de su base independentista. Otros advierten que la estrategia podría generar fricciones con otras fuerzas soberanistas, especialmente en un momento en que el mapa político catalán está en plena reconfiguración. La dirección del partido intenta equilibrar estas posiciones, defendiendo que la acción en Madrid no contradice la hoja de ruta catalana, sino que la complementa.

A pesar de estas reservas, el análisis que se impone en sectores de ERC es que la izquierda española se encuentra en un punto de inflexión. La fragmentación del espacio progresista, unida al desgaste del Gobierno central, ha creado un vacío de liderazgo que Rufián intenta ocupar con un discurso más pragmático y transversal. Su insistencia en la cooperación, más que en la confrontación, ha generado simpatías en ámbitos sindicales, movimientos sociales y organizaciones territoriales que ven en el Frente Amplio una oportunidad para recomponer puentes rotos.

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