Los sondeos le dan la razón a Rufián: solo un frente amplio de izquierdas puede frenar a las derechas

"Basta estar cinco minutos en la calle para verlo", dice el dirigente catalán sobre el clamor de los votantes para organizar un bloque progresista unido

13 de Marzo de 2026
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Rufián con Delgado y Santaolalla en el acto en la sala Galileo
Rufián con Delgado y Santaolalla en el acto en la sala Galileo

Las encuestas recientes muestran un fenómeno llamativo: aunque Esquerra Republicana no es un partido de ámbito estatal, la figura de Rufián trasciende las fronteras catalanas. Su presencia mediática, su estilo comunicativo y su capacidad para sintetizar posiciones complejas en mensajes claros han hecho que, para muchos votantes progresistas, se convierta en un referente político más allá de su partido.

Las encuestas le dan la razón al político soberanista. El 45,9% de los encuestados apoya la propuesta de Rufián sobre la unión de las izquierdas frente al 29,6% que la rechaza. Según un último sondeo, elaborado por GESOP, a través de 700 entrevistas online de intención de voto a mayores de 18 años, la mitad de los consultados ve como algo positivo esta proposición. Entre los votantes de Esquerra Republicana de Catalunya, Sumar y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se supera el 75% de aprobación.

“Expectativa de voto: 200 diputados de PP y VOX. Quien crea que conviene más cuidar los egos de dentro que los votos de fuera se equivoca. Quien crea que no le va a afectar porque su bandera es diferente se equivoca. Y quien crea que le va a ir bien haciendo lo mismo se equivoca. Basta estar 5 minutos en la calle para verlo”, asegura el dirigente catalán.

En el mes de febrero, en los pasillos del Congreso ante los medios de comunicación, Rufián aseguró: “Frente a 22 diputados de la derecha y la extrema derecha, decir que tenemos que hacer algo diferente no es ninguna locura”. En un ecosistema donde la izquierda española sufre fragmentación, tensiones internas y dificultades para articular un relato común, Rufián aparece como un punto de estabilidad discursiva.

Hay varias razones que explican este fenómeno. La primera es su estilo. Rufián ha construido un lenguaje político propio: directo, irónico, a veces provocador, pero siempre reconocible. En un Parlamento donde la comunicación se ha vuelto cada vez más rígida y previsible, su capacidad para romper el guion le ha dado una ventaja simbólica. Para muchos votantes de izquierdas, representa la autenticidad que echan en falta en otros dirigentes.

La segunda razón es su papel en la gobernabilidad. Durante las últimas legislaturas, Rufián ha sido clave en acuerdos, investiduras y negociaciones complejas. Su figura se ha asociado a la idea de “hacer política” en un sentido práctico, lejos del ruido y cerca de los resultados. En un momento en que la izquierda valora la estabilidad y teme el avance de la derecha, esa imagen de negociador fiable resulta especialmente atractiva.

La tercera razón es su capacidad para conectar con debates sociales y culturales que preocupan al electorado progresista: derechos civiles, memoria democrática, desigualdad, feminismo, vivienda. Aunque su partido tiene una agenda nacional propia, Rufián ha sabido situarse en el centro de las discusiones que atraviesan a toda la izquierda española.

El resultado es claro: Rufián se ha convertido en una figura que muchos votantes de izquierdas sienten cercana, útil y políticamente eficaz. En un escenario incierto, su ascenso simbólico revela una demanda profunda: la búsqueda de voces que combinen claridad, firmeza y capacidad de acuerdo.

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