La agenda antisocial que Vox pretende imponer al PP para acabar con el "país de las paguitas"

El partido de Abascal propone severos recortes a las prestaciones sociales, que podrían dejar abandonados a su suerte a millones de personas

15 de Mayo de 2026
Actualizado a las 10:58h
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Feijóo con Abascal en una imagen de archivo. Vox pretende imponer una agenda antisocial
Feijóo con Abascal en una imagen de archivo. Vox pretende imponer una agenda antisocial

España cuenta con un sólido sistema de protección social propio de un Estado de bienestar. A finales de 2025, la Seguridad Social abonaba más de 10,4 millones de pensiones contributivas a más de 9,4 millones de pensionistas. El Ingreso Mínimo Vital (IMV) llega a cerca de 800.000 hogares, beneficiando a más de 2,4 millones de personas, de las cuales más de un millón son menores. En cuanto a las prestaciones no contributivas, más de 3,2 millones de personas se benefician de ayudas que no requieren cotización previa. Y en materia de desempleo, cerca de 800.000 personas cobraban subsidios por desempleo en marzo de 2026. Vox quiere ir reduciendo este complejo escudo social haciendo buena su idea de que España es un país de “paguitas, subvencionados y chiringuitos”. De momento no cuenta con el poder del Gobierno central para ejecutar su agenda antisocial propia de autócratas como Milei en Argentina, pero ya está influyendo en aquellos gobiernos regionales donde comparte coalición con el PP.

En los últimos meses, Vox ha intensificado su discurso en torno a la necesidad de reformar profundamente el sistema de prestaciones sociales en España. La formación liderada por Santiago Abascal sostiene que buena parte de las ayudas actuales fomentan la “dependencia del Estado”, generan “efectos llamada” y suponen un gasto “insostenible” para las arcas públicas. Sin embargo, las propuestas que algunos dirigentes del partido han planteado –y que sectores sociales y políticos interpretan como un intento de suprimir o reducir drásticamente prestaciones básicas– han encendido un intenso debate sobre el futuro del Estado del bienestar y la protección de millones de ciudadanos en situación vulnerable.

Aunque Vox defiende que su objetivo es “ordenar” y “racionalizar” el gasto social, críticos y organizaciones especializadas alertan de que la aplicación literal de algunas de sus ideas podría poner en riesgo la supervivencia económica de amplias capas de la población, especialmente aquellas que dependen de ayudas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV), los subsidios por desempleo o las prestaciones no contributivas.

Desde su entrada en las instituciones, Vox ha mantenido una postura clara: reducir el tamaño del Estado y limitar lo que consideran “gasto improductivo”. En este marco, las prestaciones sociales han sido uno de los principales objetivos de su crítica. El partido argumenta que España destina recursos excesivos a ayudas que, según su visión, no incentivan la búsqueda activa de empleo y generan un sistema “perverso” en el que, afirman, “es más rentable no trabajar que trabajar”.

Esta narrativa se ha intensificado en comunidades autónomas donde Vox participa en gobiernos de coalición o apoya investiduras. En algunas de ellas, el partido ha propuesto revisar o incluso eliminar programas autonómicos de renta mínima, así como endurecer los requisitos para acceder a ayudas de emergencia o prestaciones familiares.

Uno de los puntos más controvertidos es la postura de Vox respecto al Ingreso Mínimo Vital, una prestación estatal destinada a garantizar un nivel mínimo de ingresos a personas en situación de pobreza severa. Desde su aprobación en 2020, el IMV ha sido objeto de debate político, pero Vox ha sido especialmente crítico, llegando a plantear su eliminación o sustitución por un sistema más restrictivo.

Para el partido ultra, el IMV “cronifica la pobreza” y “desincentiva el esfuerzo individual”. Sin embargo, organizaciones como Cáritas, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN) o la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales han señalado que esta prestación es esencial para cientos de miles de hogares que, sin ella, no podrían cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda o suministros. Según datos oficiales, más de 2 millones de personas se benefician del IMV o de rentas mínimas autonómicas complementarias. La supresión o reducción drástica de estas ayudas tendría un impacto directo en su capacidad de subsistencia.

Vox también ha cuestionado el sistema de prestaciones por desempleo, especialmente los subsidios asistenciales que se conceden cuando se agota la prestación contributiva. La formación ha planteado en varias ocasiones que estos subsidios deberían ser temporales, más restrictivos y vinculados a obligaciones más estrictas de búsqueda de empleo.

Los sindicatos y expertos en políticas laborales advierten de que estas medidas podrían dejar sin protección a personas mayores de 52 años, trabajadores de sectores en reconversión o personas con dificultades estructurales para reincorporarse al mercado laboral. En España, más de 800.000 personas dependen de estos subsidios para llegar a fin de mes.

Otra de las áreas sensibles es la de las prestaciones familiares y de dependencia. Vox ha defendido que las ayudas deben priorizar a las familias españolas y ha cuestionado programas que, según su interpretación, “benefician a inmigrantes en situación irregular”. No obstante, la mayoría de estas prestaciones ya exigen residencia legal y cumplen criterios estrictos de acceso.

Las organizaciones de defensa de la infancia alertan de que cualquier recorte en estas ayudas afectaría de forma directa a menores en riesgo de pobreza, un colectivo que en España supera el 30%, una de las tasas más altas de la Unión Europea.

En cuanto a la dependencia, Vox ha propuesto revisar el sistema para “eliminar duplicidades” y “reducir burocracia”, pero algunos analistas temen que estas reformas puedan traducirse en recortes de servicios o en un aumento de la carga para las familias cuidadoras.

Las propuestas de Vox han generado una fuerte reacción en el resto de partidos, que acusan a la formación de querer desmantelar el Estado del bienestar. Desde el PSOE y Sumar se ha advertido de que eliminar o reducir prestaciones básicas supondría “un retroceso histórico” y “un ataque directo a los derechos sociales”. El PP, por su parte, ha mantenido una posición más ambigua: aunque comparte la necesidad de revisar el gasto social, evita alinearse con propuestas que puedan percibirse como excesivamente duras.

En el ámbito social, oenegés, asociaciones de trabajadores sociales y plataformas ciudadanas han expresado su preocupación por el impacto que estas medidas tendrían en colectivos vulnerables. También economistas especializados en políticas públicas recuerdan que las prestaciones sociales no solo cumplen una función de justicia social, sino que actúan como estabilizadores económicos en tiempos de crisis.

El debate de fondo gira en torno a una cuestión clave: ¿las propuestas de Vox buscan reformar el sistema de prestaciones para hacerlo más eficiente, o suponen un desmantelamiento de la red de seguridad que protege a millones de personas? El partido insiste en que su objetivo es “acabar con el abuso” y “priorizar a los españoles”, pero sus críticos sostienen que las medidas planteadas no distinguen entre fraude y necesidad real, y que su aplicación podría agravar la desigualdad y la exclusión social.

Mientras tanto, el futuro de estas prestaciones dependerá en gran medida de la correlación de fuerzas en gobiernos autonómicos y en el Parlamento nacional. Lo que está claro es que el debate sobre el modelo de protección social seguirá siendo uno de los ejes centrales de la política española en los próximos años.

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