11M: vuelve el PP del "Sí a la guerra"

Veintidós años después, España rememora los atentados más sangrientos de su historia sin que el partido de Feijóo haya hecho un ápice de autocrítica sobre su gestión

11 de Marzo de 2026
Actualizado a las 11:25h
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Monumento al 11M en Alcalá de Henares. Veintidós años después, el PP sigue sin hacer autocrítica.  Foto: Emilio J. Rodríguez Posada.
Monumento al 11M en Alcalá de Henares. Veintidós años después, el PP sigue sin hacer autocrítica.  Foto: Emilio J. Rodríguez Posada.

La reaparición del lema “No a la guerra” en la política española, esta vez en el contexto del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha devuelto al primer plano un fantasma que parecía enterrado: el del Partido Popular alineado con aventuras militares de Washington. Veintidós años después del 11M (23 de la invasión de Irak), el debate vuelve a situar al PP en una posición incómoda, atrapado entre su pasado y su presente. Y los hechos recientes muestran que, lejos de haber roto con aquella etapa, el partido vuelve a deslizarse hacia un discurso que recuerda demasiado al de 2003.

La figura de José María Aznar, inevitable en cualquier discusión sobre la guerra, ha regresado con fuerza. En plena escalada en Oriente Medio, el expresidente ha reaparecido para criticar el “No a la guerra” de Pedro Sánchez, mientras era recibido en Albacete al grito de la misma consigna que marcó su declive político. En ese acto, Aznar no solo evitó cualquier autocrítica, sino que reafirmó su postura histórica. En una entrevista reciente, insistió: “No me equivoqué” al apoyar la invasión de Irak.

Ese “no me equivoqué” no es una frase aislada. Es la continuidad explícita de una visión del mundo que justificó la guerra de 2003 con pruebas falsas sobre armas de destrucción masiva, como recuerdan múltiples análisis históricos.  Hoy, Aznar vuelve a intervenir en el debate público para defender una posición dura frente a Irán y para criticar al Gobierno por negarse a ceder bases militares a Estados Unidos. Su think tank, FAES, ha llegado a reclamar que España actúe “como en Irak”, tachando de “vergonzosa” la postura de Sánchez.

Mientras tanto, el PP actual intenta navegar entre ese legado y la necesidad de proyectar moderación. Pero las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo muestran que la distancia con Aznar es menor de lo que aparenta. En un acto reciente, el líder del PP afirmó que “España debe estar sin matices junto a las democracias liberales” en el conflicto con Irán, y añadió una frase que resonó con fuerza: “El mundo es mejor cuando cae un tirano.”

Ese “sin matices” es exactamente lo contrario del “No a la guerra”. Es una apelación a alinearse con Estados Unidos sin condiciones, sin debate parlamentario y sin análisis de consecuencias. Es, en esencia, la misma lógica que llevó a España a la foto de las Azores.

Feijóo ha intentado matizar su posición criticando a Sánchez por usar el lema “No a la guerra”, al que despreció como una simple “consigna”.

“Las consignas no dan de comer a los españoles”  

Pero esa crítica no oculta que su discurso se acerca peligrosamente al apoyo tácito a la ofensiva estadounidense.

La situación se complica aún más con el papel de Isabel Díaz Ayuso. Aunque no ha hecho declaraciones explícitas de apoyo a la guerra, su nombre aparece constantemente en el debate. La líder madrileña ha sido señalada por dirigentes de otros partidos como alineada con posiciones belicistas, situándola en el “lado perdedor de la historia”, según expresó Mónica García.

El PP, por tanto, se encuentra dividido entre quienes quieren evitar repetir el error de 2003 y quienes, como Aznar, reivindican abiertamente aquella decisión. Pero la línea oficial del partido se acerca más a lo segundo que a lo primero. La apelación de Feijóo a estar “sin matices” con las democracias liberales es una forma elegante de decir lo que Aznar decía sin rodeos: que España debe alinearse con Estados Unidos incluso cuando eso implique apoyar una guerra preventiva.

El contexto internacional añade gravedad al asunto. La ofensiva contra Irán no es Irak, como recuerdan los expertos, pero las similitudes políticas son inquietantes. Cada vez que estalla una crisis en Oriente Medio, el fantasma de 2003 reaparece. Y esta vez, el PP parece dispuesto a repetir el patrón.

La pregunta es por qué. ¿Por qué un partido que sufrió un castigo electoral histórico por su apoyo a la guerra vuelve a deslizarse hacia ese terreno? La respuesta tiene varias capas. Por un lado, la presión de Aznar y FAES sigue siendo fuerte. Por otro, el PP intenta diferenciarse de un Gobierno que ha recuperado el “No a la guerra” como bandera política. Y, finalmente, existe una pulsión ideológica dentro del partido que nunca aceptó la crítica social a la guerra de Irak y que hoy ve en Irán una oportunidad para reivindicar aquella postura.

El resultado es un retorno inquietante: el PP vuelve a situarse en el marco del “Sí a la guerra”, aunque lo haga con un lenguaje más sofisticado. Feijóo no habla de armas de destrucción masiva, pero sí de tiranos que deben caer. Ayuso no pide intervenir, pero se alinea con quienes lo sugieren. Y Aznar, desde su tribuna, sigue defendiendo la legitimidad de la invasión de 2003.

Veintidós años después del 11M, el PP parece no haber aprendido la lección. Y el país vuelve a escuchar ecos de un pasado que creía superado.

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