El sindicalismo feminista marca el rumbo para 2026: unidad, derechos y trabajo digno

Ester Chaves Alonso
06 de Marzo de 2026
Actualizado a la 13:18h
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El sindicalismo feminista marca el rumbo para 2026: unidad, derechos y trabajo digno
Esther Chaves, secretaria de Igualdad de UGT Madrid, foto Agustín Millán

El feminismo sindicalista reivindica una agenda de igualdad para 2026 con un objetivo claro: avanzar hacia una sociedad más justa, libre de violencia de género y sin las brechas que todavía persisten entre mujeres y hombres.

A pesar de los avances logrados durante décadas de lucha colectiva y sindical, la desigualdad sigue presente en muchos ámbitos, especialmente en la vida laboral. Las mujeres continuamos siendo las más perjudicadas por la precariedad laboral: no solo sufrimos mayores tasas de desempleo, sino también niveles más elevados de temporalidad y de trabajo a tiempo parcial involuntario, una realidad que afecta de manera especial al empleo femenino. A ello se suma la fuerte concentración de mujeres en determinados sectores, especialmente en el sector servicios, donde se encuentran muchas de las ocupaciones más precarizadas, con peores condiciones laborales, mayor inestabilidad y salarios más bajos.

Las mujeres, además, asumimos mayoritariamente las responsabilidades de cuidados, lo que condiciona nuestra participación en el mercado laboral y limita nuestras oportunidades profesionales, perpetuando así desigualdades económicas y sociales que siguen marcando nuestras trayectorias vitales.

Esta realidad, que se pone de manifiesto cada año con motivo del 8 de marzo, nos recuerda que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real.

Este año, con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, se celebrará un encuentro sindical para reafirmar el compromiso colectivo del sindicalismo feminista con la defensa de los derechos de las mujeres trabajadoras.

Desde sus inicios, el sindicalismo ha desarrollado un discurso reivindicativo sobre la posición de las mujeres en el mundo del trabajo y, por extensión, sobre su papel en la vida social, económica y política. Ya en las primeras etapas del movimiento sindical se defendían reivindicaciones fundamentales como la igualdad salarial entre trabajadores y trabajadoras, la reducción de la jornada laboral a ocho horas o la necesidad de garantizar un salario mínimo digno.

Estas reivindicaciones, que siempre han formado parte de nuestra lucha, se traducen hoy en un sindicalismo feminista, porque no puede ser de otra manera.

Por ello, la igualdad no puede quedar limitada únicamente a los planes de igualdad en las empresas. La igualdad es transversal y debe incorporarse en los convenios colectivos y en las políticas públicas, y estar presente en todos y cada uno de los ámbitos laborales, sociales y políticos.

Somos conscientes de que las batallas se ganan desde lo colectivo y no desde lo individual. Como sindicalistas y feministas sabemos que la unión hace la fuerza y que, más que nunca, es necesario sumar esfuerzos y aunar todas las energías para seguir avanzando.

La división solo favorece a quienes niegan la existencia de desigualdades o pretenden frenar los avances logrados en materia de derechos. Existe el riesgo de perder conquistas que creemos consolidadas, pero que nunca están completamente aseguradas. Las mujeres sabemos bien que nuestros derechos, con demasiada frecuencia, siguen caminando sobre una cuerda floja.

Queremos reivindicar también la necesidad de unidad en la lucha contra las desigualdades. A lo largo de la historia, el movimiento feminista ha sido heterogéneo y plural, integrando una diversidad de corrientes, perspectivas y sensibilidades. Sin embargo, nos encontramos en un momento complejo en el que resulta difícil aunar fuerzas en torno a objetivos fundamentales que, en realidad, compartimos.

El sindicalismo cuenta con una larga tradición de diálogo, negociación y construcción de acuerdos que permiten avanzar en derechos sociales. El diálogo social y la negociación colectiva son herramientas esenciales para resolver conflictos, mejorar las condiciones de trabajo y garantizar avances reales en materia de igualdad. Y las sindicalistas feministas estamos acostumbradas a buscar y alcanzar acuerdos que permitan seguir avanzando.

Es tiempo de unión. Consideramos absolutamente imprescindible fortalecer la unidad y la fuerza colectiva para combatir las múltiples brechas que siguen existiendo en nuestra sociedad: la brecha en el acceso al empleo, la brecha en las ocupaciones, la brecha en las carreras profesionales, la brecha en los cuidados, la brecha salarial y tantas otras desigualdades que todavía condicionan la vida de millones de mujeres.

Queremos contar también con el apoyo y la implicación de los hombres en esta lucha por la igualdad. La igualdad no es una cuestión exclusiva de mujeres; es un objetivo que beneficia al conjunto de la sociedad. Ampliar derechos, avanzar en corresponsabilidad, redistribuir el poder y construir relaciones más justas y equilibradas es una tarea colectiva.

Queremos un sindicalismo feminista porque creemos que es la única forma de avanzar hacia una sociedad verdaderamente democrática, justa e igualitaria.

Hoy, como ayer, seguimos defendiendo que la igualdad es un principio irrenunciable y que solo a través del sindicalismo feminista podremos hacerla plenamente realidad.

¡Viva el 8 de marzo!


¡Viva el Día Internacional de las Mujeres!

Ester Chaves Alonso es secretaria de Igualdad de UGT Madrid

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