La imagen más repetida en muchas residencias de mayores de la Comunidad de Madrid no aparece en folletos comerciales ni en campañas institucionales. Es la de una trabajadora atendiendo simultáneamente a varios residentes, sin margen para detenerse, escuchar o acompañar. Esa realidad cotidiana es la que pone negro sobre blanco el Estudio sobre el personal mínimo necesario en las residencias de mayores, presentado en Madrid por CCOO, UGT y la Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en las Residencias (Pladigmare).
El informe no se limita a denunciar una situación conocida por profesionales y familiares. Va más allá: calcula, con criterios técnicos y científicos, cuántos trabajadores serían realmente necesarios para garantizar cuidados dignos en un sistema marcado por la sobrecarga laboral y el predominio casi absoluto de la gestión privada.

La conclusión es clara: el modelo actual funciona con menos personal del necesario.
Un sistema residencial dominado por la gestión privada
Los datos reflejan con precisión la estructura del sector en la región. En la Comunidad de Madrid, el 93,28% de las residencias están gestionadas por empresas privadas, que concentran 48.462 plazas frente a solo 6.846 plazas públicas.
Desde 2020 se han autorizado 31 nuevas residencias y todas ellas son privadas, lo que consolida un modelo que las organizaciones sindicales consideran estructural. Mientras tanto, el envejecimiento de la población avanza con rapidez: más de 1,26 millones de personas superan los 65 años y alrededor de 264.000 tienen más de 80, el grupo con mayores necesidades asistenciales.
El estudio sitúa así el debate en un punto esencial: no se trata únicamente de gestión o empleo, sino de capacidad real para atender a una población cada vez más dependiente.
“No podemos mezclar jardineros y gerocultores”
La secretaria de Políticas Sociales de UGT Madrid, Laura Muñoz, explicó durante la presentación que el objetivo del trabajo era responder a una cuestión básica: cuántas personas hacen falta para cuidar adecuadamente.
“Aquí no basta con fijar una ratio numérica. Hay que analizar qué profesionales se necesitan y cuánto tiempo requiere cada residente”, señaló.
Uno de los principales problemas detectados es el uso administrativo del concepto de “plantilla equivalente”, que agrupa categorías profesionales muy distintas dentro del mismo cálculo.
“No podemos hablar de jardineros y gerocultores dentro del mismo número, porque las funciones no tienen nada que ver”, advirtió Muñoz.

Salarios bajos y plantillas agotadas
El estudio revela además una realidad laboral profundamente precarizada. El sector está altamente feminizado: el 85% de las trabajadoras son mujeres, muchas de ellas mayores de 45 años y con largas trayectorias profesionales en condiciones exigentes.
Los salarios, según los sindicatos, rondan los 1.000 euros mensuales en jornadas completas, una cifra agravada por la elevada parcialidad contractual y el pluriempleo.
La responsable de Políticas Sociales y Diversidad de CCOO Madrid, Francisca Gómez, calificó la situación de “preocupante” y subrayó que las ratios determinan directamente la calidad del servicio.
“Las ratios definen la carga de trabajo y el tiempo real que un profesional puede dedicar a cada persona”, explicó. “Con este informe queremos aclarar científicamente un concepto que hasta ahora ha sido confuso”.
La falta de personal no es solo un problema laboral. El documento advierte de consecuencias directas sobre la salud de los residentes: úlceras por presión, infecciones urinarias, deshidratación o desnutrición asociadas a la imposibilidad material de prestar cuidados continuados.
Cuánto personal sería necesario
El análisis parte de una metodología basada en tiempos reales de atención y en el grado de dependencia de los residentes, clasificados como colaboradores, no colaboradores o conductuales.
A partir de estos cálculos, el informe concluye que la presencia diaria debería alcanzar 1,32 profesionales por residente, muy por encima de las ratios actuales.
Solo en el caso de gerocultoras o TCAE serían necesarias:
- 37 profesionales por cada 100 residentes en turno de mañana
- 34 en turno de tarde
- 12 en turno nocturno
El objetivo no es únicamente cubrir tareas básicas, sino garantizar un modelo centrado en la persona. Cuidar implica también conversar, observar el estado emocional o detectar cambios físicos a tiempo. Es decir, disponer de algo hoy escaso: tiempo.
“Si falta personal, hay falta de cuidados”
El portavoz de Pladigmare, Miguel Vázquez, fue especialmente directo durante la presentación.
“El problema es que más del 90% de las residencias están en manos privadas. Si no se obliga a aumentar plantillas, la calidad seguirá deteriorándose”, afirmó.
Para Vázquez, muchas empresas operan ajustándose estrictamente a los mínimos legales. “Si esas ratios son suficientes sobre el papel pero no permiten cuidar dignamente, entonces se está engañando a las familias”.
Su conclusión resume el espíritu del informe: “Si falta personal, hay falta de cuidados”.
Un debate social que ya no puede aplazarse
Durante el acto intervino también la portavoz de Más Madrid en la Asamblea regional, Manuela Bergerot, quien señaló que el cuidado de mayores continúa siendo un asunto invisibilizado.
“A veces parece un tema menor, y quizá ocurre porque la mayoría de quienes sostienen este trabajo son mujeres”, afirmó.
El informe, coincidieron los participantes, no solo describe una situación laboral, sino que abre un debate de fondo sobre el modelo de cuidados ante el envejecimiento creciente de la población madrileña.
Porque cuidar bien no depende únicamente de la vocación profesional. Depende, sobre todo, de disponer del personal necesario para hacerlo posible.