Madrid no puede seguir expulsando a su propia gente por no poder pagar el alquiler

La vivienda se ha convertido en una amenaza diaria para miles de familias trabajadoras: UGT Madrid llama a llenar las calles el próximo 24 de mayo para exigir precios justos y alquileres asequibles

21 de Mayo de 2026
Actualizado a las 10:43h
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Miles se movilizan en toda España contra el negocio de la vivienda
Manifestación por la vivienda en Madrid, foto archivo Agustín Millán 

Madrid tiene un problema que ya no cabe en los despachos, ni en los informes, ni en las estadísticas frías. Madrid tiene un problema que se llama vivienda y que atraviesa la vida entera de la gente trabajadora. Afecta a quien paga un alquiler imposible, a quien no puede emanciparse, a quien encadena contratos mientras ve cómo el precio de una habitación se come medio sueldo, a quien tiene hijos e hijas y no sabe si podrá seguir viviendo en su barrio, a quien trabaja en Madrid pero ya no puede permitirse Madrid.

Por eso la nueva manifestación por la vivienda, convocada a finales de mes bajo el lema “La vivienda nos cuesta la vida. Bajemos los precios”, no es una protesta más. Es una llamada urgente de una sociedad que está diciendo basta. Basta de convertir un derecho básico en un privilegio. Basta de normalizar que una persona trabajadora tenga que elegir entre pagar el alquiler, llenar la nevera o cuidar de su familia. Basta de aceptar que Madrid sea una región cada vez más rica en escaparates y cada vez más dura para quienes la levantan cada mañana.

Desde UGT Madrid queremos hablar de la gente. De ti. De tus hijas e hijos. De tus compañeras y compañeros de trabajo. De las personas jóvenes que no pueden irse de casa. De las familias que viven con miedo a una subida del alquiler. De quienes han tenido que marcharse de su barrio, de su municipio o incluso de la región porque su salario ya no alcanza para vivir aquí.

La vivienda no es un problema ajeno al mundo del trabajo. Es hoy uno de los grandes conflictos laborales y sociales de Madrid. Porque no sirve de nada mejorar un convenio si después el alquiler absorbe la subida salarial. No sirve de nada hablar de empleo si las personas que trabajan en sanidad, educación, comercio, hostelería, limpieza, transporte, cuidados o administración pública no pueden vivir cerca de su puesto de trabajo. No sirve de nada presumir de dinamismo económico si ese dinamismo se construye expulsando a quienes sostienen la región.

La vivienda digna, asequible y adecuada no puede seguir tratándose como una mercancía sometida únicamente a la especulación. Es un derecho. Y un derecho no puede depender del código postal, del fondo de inversión que compre tu edificio o del capricho de un mercado descontrolado.

La Unión General de Trabajadoras y Trabajadores ha llevado esta pelea también al terreno jurídico. La reclamación colectiva presentada ante el Comité Europeo de Derechos Sociales denuncia el incumplimiento persistente de las obligaciones derivadas del artículo 31 de la Carta Social Europea Revisada, que reconoce el acceso efectivo a una vivienda digna, asequible y adecuada. No hablamos de una consigna. Hablamos de compromisos internacionales que deben cumplirse.

La realidad madrileña demuestra hasta qué punto este derecho está siendo vulnerado. En demasiados barrios y municipios, el alquiler ha dejado de ser una opción razonable para convertirse en una trampa. Las personas jóvenes no pueden emanciparse. Las familias trabajadoras destinan porcentajes insoportables de sus ingresos a la vivienda. Las personas mayores temen no poder asumir nuevas subidas. Y quienes llegan a Madrid para trabajar descubren que tener empleo ya no garantiza poder vivir con dignidad.

Madrid necesita medidas efectivas, no discursos vacíos. Necesita ampliar de manera decidida el parque público de vivienda. Necesita declarar y regular las zonas tensionadas allí donde los precios han roto cualquier equilibrio social. Necesita limitar los abusos en el alquiler. Necesita frenar la conversión de viviendas residenciales en negocios turísticos allí donde se expulsa a la población vecina. Necesita actuar contra la acumulación especulativa de viviendas por parte de grandes propietarios, fondos de inversión y sociedades que entienden la ciudad como un tablero financiero.

No se puede seguir mirando hacia otro lado mientras miles de hogares viven pendientes de una renovación de contrato. No se puede hablar de libertad cuando una familia no tiene libertad real para quedarse en su barrio. No se puede hablar de futuro cuando la juventud madrileña tiene que retrasar su proyecto de vida porque el mercado inmobiliario la condena a la dependencia o al exilio económico.

UGT Madrid defiende que las administraciones tienen la obligación de intervenir. La vivienda no puede quedar abandonada a la lógica de quien más tiene y más acumula. El Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos deben asumir su responsabilidad. En Madrid, esa responsabilidad es especialmente urgente, porque la presión inmobiliaria está destruyendo cohesión social, rompiendo vínculos comunitarios y convirtiendo derechos básicos en productos de lujo.

Esta crisis no solo afecta a quienes buscan casa. Afecta al conjunto de la economía regional. Si Madrid se vuelve inhabitable para los trabajadores y trabajadoras, también se vuelve inviable para los servicios públicos, para los comercios, para las empresas y para la vida cotidiana. ¿Quién cuidará, enseñará, transportará, limpiará, atenderá, curará o servirá si quienes hacen esos trabajos no pueden pagar una vivienda? ¿Qué modelo de región se construye cuando vivir cerca del empleo se convierte en un privilegio?

Por eso esta movilización importa. Porque la vivienda nos cuesta la vida en tiempo, en salud mental, en miedo, en renuncias y en futuro. Nos cuesta la vida cuando obliga a elegir entre formar una familia o pagar una habitación. Nos cuesta la vida cuando convierte cada renovación del alquiler en una amenaza. Nos cuesta la vida cuando expulsa a la gente trabajadora de los barrios que ha construido.

UGT Madrid estará en la calle porque esta batalla es sindical, social y democrática. Porque defender salarios dignos también significa defender alquileres asequibles. Porque proteger a las familias trabajadoras también significa garantizar que nadie sea expulsado de su casa por la especulación. Porque Madrid no puede ser una región que presume de crecimiento mientras condena a su gente a vivir con angustia.

La vivienda debe dejar de ser un negocio sin límites para volver a ser lo que nunca debió dejar de ser: un derecho para vivir con dignidad.

A finales de mes, Madrid tiene que volver a hablar alto y claro. Bajemos los precios. Defendamos nuestros barrios. Protejamos a nuestras familias. Pongamos la vida por delante del negocio.

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