El PP votará en contra de la revalorización de las pensiones

La negativa del PP desplaza el centro de gravedad parlamentario hacia Junts, una vez más convertido en árbitro involuntario del Estado del bienestar

26 de Enero de 2026
Actualizado el 02 de febrero
Guardar
Feijóo pp pensiones

La revalorización de las pensiones en 2026 se ha convertido de nuevo en un test de estrés para la gobernabilidad española. El anuncio del Partido Popular de votar en contra del decreto ómnibus que incluye la actualización conforme al IPC no es un gesto técnico ni una discrepancia menor. Es una decisión política calculada que expone una fragilidad estructural del sistema legislativo cuando derechos sociales básicos se integran en paquetes normativos diseñados para sobrevivir aritméticamente en el Parlamento.

El portavoz económico del PP, Juan Bravo, ha confirmado el no tras horas de mensajes inequívocos de Alberto Núñez Feijóo. El argumento es conocido y deliberadamente estrecho. El PP apela al Pacto de Toledo y exige un decreto limpio exclusivamente dedicado a las pensiones. El Gobierno responde con un escudo social que mezcla la subida del 2,7 por ciento con otras medidas de protección social. El resultado es una colisión previsible en la que los pensionistas quedan atrapados entre la táctica y el procedimiento.

Aritmética del veto, el poder de Junts

La negativa del PP desplaza el centro de gravedad parlamentario hacia Junts, una vez más convertido en árbitro involuntario del Estado del bienestar. El grupo catalán no aclara su voto, pero registra una iniciativa propia que replica la subida del 2,7 por ciento de las pensiones con efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2026. El mensaje es nítido. Coincidencia en el fondo, rechazo a la forma.

Junts acusa al Gobierno de chantaje político, una palabra que resuena con fuerza en el debate. El PSOE es señalado por condicionar la revalorización a medidas ajenas como la prórroga de los límites a los desahucios o la protección frente a cortes de suministros. Para el Ejecutivo, ese paquete constituye un marco coherente de protección social. Para sus críticos, es un instrumento de presión legislativa que convierte un derecho consolidado en moneda de cambio.

Decreto ómnibus

La disputa revela algo más profundo que una pelea coyuntural. El uso sistemático del decreto ómnibus es un síntoma de un sistema político que gobierna a base de agregación defensiva. Cuando no hay mayorías estables, se legisla acumulando medidas heterogéneas para maximizar apoyos. El problema es que esa lógica debilita la legitimidad de cada medida individual, incluso de aquellas que cuentan con amplio consenso social como la actualización de las pensiones conforme al IPC.

El precedente de 2025 pesa. Entonces el PP tumbó un decreto similar y terminó rectificando tras el coste político. Hoy, con elecciones autonómicas en el horizonte y un discurso endurecido, los populares optan por repetir la jugada, confiando en que la responsabilidad última recaiga sobre Junts o sobre una nueva maniobra del Gobierno.

La técnica frente al relato

El Gobierno recuerda que la revalorización automática de las pensiones está blindada por la ley de 2021 y que las subidas ya se han reflejado en las nóminas de enero. Pero esa seguridad es solo provisional. Sin convalidación parlamentaria, las cuantías podrían volver al nivel de 2025 en el próximo pago. El derecho existe, pero su ejecución depende de una votación incierta.

El PP insiste en que su negativa no es contra los pensionistas, sino contra el método. Junts sostiene lo mismo. Ambos partidos se presentan como defensores de la subida mientras bloquean el instrumento que la garantiza. El Gobierno, por su parte, se parapeta en el escudo social y traslada la presión a la oposición. Nadie renuncia al relato. Todos asumen el riesgo.

El consenso se fragmenta

España construyó durante décadas un consenso amplio en torno al sistema público de pensiones. Ese consenso se articuló en el Pacto de Toledo y se tradujo en reglas claras como la vinculación al IPC. El episodio actual muestra cómo ese acuerdo se erosiona no por desacuerdo ideológico, sino por estrategias de bloqueo y cálculo parlamentario.

El problema no es solo que el decreto pueda decaer. Es que se normaliza la idea de que la seguridad económica de millones de pensionistas depende de equilibrios tácticos entre partidos que comparten el diagnóstico pero no el procedimiento. La política sustituye a la política pública.

Lo + leído