El PP ganaría en Aragón pero necesitaría a un Vox disparado, según el CIS

El PSOE no remonta y volvería a quedar fuera de toda posibilidad de gobernar, una vez más, salvo que llegara a acuerdos con el PP para evitar que la extrema derecha gobierne

22 de Enero de 2026
Actualizado a las 14:17h
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PP Azcon Aragón
Jorge Azcón en una imagen de archivo | Foto: PP

La política aragonesa se encamina hacia la repetición de un patrón ya conocido en la España posterior a la fragmentación del sistema de partidos: el Partido Popular ganaría sin poder gobernar en solitario. Según el sondeo preelectoral del CIS para las elecciones del 8 de febrero, los populares volverían a necesitar a Vox para alcanzar la mayoría absoluta en las Cortes de Aragón, fijada en 34 escaños.

El dato clave no está solo en la horquilla del PP (entre 25 y 29 diputados, frente a los 28 actuales), sino en lo que esa cifra no permite: romper la dependencia de la extrema derecha. Incluso en el mejor de los escenarios, la suma con Aragón–Teruel Existe no alcanzaría la mayoría.

El fin de los socios moderadores

Durante décadas, la gobernabilidad en Aragón descansó sobre partidos bisagra de perfil territorial y pragmático. El PAR, hoy condenado a la irrelevancia según el CIS, cumplió ese papel. Su desaparición no es solo un dato electoral: es un cambio estructural del sistema político aragonés.

Sin esa válvula de escape, el PP se enfrenta a una disyuntiva clásica pero cada vez más costosa: pactar con Vox o asumir la parálisis. La encuesta deja poco margen para la ambigüedad estratégica. La coalición Aragón–Teruel Existe, a la que se conceden uno o dos escaños, no basta para alcanzar la mayoría ni siquiera sumando el máximo resultado popular.

La política de bloques se impone con crudeza matemática.

Vox se dispara

Si hay un ganador claro del escenario dibujado por el CIS, ese es Vox. El partido de Santiago Abascal podría pasar de 7 a entre 10 y 13 escaños, convirtiéndose en un actor decisivo no solo para la investidura, sino para la agenda de gobierno.

No se trata únicamente de números. A mayor representación, mayor capacidad de imponer condiciones programáticas, marcar líneas rojas y disputar el liderazgo simbólico del espacio conservador. El PP aragonés puede ganar las elecciones, pero no controlar plenamente el gobierno.

La dependencia deja de ser táctica y pasa a ser estructural.

El PSOE no remonta

En el otro lado del tablero, el PSOE aparece como un partido que aguanta, pero no despega. La horquilla de entre 17 y 23 escaños reproduce prácticamente su situación actual. Es un resultado suficiente para evitar el colapso, pero insuficiente para liderar una alternativa clara de gobierno.

La izquierda, sin embargo, muestra signos de fragmentación funcional. Chunta Aragonesista podría crecer hasta cinco diputados, e Izquierda Unida incluso triplicar su representación. Podemos, en cambio, aparece al borde de la desaparición parlamentaria, confirmando su pérdida de centralidad en el espacio progresista.

El bloque de izquierdas suma diversidad, pero no necesariamente cohesión.

Gobernar ganando menos

El escenario que dibuja el CIS encierra una paradoja central: el PP puede ganar y, sin embargo, gobernar con menos margen que nunca. La ausencia de socios moderados y el fortalecimiento de Vox estrechan el espacio de maniobra del partido conservador, tanto en lo político como en lo discursivo.

Cada votación relevante, cada presupuesto, cada ley identitaria se convierte en una negociación de alto coste, donde el socio minoritario puede comportarse como fuerza dominante. La gobernabilidad se vuelve más frágil y más ideológica.

Lo que ocurre en Aragón no es una excepción, sino un anticipo de dinámicas nacionales. La desaparición de los partidos bisagra, la polarización en bloques y la normalización de la dependencia de la extrema derecha son tendencias que atraviesan el conjunto del sistema político español.

El CIS no solo proyecta escaños: dibuja un modelo de poder donde ganar elecciones ya no equivale a gobernar con autonomía. En Aragón, como en otros territorios, la pregunta ya no es quién gana, sino a qué precio. Y ese precio, para el PP, sigue llamándose Vox.

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