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Lo que está en juego

14 de Octubre de 2026
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Elecciones

Las inminentes elecciones generales tienen un componente ideológico más acentuado que las precedentes, porque llegamos a ellas con una polarización alarmante, buscada y fomentada a lo largo de toda la legislatura, por una derecha y extrema derecha que nunca ha terminado de reconocer la legitimidad del Gobierno progresista encabezado por Pedro Sánchez. Deslegitimar, desde el minuto uno, su capacidad para gobernar ha generado una deriva de irracionalidad en la crítica, con acusaciones falsas y sin pruebas, hasta el punto de poner en duda las instituciones en las que se asienta el sistema democrático. Estrategia cuyo principio axial es la creencia de que el poder es de la derecha y que, si no lo tiene, es porque se lo han robado, de donde coligen que todo vale para recuperarlo, aunque suponga la degradación de la democracia; en línea con el principio franquista de que no importa destruir España, porque ya la reconstruiremos a nuestra manera.

Ésta es la base del todo vale para echar a perro Sánchez, al sanchismo, de la Moncloa, que incluye los insultos cada vez más zafios y vejatorios: usted ha vivido de la prostitución le espeto Feijoo en un debate parlamentario, o la intromisión en la vida privada del Presidente, con la inestimable ayuda de jueces que juegan a la política, su brazo judicial, para sentar en el banquillo a su hermano y su mujer con resortes de medios afines. Estrategia que ha servido al PP, para ocultar su proyecto político que ahora empieza a aflorar tras la convocatoria anticipada de las elecciones.

Comicios en los que los españoles y españolas deberán decidir entre el progreso y el futuro o el retroceso y la vuelta a un pasado idealizado como la derecha se viene esforzando en propalar, frente a una realidad que califican de apocalíptica—siempre sin datos ni pruebas—con el objetivo de expandir el miedo a un futuro negro, del que solo nos salvará la vuelta a la certidumbre que ofrece un sistema de ordeno y mando: un régimen autoritario.

Desmontar lo que la derecha llama el sanchismo, es el primer objetivo marcado por Feijoo que concretó en la frase, vamos a reconstruir nuestras instituciones para que nadie vuelva a pensar que el poder está por encima de las normas, en la presentación de su campaña electoral con el lema Por fin. Frase que resume a las claras el ansia por recuperar el poder que interesadamente olvida, como siempre, que ha sido el PP el que a lo largo de la legislatura ha degradado las instituciones, torpedeado, durante cinco años la renovación del CGPJ, para retener la mayoría conservadora vulnerando el mandato constitucional. Igual que ahora bloquea la renovación del Tribunal Constitucional. O como, en estas semanas degrada el sistema electoral, al poner en duda la limpieza del voto por correo que lanza el mensaje, implícito, de que hay un intento de pucherazo por parte del Gobierno, en previsión de que, si no gobierna es porque, otra vez, le han robado las elecciones. Igual que hizo Trump cuando perdió frente a Joe Biden.

Ésta idea de que el Ejecutivo ha ocupado las instituciones públicas oculta, con intención aviesa, que todos los gobiernos democráticos habidos en España, renuevan los cargos públicos cuando llegan al poder, conforme a la lógica democrática: ningún gobierno quiere tener al enemigo en casa. El mensaje de que su Gobierno será transparente, es otro brindis al sol a juzgar por la trayectoria del PP, el único partido condenado por corrupción por el caso Gürtel, según la sentencia de la Audiencia Nacional por enriquecimiento ilícito en perjuicio de los intereses del Estado que produjeron beneficios económicos cuantificables al PP. O como rompió a martillazos los discos duros de sus ordenadores, para ocultar los sobresueldos que cobraban de la caja B sus altos cargos, incluido un tal M. Rajoy, en el famoso caso Kitchen.

En materia económica la propuesta es la de siempre, una rebaja fiscal que beneficiará a los que más tienen y detraerá recursos para financiar la sanidad, la educación y los servicios sociales públicos como vienen haciendo, sistemáticamente, en las comunidades donde gobiernan con la extrema derecha. Completa el panorama medidas, la prioridad nacional, que ha comparado a Vox, que significa acabar con el crecimiento económico que aporta la inmigración: solo hay que ver la cifras. Diversidad que la derecha aborrece como demuestra el recorte de financiación de proyectos culturales que huelen a rojerío, mientras financian sin tiento las fiestas taurinas que expresan el ser español y refuerzan nuestra identidad española.

Esta es la reconstrucción nacional que propone Feijoo, que plantea los próximos comicios en una pugna entre dos modelos de sociedad. El de una vuelta a los valores de siempre de la derecha, de recortes sociales en derechos y libertades para beneficiar la expansión del capitalismo salvaje y el españolismo rancio. O el modelo que defiende y expande los derechos ciudadanos, prima la defensa del estado del bienestar, y la diversidad social y cultural que no ve al otro, al que viene de fuera, como un usurpador. Lector elector, todo está en tus manos.

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