Borja Sémper ha confirmado lo que está en la mente de cualquier observador atento de la realidad, que el recurso al insulto, la mofa, la befa es una estrategia deliberada utilizada por el PP en la legislatura para derribar a Pedro Sánchez: <<los insultos al presidente del Gobierno cesarán cuando el partido popular llegue al poder>>. Y lo dijo con la misma desfachatez con la que actúa este niño bonito cuando abre la boca, aunque esta vez quizá se ha pasado de listo porque, de manera implícita, ha puesto al descubierto que es el PP de Feijoo, el responsable de convertir la política en un lodazal irrespirable con el objetivo de conseguir el poder como sea; de dónde se colige que no todos los partidos son iguales ni tienen la misma responsabilidad del cenagal político asfixiante en el que estamos inmersos
Confirmación que viene de quién pasa por ser el más moderado de los portavoces que forman la guardia pretoriana de Feijoo. Trampantojo porque Sémper, como todo buen comunicador, conoce bien sus gestos, sus tonos e inflexiones de voz, sus movimientos y la cadencia con la que debe hablar en cada momento; para lanzar los mensajes más conservadores y derechistas sin despeinarse, lo que le convierte en paradigma de la impostura. De las invectivas insultantes y faltonas se ocupa Miguel Tellado con sus metáforas y analogías de primero de básica que solo le hacen gracia a él. Y para el brochazo gordo están Ester Muñoz, Cuca Gamarra y Elías Bendodo, los más significados dentro de una amplia cantera de acólitos, que cada vez que abren la boca demuestran su desconocimiento de la materia de la que hablan, por lo que recurren a silogismos agresivos e infantiles que les convierte en malos imitadores de la reina de las butades: IDA.
Vuelvo al meollo, porque una vez confirmada la estrategia del insulto permanente hay que reseñar la complicidad del PP, con todos los actos de burla y acoso contra personajes públicos y actores culturales que huelan a rojos, protagonizados por sus secuaces de Nuevas Generaciones, expertos en elaborar vídeos insultantes y acosadores. O cuando calla ante afirmaciones vejatorias contra las mujeres que claman por sus derechos o denuncian agresiones físicas contra las que arremete, siempre con deje chulesco, el vicesecretario educación e igualdad Jaime de los Santos, llamándolas prostitutas. O su silencio cómplice ante los actos violentos protagonizados por militantes exaltados de su partido, de Vox y grupos fascistas, cuando agreden a ciudadanos de movimientos progresistas, LGTBI u ONG, o ante los ataques a más de doscientas sedes del PSOE.
Estrategia que cuenta con cómplices mediáticos que elaboran y difunden mentiras, bulos y libelos hiperbólicos contra el Gobierno, que echan agua al barro político para confundir a la ciudadanía a la hora discernir lo que es verdad y mentira. Medios que viven gracias a las ayudas de dinero público que reciben, de manera opaca las más de las veces, de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas gobernadas por el PP. Estrategia de la que participan personajes disruptivos que vuelan por su cuenta con el objetivo de derruir el sistema democrático. El caso más significativo es el abyecto Vito Quiles, al que Feijoo ha amparado dándole la mano en diversos actos públicos del PP, a los que asiste como invitado.
Y queda el capo di tutti i capi, Feijoo, el hombre que vino de Galicia con la vitola de moderado y con el mensaje de devolver la pugna política a los cauces del respeto y el diálogo: <<no vengo a insultar a Pedro Sánchez, sino a ganarle>>. Tras cuatro años al frente del PP sus buenos propósitos han quedado en la gatera, por no poder gobernar tras las elecciones del año 2023, porque una alianza progresista sumó más escaños con los que Pedro Sánchez viene gobernando, lo que le produjo una profunda frustración personal que expreso con la frase de rabieta de niño pequeño de <<no soy presidente porque no quiero>>. Idea que forjó el desiderátum de hacer lo sea por llegar a la Moncloa, comenzando por poner en duda la legitimidad de este Gobierno que abrió la espita para hacer lo que haga falta para gobernar, incluso poniendo en duda el papel de las instituciones en la que se asienta el sistema democrático. Aznar marcó el camino: <<el que pueda hacer que haga>>.
Frustración que ha ido creciendo a lo largo de la legislatura desvelando su catadura moral, sus lagunas culturales, sus errores discursivos, y su desconocimiento del funcionamiento de los órganos que componen el Estado y de las Leyes en las que se asienta el sistema democrático. Lagunas que, de manera razonable, le incapacitan para la alta magistratura del Estado a la que aspira, sin atisbar como conseguirlo lo que le tortura y le lleva al camino del insulto y la vejación del oponente: violencia verbal que refleja su impotencia y falta de proyecto sustantivo que ofrecer a la ciudadanía española.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.