Pepe Álvarez y Unai Sordo reivindican el sindicalismo frente al ruido electoral

Los secretarios generales de UGT y CCOO defienden la huelga general del 11 de noviembre como una respuesta al deterioro de las condiciones de vida de millones de trabajadores

22 de Octubre de 2026
Actualizado a las 11:19h
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Pepe Álvarez y Unai Sordo, secretarios generales de UGT y de CCOO en los Desayunos de RTVE y la Agencia EFE
Pepe Álvarez y Unai Sordo, secretarios generales de UGT y de CCOO en los Desayunos de RTVE y la Agencia EFE

En una España donde los indicadores macroeconómicos muestran una evolución favorable, pero millones de trabajadores siguen teniendo dificultades para llegar a fin de mes, Pepe Álvarez y Unai Sordo han situado el debate donde probablemente debería haber estado desde hace mucho tiempo: en las condiciones reales de vida de la ciudadanía. Los secretarios generales de UGT y CCOO aprovecharon su participación en los Desayunos de RTVE y la Agencia EFE para explicar las razones de la huelga general del próximo 11 de noviembre, defender los avances sociales conquistados durante los últimos años y advertir de que el crecimiento económico pierde buena parte de su significado cuando no se traduce en bienestar para quienes lo hacen posible.

Lejos de presentar la convocatoria como un enfrentamiento partidista, ambos dirigentes insistieron en que la movilización responde a un malestar social acumulado, alimentado por la imposibilidad de acceder a una vivienda, la pérdida de poder adquisitivo y la insuficiencia de unos salarios que, pese a sus incrementos nominales, no consiguen compensar el encarecimiento de las necesidades básicas. Su intervención dejó también un mensaje político de fondo: los derechos laborales y sociales no están garantizados para siempre y su mantenimiento exige organizaciones sindicales fuertes, negociación colectiva y una ciudadanía dispuesta a defenderlos.

La vivienda se ha convertido en el gran problema de la clase trabajadora

Pepe Álvarez fue especialmente contundente al explicar por qué los sindicatos han decidido impulsar una huelga general que coincide con el inicio de la campaña electoral. El secretario general de UGT recordó que las organizaciones sindicales llevan mucho tiempo denunciando la insuficiencia de los salarios y el bloqueo de la negociación colectiva por parte de la CEOE, pero señaló que existe un factor que está desbaratando cualquier mejora económica conseguida por los trabajadores: el precio de la vivienda.

«Los salarios no llegan y la gente nos lo dice cada día», afirmó Álvarez, antes de explicar que la vivienda se ha convertido en el elemento que impide a numerosas familias beneficiarse de las mejoras salariales. Su planteamiento resulta especialmente relevante porque desplaza el debate desde las cifras generales de crecimiento hacia las consecuencias concretas que tiene el coste de la vida sobre las economías domésticas.

Unai Sordo profundizó en esta cuestión al advertir de que el problema residencial está transformando las relaciones sociales y laborales, hasta el punto de impedir que trabajadores puedan aceptar empleos en determinadas ciudades o territorios porque sus salarios no les permiten pagar un alojamiento. Para el secretario general de CCOO, España necesita afrontar durante la próxima década la construcción de un gran parque de vivienda a precio protegido, una responsabilidad que afecta al Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

Ambos rechazaron las interpretaciones que pretenden convertir la convocatoria en una huelga contra la oposición, recordando que sus reivindicaciones también se dirigen al Ejecutivo, a las administraciones autonómicas y a las organizaciones empresariales. En este sentido, Álvarez resumió el origen de la movilización con una expresión particularmente significativa: «A nosotros nos arrastra la sociedad», una afirmación con la que quiso destacar que los sindicatos están respondiendo a una situación de hartazgo que ya se manifiesta en las calles.

Defender las pensiones frente al alarmismo

Uno de los momentos más relevantes del encuentro llegó cuando los periodistas preguntaron por las declaraciones de dirigentes del PP y Vox que cuestionan la viabilidad del sistema público de pensiones. Pepe Álvarez consideró una falta de respeto hacia los agentes sociales que negociaron las reformas presentar el sistema como si estuviera condenado al colapso, y recordó que los acuerdos incorporan mecanismos de seguimiento y revisión para afrontar las necesidades de financiación derivadas del envejecimiento de la población.

Unai Sordo completó el argumento señalando que la sostenibilidad de las pensiones es también una cuestión de decisiones presupuestarias y prioridades políticas. El secretario general de CCOO defendió que España puede asumir un incremento del gasto destinado a pensiones durante las próximas décadas, siempre que exista voluntad de mantener un sistema público de reparto que garantice ingresos suficientes a quienes finalizan su vida laboral.

Detrás de esta discusión aparece una diferencia esencial entre dos modelos de protección social. Uno considera las pensiones públicas un derecho colectivo que debe sostenerse mediante mecanismos de solidaridad intergeneracional; el otro plantea otorgar mayor protagonismo a los sistemas privados de capitalización. Los sindicatos advierten de que una reducción de la protección pública trasladaría parte de los riesgos de la jubilación a los ciudadanos y penalizaría especialmente a quienes carecen de capacidad económica para ahorrar.

No es una discusión menor ni debería despacharse mediante declaraciones alarmistas. Álvarez y Sordo reivindicaron que estas cuestiones se debatan abiertamente durante la campaña electoral para que los ciudadanos conozcan las consecuencias de las propuestas que defienden los distintos partidos.

Los avances laborales no llegaron por casualidad

Los dos dirigentes recordaron que la reforma laboral, la reducción de la temporalidad y las sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional han contribuido a mejorar las condiciones de millones de trabajadores. También subrayaron que esos avances no fueron concesiones gratuitas de los gobiernos, sino el resultado de negociaciones difíciles, acuerdos y una presión sindical mantenida durante años.

Álvarez puso especial énfasis en la importancia del contrato fijo discontinuo para trabajadores de actividades estacionales que anteriormente encadenaban contratos temporales sin estabilidad. El secretario general de UGT explicó que disponer de una relación laboral indefinida, aunque la actividad se concentre en determinados meses del año, ha permitido a muchas personas planificar su vida con mayor seguridad.

Sordo, por su parte, advirtió de que España todavía mantiene problemas estructurales de precariedad, salarios bajos, parcialidad involuntaria y horas extraordinarias que no se pagan ni cotizan. Esta realidad demuestra que la mejora de los indicadores laborales no elimina la necesidad de seguir negociando reformas y de reforzar la capacidad de organización de los trabajadores.

Ambos fueron también críticos con la CEOE, a la que reprocharon su resistencia a negociar un nuevo acuerdo salarial estatal, y con el Gobierno por no haber desarrollado algunas medidas pendientes, especialmente las relacionadas con el registro horario y la absorción de complementos salariales. Esa capacidad para señalar responsabilidades en diferentes direcciones refuerza una idea fundamental de su intervención: el sindicalismo no puede limitarse a respaldar o censurar gobiernos, sino que debe mantener su autonomía para defender los intereses de la clase trabajadora.

La advertencia sobre Milei y la extrema derecha

La reciente visita de Javier Milei a Madrid introdujo otra cuestión de especial trascendencia. Unai Sordo expresó una preocupación profunda por el avance internacional de las nuevas extremas derechas, a las que atribuyó el riesgo de debilitar los consensos democráticos y sociales construidos en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Pepe Álvarez fue más allá de los insultos y provocaciones del presidente argentino para plantear una reflexión sobre el futuro del empleo y el reparto de la riqueza. En su opinión, el desarrollo de la inteligencia artificial y las grandes transformaciones tecnológicas obligan a decidir si los incrementos de productividad beneficiarán únicamente a los grandes propietarios del capital o se traducirán también en mejoras salariales, servicios públicos y protección social.

Es una advertencia que conecta directamente con los debates sobre las pensiones, la sanidad y la educación públicas. Si las nuevas tecnologías transforman profundamente el empleo y la distribución de los ingresos, las decisiones políticas sobre quién recibe sus beneficios tendrán consecuencias determinantes para la financiación del Estado del bienestar.

Los sindicatos consideran que las propuestas de la derecha y la extrema derecha deben examinarse precisamente desde esa perspectiva, atendiendo a sus posibles efectos sobre las condiciones de trabajo, la negociación colectiva y los sistemas públicos de protección.

Una huelga para cambiar el debate público

El 11 de noviembre será una prueba importante para la capacidad de movilización del sindicalismo español, pero Álvarez y Sordo insistieron en que su trascendencia no puede medirse únicamente por el número de trabajadores que secunden los paros durante las primeras horas de la jornada. Ambos aspiran a que las manifestaciones tengan una participación masiva y permitan situar la vivienda, los salarios y la protección social en el centro de las decisiones políticas de los próximos años.

También defendieron que las organizaciones sindicales deben escuchar y acompañar nuevas formas de movilización social, especialmente las protagonizadas por generaciones jóvenes que contemplan cómo disponer de un empleo ya no garantiza necesariamente independencia económica ni acceso a una vivienda.

La principal aportación de Pepe Álvarez y Unai Sordo en este encuentro fue recordar que el sindicalismo sigue teniendo una función imprescindible en una sociedad que cambia aceleradamente. No se limitaron a defender los logros del pasado, sino que plantearon nuevos desafíos relacionados con la vivienda, la distribución de la riqueza, la inteligencia artificial y el futuro de los servicios públicos.

Su discurso combinó la defensa de los avances conseguidos con el reconocimiento de los problemas que todavía persisten, sin ocultar las discrepancias con el Gobierno ni la confrontación con una patronal a la que reclaman mayor responsabilidad.

En un momento de incertidumbre política y social, ambos dirigentes reivindicaron que los trabajadores no deben resignarse a elegir entre tener empleo y poder vivir dignamente. Ese es el verdadero sentido de la huelga del 11 de noviembre y también el desafío de un sindicalismo que aspira a seguir siendo una herramienta de transformación social.

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