La Guardia Civil investiga ya las causas del accidente de Adamuz que se ha cobrado la vida de decenas de personas. Además, la comisión de accidentes ferroviarios se ha puesto a trabajar sobre el terreno. Aunque es pronto para especular sobre qué originó la tragedia, hay algunos datos importantes que conviene tener en cuenta. La secuencia del siniestro fue la siguiente: un tren de la compañía Iryo, que había salido de Málaga a las 18.40 horas de la tarde del domingo con destino a la estación Puerta de Atocha de Madrid con 317 personas a bordo descarriló sus tres últimos vagones a las 19.39 horas e invadió la vía contigua, por la que en ese mismo momento circulaba otro convoy de Renfe con destino a Huelva, que también descarriló. Los vagones del Iryo impactaron contra los dos primeros vagones del Alvia de Renfe, que salieron despedidos y cayeron por un terraplén de unos cuatro metros. El resultado fue una colisión frontal lateral a gran velocidad, en un tramo donde los trenes circulan a casi 200 kilómetros por hora.
A falta de aclarar las circunstancias, ya se sabe que no se ha tratado de un problema de exceso de velocidad. El tramo en recta permitía velocidades mayores, así que ambos convoyes se encontraban en un rango correcto y dentro de la señalización. Además, el tendido férreo y carriles estaban en óptimas condiciones, ya que había sido cambiado recientemente. De modo que parece descartarse también el defecto o deterioro en la infraestructura. Quedan abiertas por tanto varias posibilidades, como el fallo humano, un obstáculo en la vía y el sabotaje, entre otras causas. También un fallo en un cambio de agujas: un error mecánico o electrónico en un desvío podría haber alterado la trayectoria del último coche, generando una inestabilidad fatal. Expertos ferroviarios mencionan esta posibilidad entre las más plausibles.
Un defecto en la rueda, el eje o el sistema de suspensión del vagón podría haber provocado vibraciones anómalas y, finalmente, el descarrilamiento. Esta hipótesis también aparece entre las barajadas por los técnicos.
En cuanto al fallo humano, no hay indicios de maniobras indebidas o interrupciones en la comunicación entre maquinistas y control. La CIAF (Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios de España) deberá determinar el punto exacto del descarrilamiento, el estado de la vía y del material rodante, los registros electrónicos de ambos trenes, y las comunicaciones previas al accidente.
Los sistemas de seguridad ferroviaria en alta velocidad reducen enormemente la probabilidad de errores humanos graves, y ninguna fuente oficial ha apuntado en esa dirección. Los informes definitivos suelen tardar varios meses, y solo entonces se podrá establecer una causa concluyente.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha asegurado que el accidente de ferrocarril de Adamuz (Córdoba) es “raro y difícil de explicar”. El tren de Iryo que se salió de la vía es relativamente nuevo, de unos cuatro años, ha explicado el ministro, que ha añadido que la infraestructura en esa línea Madrid-Sevilla se ha renovado recientemente, ya que concluyeron los trabajos en mayo pasado, con una inversión de 700 millones de euros. Además, Puente (que se trasladará este lunes al lugar del siniestro) ha asegurado que se trata de una zona recta.
Por eso, los expertos en materia ferroviaria con los que el ministro ha estado en contacto a lo largo de la tarde-noche le indican que es difícil de explicar este siniestro, que será investigado por la comisión independiente que se encarga de estudiar este tipo de accidentes de tren. El titular de Transportes ha detallado que el descarrilamiento de los últimos vagones del tren Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid ha ocurrido “con la mala fortuna” de que circulaba en dirección contraria en una vía paralela un Alvia, entre Madrid y Huelva, en cuya cabecera han impactado los coches de Iryo descarrilados.
La peor parte del choque se la han llevado los dos primeros vagones del Alvia, en las que viajaban 53 personas de las 200 que iban en ese tren. Esas dos unidades han caído por un terraplén de unos cuatro metros.
El tren de Iryo, que había salido de Málaga a las 18.40 horas con destino a Puerta de Atocha con 317 personas, descarriló sus tres últimos vagones a las 19.39 horas e invadió la vía contigua por la que en ese mismo momento circulaba otro convoy de Renfe con destino a Huelva.
