La cruz de León XIV cae en manos de la extrema derecha: Almeida asume la campaña de Hazte Oír

Participantes en la vigilia rechazan que se vincule el acto religioso con discursos identitarios y recuerdan que el mensaje del Papa estuvo centrado en la fraternidad y la inclusión

16 de Junio de 2026
Actualizado a las 12:25h
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Vigilia de Oración del papa, León XIV con los Jóvenes Plaza de Lima, Madrid el pasado 6 de junio
Vigilia de Oración del papa, León XIV con los Jóvenes Plaza de Lima, Madrid el pasado 6 de junio

La decisión del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, de mantener en la ciudad la gran cruz blanca instalada en la plaza de Lima durante la vigilia juvenil del papa León XIV ha abierto una intensa controversia política y social. Lo que durante unos días fue un elemento temporal vinculado a uno de los actos centrales de la visita papal se ha convertido ahora en un símbolo sobre el que se proyectan interpretaciones muy distintas acerca de la religión, la memoria histórica y el uso del espacio público.

El anuncio del regidor se produjo pocos días después de que la organización ultraconservadora Hazte Oír impulsara una campaña para impedir la retirada definitiva de la estructura. La entidad aseguró haber reunido más de 40.000 firmas y reclamó formalmente al Ayuntamiento que estudiara fórmulas para conservarla de manera permanente.

Almeida confirmó posteriormente que el Consistorio trabaja para mantener la cruz en la plaza de Lima o, si las condiciones técnicas no lo permitieran, buscarle otra ubicación en la ciudad. El alcalde defendió que se trata de una huella permanente de la visita de León XIV y de las raíces cristianas de Madrid.

Una cruz nacida para un acto temporal

La cruz de 25 metros fue levantada específicamente para la vigilia celebrada junto al estadio Santiago Bernabéu. Miles de jóvenes participaron en aquel encuentro de oración presidido por León XIV, una cita marcada por mensajes de diálogo, solidaridad, justicia social y convivencia. Un acto para defender a las personas, vengan de donde vengan, con o sin papeles.

Numerosos participantes recuerdan que el sentido original del símbolo estaba ligado exclusivamente a aquel acto religioso y no a una reivindicación política. Durante la vigilia, las intervenciones de los jóvenes estuvieron centradas en cuestiones como la paz, la acogida, la pobreza, la exclusión social y la esperanza en un contexto internacional convulso.

Vigilia de Oración del papa, León XIV con los Jóvenes Plaza de Lima, Madrid el pasado 6 de junio
Vigilia de Oración del papa, León XIV con los Jóvenes Plaza de Lima, Madrid el pasado 6 de junio

Por ello, varios asistentes han mostrado su incomodidad ante la utilización posterior de la cruz como bandera de una determinada agenda ideológica.

"Para nosotros representaba el encuentro con el Papa y el mensaje de fraternidad que transmitió esos días", explicaba una joven participante consultada por distintos medios tras conocerse la decisión municipal. "No era una reivindicación política ni una batalla cultural".

Otra asistente señalaba que "la cruz formó parte de una celebración religiosa abierta a todo el mundo y convertirla ahora en un elemento de confrontación desvirtúa lo que vivimos allí".

La sombra de cuelgamuros

Buena parte de la polémica gira en torno al intento de algunos sectores de establecer paralelismos entre esta cruz y la gran cruz monumental de Valle de Cuelgamuros, antiguo Valle de los Caídos.

Formalmente se trata de construcciones muy diferentes, levantadas en contextos históricos completamente distintos y con dimensiones, funciones y significados originales no comparables. Sin embargo, diversos colectivos memorialistas y organizaciones progresistas denuncian que determinadas campañas buscan asociar deliberadamente ambos símbolos dentro de un mismo relato político.

La controversia se ha visto alimentada por la propia estrategia comunicativa desarrollada por Hazte Oír, una organización conocida por sus campañas contra los derechos LGTBI, el feminismo y diversas leyes impulsadas durante las últimas décadas.

Sus detractores sostienen que la batalla por la permanencia de la cruz no responde únicamente a una cuestión religiosa, sino a una operación cultural destinada a convertirla en un símbolo identitario frente a los avances en materia de pluralismo social y memoria democrática.

Desde esta perspectiva, la decisión de Almeida supone asumir una reivindicación impulsada por una organización situada en la órbita de los sectores más conservadores del catolicismo político.

Críticas desde la oposición

Desde Más Madrid se ha acusado al alcalde de dejar que grupos ultraconservadores marquen la agenda institucional de la ciudad. La formación considera que el Ayuntamiento está utilizando recursos públicos para reforzar una determinada visión ideológica del espacio urbano.

Por su parte, el Grupo Municipal Socialista ha cuestionado que la permanencia de la cruz figure entre las prioridades políticas de una ciudad que afronta problemas relacionados con la vivienda, la movilidad, los servicios públicos o la exclusión social.

Los críticos con la medida sostienen además que el mantenimiento permanente de una instalación concebida inicialmente como temporal introduce un debate complejo sobre la neutralidad institucional de las administraciones públicas.

Utilización política del papa

El conflicto también ha reabierto una cuestión recurrente en la democracia española: la diferencia entre el respeto a las creencias religiosas y la utilización política de los símbolos religiosos.

Históricamente, amplios sectores del catolicismo español han defendido una separación clara entre la fe y su instrumentalización partidista. De hecho, numerosos teólogos y movimientos cristianos han advertido durante décadas sobre el riesgo de convertir símbolos religiosos en herramientas de confrontación política.

Para muchos de los jóvenes que participaron en la vigilia de León XIV, el problema no radica en la existencia de la cruz como símbolo cristiano, sino en que su significado quede subordinado a una campaña impulsada por organizaciones que pretenden convertirla en un emblema de identidad política.

Esa percepción resulta especialmente sensible en un país donde la memoria del franquismo sigue generando intensos debates públicos. Durante la dictadura, determinados símbolos religiosos fueron incorporados a la legitimación del régimen, una circunstancia que explica que cualquier controversia relacionada con cruces monumentales tenga inevitablemente una dimensión histórica.

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