Madrid ofrece estos días dos imágenes difíciles de reconciliar. En IFEMA, Isabel Díaz Ayuso inaugura una feria internacional de inversión inmobiliaria y presenta las oportunidades de la región ante el sector. En una calle de Retiro, vecinos y activistas pasan la noche protegiendo el portal de Maricarmen, una mujer de 87 años que afronta su cuarto intento de desahucio después de siete décadas en su casa. La distancia entre ambos escenarios mide el fracaso de una política que presume de atraer capital mientras una anciana sigue sin tener garantizado dónde podrá vivir.
Urbagestión, el fondo buitre al que pertenece la casa de Maricarmen, se niega a aceptar la oferta de que una persona que se ha ofrecido pague el alquiler, por lo que el desahucio sigue adelante

¿Quién está detrás de Urbagestión el fondo buitre responsable de esta injusticia?
Detrás del procedimiento contra Maricarmen está Urbagestión Desarrollo e Inversión SL, vinculada a la marca Urbagesa y a los empresarios Ricardo y Fernando Alonso, según la información aportada y las denuncias del Sindicato de Inquilinas. La historia de la operación explica cómo un hogar puede convertirse en una mercancía que cambia de manos mientras su inquilina pierde seguridad: su familia llegó en 1956, el contrato pasó primero de su padre a su madre y, tras el fallecimiento de esta en 2005, a Maricarmen. En 2018, la finca fue vendida a Renta Corporación, que, según el relato de la afectada, le ofreció comprar su piso por 247.000 euros, una cantidad que no podía afrontar. La vivienda acabó después en manos de Urbagestión. Para Maricarmen, aquellas transmisiones no representaron ninguna oportunidad de inversión, sino el comienzo de una batalla por conservar la casa donde había transcurrido prácticamente toda su vida: el coste humano de un negocio inmobiliario que considera prescindible a quien lleva siete décadas habitando el inmueble.
Ayuso con las inmobiliarias
La presidenta inauguró el martes 22 de septiembre The District, que celebra su primera edición madrileña después de cuatro convocatorias en Barcelona. Al día siguiente, el dispositivo policial y la comisión judicial llegaban al edificio de Maricarmen. La coincidencia no demuestra una relación entre la feria y ese procedimiento, pero plantea una pregunta política inevitable: ¿qué éxito puede atribuirse a un modelo inmobiliario si no consigue proteger a una persona en una situación tan extrema?
Esta es la historia de Maricarmen, una mujer con discapacidad de 87 años que va a ser desahuciada por un fondo de inversión. Es la cuarta vez que intentan desahuciarla después de más de 70 años viviendo en la misma casa https://t.co/gQqRzK0bem #LaHora23S pic.twitter.com/6JVnBlfokE
— La Hora de La 1 (@LaHoraTVE) September 23, 2026
Maricarmen: una vida entera frente al negocio inmobiliario
Maricarmen vive en el número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda. Su padre firmó el contrato de alquiler en 1956 y la vivienda conserva la historia de una familia que permaneció allí durante generaciones. Ahora, con movilidad reducida, afronta un procedimiento promovido por Urbagestión Desarrollo e Inversión SL, la sociedad propietaria del inmueble.
Tú y el @PSOE sois responsables y lo sabes.
— Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid (@InquilinatoMad) September 23, 2026
Habéis usado una violencia desproporcionada para dejar en la calle a una señora de 87 años.
Podíais haber para el desahucio con el Real Decreto de Vivienda y os habéis puesto del lado de los Fondos buitre. https://t.co/I35eCO6chq pic.twitter.com/S2uHJ4vvtV
El Sindicato de Inquilinas, que califica a la empresa de fondo buitre, denuncia su negativa a acordar un alquiler asequible. Según la organización, la propiedad planteó una renta de 2.650 euros y posteriormente otra de 1.650, también superior a la pensión de la inquilina. Una rebaja que sigue siendo imposible de pagar no constituye una solución habitacional.
El conflicto judicial gira en torno a la continuidad del contrato de renta antigua y sus sucesivas subrogaciones. Sin disponer aquí del expediente completo, no corresponde presentar como hecho probado que el lanzamiento sea ilegal. Pero el reproche social no depende de inventar una infracción: que una empresa pueda obtener judicialmente la recuperación de una vivienda no convierte en aceptable que una mujer de 87 años llegue a ese momento sin una alternativa adecuada.
El mercado puede asignar un precio a los metros cuadrados. Una política pública digna tiene que considerar también la edad, la discapacidad, los cuidados y el desarraigo que supone perder el hogar.
The District: la vivienda vista desde la rentabilidad
The District se celebra del 22 al 24 de septiembre y se presenta como un encuentro internacional de la industria inmobiliaria. Su propósito es reunir al sector y facilitar relaciones de negocio. Ese enfoque explica también el rechazo del movimiento por la vivienda: lo que para un inversor es una operación patrimonial puede ser, para quien habita el inmueble, la pérdida de su estabilidad y de su barrio.
Durante la inauguración, tres activistas irrumpieron con mensajes contra los fondos buitre y los dirigentes madrileños. Las protestas situaron ante los asistentes una realidad que no cabe en una presentación comercial: el conflicto entre la rentabilidad esperada por los propietarios y la capacidad de los vecinos para seguir pagando sus casas.
La crítica al capital especulativo debe dirigirse a sus prácticas: adquirir vivienda habitada, exigir rentas inasumibles o buscar su recuperación sin alcanzar acuerdos que permitan permanecer a inquilinos vulnerables. No toda inversión inmobiliaria responde a ese patrón, pero ninguna inauguración institucional debería servir para dejar sus consecuencias fuera de discusión.
Construir viviendas y financiar su rehabilitación puede aportar soluciones. Convertir la expulsión de residentes en una oportunidad para elevar ingresos merece un juicio político y social muy distinto.
Ayuso presume de vivienda ante los inversores
La Comunidad de Madrid presentó la intervención de Ayuso como una exposición de medidas destinadas a facilitar el acceso a una vivienda a más de 480.000 personas. Esa es la cifra difundida por el Gobierno regional y debe entenderse como tal, no como una comprobación independiente de que todas esas personas hayan resuelto su necesidad residencial.
El caso de Maricarmen obliga a someter ese discurso a una prueba concreta. Las grandes cifras no contestan dónde va a vivir una mujer amenazada de desahucio, si podrá pagar la alternativa o si esta responderá a sus necesidades de accesibilidad. Tampoco compensan el desgaste de meses pendientes de una fecha de lanzamiento.
La responsabilidad política de Ayuso no consiste en haber dictado una resolución judicial, porque no lo ha hecho. Consiste en responder por las políticas de vivienda y protección social de su Gobierno y por sus resultados ante situaciones conocidas con antelación.
La presidenta ha encontrado espacio en su agenda para respaldar públicamente la feria. El contraste resulta demoledor cuando la seguridad residencial de Maricarmen sigue dependiendo de negociaciones de última hora y del esfuerzo de quienes hacen guardia ante su portal.
Una donación no puede sustituir una solución pública
Entre las iniciativas para evitar el desalojo figura la oferta de una escritora que, manteniendo el anonimato, se ha dispuesto a contribuir al pago del alquiler. Según la información recogida en la documentación del caso, también se han realizado gestiones desde el Ministerio de Vivienda, sin que al cierre de esa crónica existiera un acuerdo que garantizara la permanencia de Maricarmen.
El gesto de la donante merece reconocimiento, pero revela una anomalía intolerable: la tranquilidad de una anciana no debería depender de que alguien lea su historia y pueda pagar por ella. Una respuesta pública eficaz debe alcanzar también a quienes no aparecen en televisión, no movilizan a cientos de personas o no encuentran un benefactor.
La responsabilidad tampoco desaparece al cambiar de administración. Ayuntamiento, Comunidad y Gobierno central deben explicar sus actuaciones y sus límites. Las competencias distintas exigen coordinación; no justifican que una persona quede atrapada entre instituciones que se declaran preocupadas.
Los vecinos protegen lo que la política no ha resuelto
En el vídeo difundido por el Sindicato de Inquilinas y recogido en la documentación aportada, Maricarmen agradece el apoyo y pide calma: «Por favor, seguid, pero no os hagáis daño unos a otros, esto tiene que ser pacífico».
Su llamamiento pone el centro de la historia donde debe estar. No es una discusión abstracta sobre activos inmobiliarios ni una competición de discursos partidistas, sino la vida de una persona que teme perder su casa.
Mientras The District ofrece un espacio de encuentro para el capital inmobiliario, la movilización vecinal intenta conseguir tiempo y una salida para Maricarmen. Ayuso puede celebrar la llegada de inversores, pero no puede presentar esa celebración como respuesta suficiente a la crisis de vivienda. El resultado que importa es si los ciudadanos pueden vivir con seguridad, pagar su alquiler y conservar una alternativa digna cuando aparece un conflicto.
Una región que quiere presumir de prosperidad debería medirla también por su capacidad para impedir que una mujer de 87 años tenga que defender su hogar rodeada de policías.
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