La política de Donald Trump hacia Ucrania ha entrado en una fase que amenaza con alterar los equilibrios de la guerra y las relaciones entre Estados Unidos y Europa. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha acusado abiertamente a su homólogo estadounidense de ejercer una presión que equivale a exigir la capitulación de su país ante Rusia, mientras la Casa Blanca adopta decisiones que reducen la presión económica sobre Vladímir Putin y cuestionan la estrategia militar de Kiev.
Las declaraciones, recogidas este domingo 18 de octubre por Bloomberg y respaldadas por informaciones de Reuters y otros medios internacionales, representan un deterioro particularmente grave de las relaciones entre dos gobiernos cuya cooperación ha sido fundamental para la resistencia ucraniana desde la invasión rusa de febrero de 2022. Sin embargo, la controversia trasciende las diferencias diplomáticas: afecta directamente a la capacidad de Ucrania para defender sus ciudades, a los ingresos energéticos del Kremlin y a la credibilidad de Estados Unidos como socio estratégico europeo.
Trump presiona a Ucrania, pero concede margen económico a Rusia
La contradicción que denuncia Zelenski resulta especialmente significativa. Mientras Trump exige a Ucrania que suspenda sus ataques contra las instalaciones petroleras rusas, su Administración ha decidido dejar en suspenso la aplicación de buena parte de las nuevas sanciones aprobadas por el Congreso estadounidense contra Moscú.
La decisión quedó formalizada mediante una orden ejecutiva firmada el 16 de octubre, en la que Trump invocó los intereses nacionales estadounidenses para justificar la suspensión de medidas contempladas en la denominada Ley Graham, promulgada el 18 de septiembre.
El documento oficial permite comprobar el alcance de la decisión: aunque mantiene formalmente el marco legislativo y no elimina todas las sanciones anteriores contra Rusia, exime temporalmente de la aplicación de numerosas restricciones económicas y arancelarias diseñadas para castigar las actividades rusas y dificultar la financiación de la guerra.
La consecuencia política es evidente. Una legislación concebida para aumentar el coste de la agresión rusa queda parcialmente neutralizada por decisión presidencial, precisamente cuando Washington reclama nuevas concesiones a Ucrania.
El petróleo ruso y el precio del diésel se convierten en protagonistas de la guerra
El enfrentamiento tiene un trasfondo económico que explica buena parte del cambio de posición estadounidense. Los ataques ucranianos contra refinerías, depósitos y terminales petroleras rusas persiguen debilitar un sector estratégico para Moscú, tanto por su importancia en el abastecimiento militar como por su contribución a la economía del país.
Pero esas operaciones también pueden agravar las tensiones en el mercado internacional de combustibles, especialmente en el diésel, cuya evolución preocupa a Trump ante las elecciones legislativas estadounidenses del próximo 3 de noviembre.
La Casa Blanca ha defendido un acuerdo con Rusia para incrementar los suministros de diésel al mercado estadounidense, una iniciativa que la Administración presenta como una respuesta a las dificultades energéticas y como un posible incentivo para la negociación.
Para Zelenski, sin embargo, existe una contradicción fundamental: Washington pretende restringir los ataques ucranianos contra la industria petrolera rusa mientras facilita operaciones comerciales que pueden beneficiar económicamente a Moscú.
El problema no es únicamente el precio del combustible. Es que Rusia mantiene sus bombardeos sobre instalaciones eléctricas, ciudades e infraestructuras civiles ucranianas mientras Estados Unidos intenta limitar una de las principales herramientas de presión de Kiev.
La inteligencia militar estadounidense, otro instrumento de presión
Uno de los episodios más preocupantes ha sido la interrupción temporal del intercambio de información de inteligencia entre Estados Unidos y Ucrania, confirmada este domingo por Zelenski.
Según Reuters, el presidente ucraniano reconoció que Washington había restablecido posteriormente esa cooperación, imprescindible para identificar determinadas amenazas de misiles balísticos rusos. La interrupción resulta especialmente delicada porque Ucrania depende de capacidades estadounidenses de detección y alerta temprana que difícilmente puede sustituir de manera inmediata.
Trump había sostenido anteriormente que el suministro de información de inteligencia no se había interrumpido, una versión que contrasta con las declaraciones del mandatario ucraniano. La polémica se extiende a las comunicaciones militares por satélite. Zelenski ha denunciado restricciones que habrían afectado al funcionamiento de sistemas utilizados por las Fuerzas Armadas ucranianas, aunque representantes estadounidenses han rechazado las acusaciones de una intervención deliberada.
No existe, por tanto, confirmación independiente suficiente para afirmar que todas estas incidencias respondan a una orden política destinada a castigar a Kiev. Pero su coincidencia con las exigencias de Trump alimenta la desconfianza de Ucrania sobre la continuidad del apoyo estadounid
Una tregua energética que no detuvo los bombardeos rusos
El intento de Trump de imponer una tregua sobre las infraestructuras energéticas ha evidenciado las limitaciones de su estrategia diplomática. El 11 de octubre, el presidente estadounidense anunció que Rusia y Ucrania habían alcanzado un acuerdo para detener esos ataques. Sin embargo, las hostilidades continuaron y Kiev denunció que Moscú no había respetado el supuesto compromiso.
Zelenski llegó a suspender durante tres días los ataques contra instalaciones petroleras rusas, antes de ordenar su reanudación el 15 de octubre. La decisión se produjo mientras Ucrania seguía sufriendo bombardeos contra su infraestructura energética.
Este domingo, la guerra volvió a intensificarse. Una gran ofensiva ucraniana con drones alcanzó objetivos petroleros y logísticos en la región de San Petersburgo, mientras las autoridades rusas aseguraban haber interceptado más de un millar de aparatos. La cifra procede de Moscú y no debe confundirse con una verificación independiente.
Paralelamente, Zelenski denunció que Rusia había atacado 76 instalaciones energéticas ucranianas durante la última semana, una dimensión de la ofensiva que cuestiona la eficacia de cualquier compromiso que no establezca mecanismos verificables y obligaciones para ambas partes.
Trump cuestiona a Zelenski mientras evita exigir la salida de Putin
La crisis ha adquirido además un componente político especialmente delicado. Trump sugirió el pasado 10 de octubre que Ucrania necesitaba un nuevo presidente capaz de alcanzar un acuerdo con Rusia, unas declaraciones que refuerzan el discurso del Kremlin sobre la legitimidad del Gobierno ucraniano.
La diferencia resulta significativa. Mientras el presidente estadounidense cuestiona públicamente la continuidad política de Zelenski, mantiene abierta la negociación con Putin y evita formular exigencias equivalentes sobre su permanencia en el poder.
Ese desequilibrio no demuestra por sí solo la existencia de una alianza entre Washington y Moscú, pero proporciona argumentos a quienes advierten de que la Casa Blanca está modificando la posición negociadora en beneficio de Rusia.
Las críticas tampoco proceden exclusivamente de Ucrania. La suspensión de sanciones ha provocado objeciones entre legisladores estadounidenses de ambos partidos, preocupados por la posibilidad de que el levantamiento de la presión económica anime a Putin a prolongar las hostilidades.
Europa ante el riesgo de una Ucrania abandonada por Washington
El cambio de política estadounidense plantea un problema estratégico que sobrepasa las fronteras ucranianas. Si Washington condiciona la inteligencia militar, las comunicaciones o el suministro de armamento a que Kiev acepte determinadas concesiones, los gobiernos europeos podrían verse obligados a asumir responsabilidades para las que todavía mantienen importantes dependencias tecnológicas y militares.
La Unión Europea se enfrenta así a una cuestión que afecta directamente a su propia seguridad: cómo sostener la defensa de Ucrania si Estados Unidos deja de actuar como principal garante de sus capacidades estratégicas.
El debate no consiste únicamente en determinar las condiciones para terminar una guerra que ha causado enormes pérdidas humanas y materiales. También obliga a preguntarse si un acuerdo negociado bajo presión unilateral puede proporcionar una paz duradera o simplemente consolidar las conquistas territoriales obtenidas mediante la fuerza.
Y ahí reside el núcleo de la denuncia de Zelenski. El presidente ucraniano no rechaza necesariamente la negociación, sino que cuestiona una estrategia que, según su interpretación, exige sacrificios a la parte invadida mientras reduce los costes económicos y diplomáticos del país invasor.
La gran paradoja de la política de Trump es que, mientras proclama su voluntad de acabar con la guerra, algunas de sus decisiones disminuyen la presión sobre quien la inició. La rendición de Ucrania no es un hecho consumado ni una exigencia estadounidense formalmente acreditada, pero el desequilibrio de las presiones denunciado por Zelenski plantea una cuestión de fondo: si Estados Unidos pretende construir una paz negociada o está utilizando su superioridad política y militar para obligar a Kiev a aceptar las condiciones más favorables para Moscú.
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