Trump y Zelenski sacuden el tablero global y el poder mundial

Trump y Zelenski aseguran que el 95% del acuerdo de paz está listo tras una reunión secreta de tres horas en Florida. ¿Fin de la guerra en Ucrania o una pausa estratégica? Descubre las claves ocultas, las tensiones con Rusia y el papel decisivo de Europa

29 de Diciembre de 2025
Actualizado a las 17:54h
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Trump en una imagen de archivo
Trump en una imagen de archivo

La escena fue cuidadosamente elegida. Mar-a-Lago, la residencia privada de Donald Trump, volvió a convertirse en el día de ayer en un escenario de diplomacia paralela con implicaciones globales. Tras más de tres horas de conversaciones a puerta cerrada, el presidente estadounidense y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, emergieron con un mensaje inequívoco: la paz es posible, aunque aún no esté sellada. El detalle importa. Ambos hablaron de avances sustanciales (“más del 95% del plan de paz está resuelto”), pero también reconocieron la persistencia de “cuestiones espinosas” que tocan el corazón mismo del conflicto.

En la guerra más trascendental para la seguridad europea desde 1945, el lenguaje no es inocente. Decir “95%” es proyectar inevitabilidad; admitir “espinas” es recordar que la política, especialmente en tiempos de guerra, rara vez se rinde a la aritmética.

La diplomacia de Trump: velocidad, personalismo y riesgo

El encuentro se produjo tras una llamada directa entre Trump y Vladímir Putin, y después de una serie de contactos entre Zelenski y altos funcionarios de la administración estadounidense. El patrón es reconocible. Trump privilegia la diplomacia personal, rápida y altamente centralizada, frente a los procesos multilaterales lentos y densos que caracterizaron la respuesta occidental en los primeros años de la guerra.

En la rueda de prensa posterior, con la presencia de líderes europeos, se anunció la creación de grupos de trabajo conjuntos, integrados por colaboradores clave del presidente estadounidense, para cerrar un acuerdo “en las próximas semanas”. Habrá dos mesas: una de seguridad y otra económica. Rusia, según confirmó el Kremlin, ha aceptado este formato. La arquitectura recuerda menos a los acuerdos de Minsk y más a un modelo de negociación entre grandes potencias, con Ucrania y Europa intentando asegurarse un asiento que no siempre está garantizado.

Donbás, alto el fuego y garantías: el núcleo del desacuerdo

Las divergencias no son menores. El futuro del Donbás, la posibilidad de un cese al fuego inmediato y la naturaleza de las garantías de seguridad siguen sin resolverse. El plan de paz de 20 puntos, rechazado formalmente por Moscú, incluye un pacto de no agresión con Rusia y garantías estadounidenses para Ucrania similares a las de la OTAN, una línea roja histórica para el Kremlin.

En el terreno territorial, Kiev plantea dos opciones: congelar la actual línea del frente o crear una zona desmilitarizada en partes de Donetsk aún bajo control ucraniano. Ambas alternativas implican concesiones implícitas y riesgos políticos considerables para Zelenski, cuya legitimidad interna se ha sostenido precisamente sobre la resistencia a cualquier “paz injusta”.

Europa observa y solo observa

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó una llamada de una hora con Trump, Zelenski y otros líderes europeos para evaluar el estado de las negociaciones. El mensaje europeo fue claro: Europa está dispuesta a apoyar el proceso, pero solo si existen garantías de seguridad sólidas desde el primer día. Detrás de esa frase hay una preocupación estratégica profunda: un acuerdo débil podría congelar el conflicto sin resolverlo, dejando a Ucrania vulnerable y a Europa expuesta.

Para Bruselas, el riesgo no es solo militar. Es político. Un acuerdo impulsado principalmente por Washington podría reforzar la percepción de que Europa sigue siendo un actor secundario en su propio vecindario estratégico.

Elecciones en guerra

Quizá el elemento más delicado sea interno. Ucrania ya ha iniciado preparativos para celebrar elecciones presidenciales, algo impensable hace apenas meses. Zelenski ha autorizado la creación de un grupo de trabajo multipartidista para evaluar los obstáculos legales y de seguridad. Incluso se baraja la posibilidad de celebrar elecciones y un referéndum simultáneo sobre el documento de 20 puntos.

La lógica es clara. Trump ha insistido en la necesidad de elecciones, y Kiev parece haber entendido el mensaje: privar a Moscú y a Washington del argumento de que el gobierno ucraniano carece de legitimidad democrática. Pero el costo es alto. Celebrar elecciones en plena guerra requeriría cambios legales profundos y podría fracturar el consenso interno que ha sostenido la resistencia ucraniana.

¿Paz o pausa estratégica?

El optimismo proyectado desde Florida contrasta con la complejidad del momento. Hablar de paz cuando los combates continúan y las líneas del frente siguen activas es, en parte, un acto de fe política. También es una maniobra estratégica. Para Trump, el proceso refuerza su imagen de hacedor de acuerdos y líder global decisivo. Para Zelenski, ofrece una vía para asegurar apoyo occidental sostenido y recuperar margen político.

La pregunta clave no es si habrá un acuerdo, sino qué tipo de acuerdo. Por ahora, el 95% anunciado funciona como promesa y advertencia. En geopolítica, el último 5% suele ser el más difícil… y el más decisivo.

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