La internacional ultra reacciona con teorías conspirativas a la derrota del topo de Putin y Trump

El Grupo Patriotas ha acusado de injerencia de Bruselas en las elecciones húngaras, mientras ven normal la presencia de miembros de la administración Trump en la campaña electoral

13 de Abril de 2026
Actualizado el 16 de abril
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Abascal cpac internacional extrema derecha
Santiago Abascal durante su intervención en el aquelarre ultra de la CPAC en su posición de presidente de Patriots Europe | Foto: Gage Skidmore / Flickr

El relato construido tras la derrota de Viktor Orbán por su entorno y sus aliados internacionales revela una contradicción flagrante sobre la soberanía nacional. El grupo de los Patriotas por Europa, la plataforma de la ultraderecha en la Eurocámara, ha reaccionado a la victoria de Péter Magyar y su partido Tisza denunciando una supuesta injerencia de la Comisión Europea. Sin embargo, este discurso de pureza democrática frente a los "burócratas de Bruselas" choca frontalmente con la normalización de una intervención externa de signo opuesto: el desembarco de la administración Trump en la arena electoral de Hungría.

Resulta paradójico que la formación donde conviven Fidesz y Vox califique como un ataque a la integridad democrática cualquier posicionamiento institucional de la Unión Europea, mientras abraza con entusiasmo el proselitismo de potencias extranjeras. La participación de JD Vance, vicepresidente electo de Estados Unidos, en actos de campaña de Orbán representa un nivel de intervención extranjera sin precedentes en la política interna de un Estado miembro de la UE. Al acusar a Bruselas de querer destruir la independencia energética de Hungría "por odio", Vance no actuó como un observador neutral, sino como un agente activo de desestabilización contra la arquitectura institucional europea, la misma de la que Hungría sigue formando parte.

Este doble rasero se hace más evidente al analizar la comunicación directa de Donald Trump con el electorado húngaro. Mientras los Patriotas por Europa sostienen que el apoyo de la Comisión Europea al Partido Popular Europeo y a Von der Leyen socava la confianza ciudadana, guardan un silencio cómplice ante las llamadas telefónicas de apoyo de Trump a Orbán. Esta asimetría sugiere que para el bloque soberanista la soberanía no es un principio absoluto, sino un concepto elástico que se utiliza para blindar a regímenes afines de las críticas comunitarias, mientras se abren las puertas a influencias externas que refuercen su agenda ideológica transatlántica.

La narrativa de la "injerencia de Bruselas" sirve como un mecanismo de defensa para justificar un fin de ciclo tras 16 años de poder ininterrumpido. Al señalar a la Comisión Europea y a Ucrania como los arquitectos de su derrota, Orbán y sus aliados intentan deslegitimar la "súper mayoría" obtenida por la oposición conservadora de Magyar, presentándola no como un éxito nacional, sino como el resultado de una conspiración internacional. Sin embargo, este análisis omite que el apoyo explícito del entorno de Trump constituye una forma de injerencia política mucho más directa y personalizada que la alineación ideológica natural entre familias políticas europeas.

El posicionamiento de los Patriotas por Europa evidencia la crisis de coherencia que atraviesa el nuevo nacionalismo europeo. Si la defensa de la democracia implica proteger los procesos electorales de influencias ajenas, la vara de medir debería ser igual para la Unión Europea que para la Casa Blanca. Al aceptar la tutela política de figuras como JD Vance y Donald Trump mientras se presentan dos mociones de censura contra Ursula von der Leyen por "interferencia", el grupo de Orbán demuestra que su lucha no es por la autonomía de Hungría, sino por la supervivencia de un modelo de poder que solo acepta la intervención exterior cuando esta le ayuda a perpetuarse.

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