Vox: del todo por la patria al todo por la pasta

Ortega Smith carga duramente contra el partido de Abascal, que ya lo ha echado del grupo de WhatsApp

29 de Abril de 2026
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Abascal, Ortega y Macarena Olona en un acto de Vox en Málaga. Smith asegura que el líder ha impuesto el todo por la pasta
Abascal, Ortega y Macarena Olona en un acto de Vox en Málaga. Smith asegura que el líder ha impuesto el todo por la pasta

Vox llegó a la política desenterrando el odio antidemocrático propio de la Guerra Civil y ahora resulta que la guerra civil ha estallado entre ellos mismos. El portavoz del Grupo Municipal de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, ha arremetido contra el partido, donde, según él, “hay cuatro que cortan el bacalao y si no dices amén, sales por la puerta expulsado”. Al mismo tiempo, quien fuera mano derecha del jefe se queja de que en Bambú “no existe democracia interna alguna”. Según Ortega, Abascal “está en política por la pasta” y se muestra “convencido” de que fue cesado hace cuatro años por husmear en las cuentas.

La tensión interna que desde hace meses recorría Vox ha terminado por aflorar de manera abierta y descarnada. Las discrepancias, antes soterradas, han pasado al primer plano y han expuesto un conflicto estratégico y organizativo que amenaza con redefinir su futuro político. Ortega Smith no se calla tras ser expulsado del partido y del grupo de WhatsApp y ha pasado a la ofensiva.

El detonante del conflicto interno ha sido una combinación de factores: diferencias sobre el rumbo ideológico, disputas por el control territorial y un creciente malestar entre sectores que consideran que la dirección nacional ha perdido conexión con las bases. También, por supuesto, la supuesta falta de transparencia en el manejo de los fondos y la ausencia de democracia interna. Estas fricciones, que durante años se mantuvieron bajo una disciplina férrea, han encontrado ahora un escenario propicio para estallar, alimentadas por resultados electorales dispares y por la presión de un panorama político cada vez más fragmentado.

En este contexto, las críticas internas han adquirido un tono inusualmente cruento. Javier Ortega Smith ha acusado a Santiago Abascal y a la cúpula del partido de haber abandonado principios fundacionales y de ejercer un liderazgo excesivamente centralizado. Incluso ha llegado a sugerir que el patriotismo de Vox es el patriotismo de “la pasta”. Estas acusaciones, que incluyen reproches sobre la gestión interna y la selección de candidatos, han intensificado la sensación de fractura y han dado visibilidad a un malestar que llevaba tiempo gestándose.

La disputa también tiene una dimensión territorial. Algunas federaciones regionales han expresado abiertamente su desacuerdo con decisiones tomadas desde Madrid, lo que ha reforzado la percepción de desconexión entre la dirección nacional y los cuadros intermedios. En este clima, la batalla por el control orgánico se ha convertido en un elemento central de la pugna.

A corto plazo, la crisis interna plantea interrogantes sobre la capacidad del partido para mantener una imagen de unidad. A medio plazo, podría influir en su estrategia electoral y en su posición dentro del bloque político al que pertenece. Lo que parece claro es que la fractura ha dejado de ser un rumor para convertirse en un desafío real que marcará la evolución de Vox en los próximos meses.

“Mi situación personal es buena, con la tranquilidad de saber que he actuado correctamente, de acuerdo con mi conciencia, principios, valores y la legalidad vigente”, aseguró ayer el todavía portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid durante la rueda de prensa previa al próximo Pleno municipal. Ortega Smith se expresó así después de que se hayan conocido los mensajes del grupo de WhatsApp del Comité Ejecutivo de Vox en los que se votaba la expulsión de su entonces secretario general.

“Ese órgano es un florero, como dije en su día, es un órgano que ya no delibera, que ya no vota nada (…) No existe democracia interna alguna. Mucho portavoz y mucho aparentar que hay gente que decide todo cuando sabemos que hay cuatro que cortan el bacalao”, dijo el portavoz municipal. Según Ortega Smith, de un tiempo hasta ahora hay una “obsesión” con que todo esté “absolutamente fiscalizado”, una “falta de confianza” en aquellos que forman parte de los distintos órganos de dirección e incluso, ha advertido, entre sus concejales y diputados. Es decir, Abascal se comporta como un auténtico dictador. Vox expulsó el pasado 16 de abril definitivamente al que fuera su secretario general tras rechazar el recurso de alzada que presentó contra el acuerdo de expulsión decretado previamente por el Comité de Garantías. Pero la historia, la guerra civil en Vox, no ha hecho más que comenzar. ¿Tiene información privilegiada Ortega, información sensible sobre las cuentas del partido y la Fundación Disenso? Lo sabremos en próximas entregas.

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