El presidente andaluz y máximo favorito según todas las encuestas para ganar las próximas elecciones autonómicas del 17 de mayo, Juan Manuel Moreno Bonilla, está dispuesto a asumir de facto el ‘apartheid’ pactado por las direcciones nacionales de Partido Popular y Vox en caso de necesitar los votos de la ultraderecha para renovar por tercera vez consecutiva su mandato al frente de la Junta de Andalucía. Ya tuvo que hacerlo en enero de 2019 tras obtener el peor resultado histórico del PP andaluz en unas autonómicas y asumió sin rechistar las políticas negacionistas de la violencia machista y del cambio climático, entre otras, que le impuso la formación ultraderechista. La única diferencia es que ahora ya no tiene la muletilla de Ciudadanos, y con toda probabilidad Vox, a la vista de lo sucedido en Extremadura y Aragón, llegará incluso a exigirle un ejecutivo de coalición o, en el mejor de los casos para el PP, la asunción incuestionable de la “prioridad nacional”, eje de campaña de Vox en las negociaciones para formar gobiernos en Extremadura y Aragón, de momento.
El “lío” al que alude constantemente Moreno Bonilla como un espantajo en cada mitin de esta precampaña electoral se llama “apartheid” y su formación está dispuesta a asumirlo sin dudar un instante si no logra la mayoría absoluta, una circunstancia que todas las encuestas dejan en el aire. Sólo el escándalo sanitario más importante de la historia de la autonomía andaluza, el de los cribados fallidos de cáncer de mama, con al menos 2.317 mujeres afectadas, servirá para constatar la verdadera erosión de Moreno Bonilla al frente de la Junta andaluza después de casi ocho años de gobierno.
La denominada “prioridad nacional”, rubricada por PP y Vox para gobernar en coalición en las comunidades de Extremadura y Aragón, no es más que una clara segregación de la ciudadanía en toda regla que remite directamente a ‘apartheid’, aquel término afrikáans que se hizo tan cotidiano durante décadas pasadas para referirse a la discriminación institucionalizada impuesta por Sudáfrica durante la segunda mitad del pasado siglo.
Sólo el escándalo sanitario más importante de la historia de la autonomía andaluza, el de los cribados fallidos de cáncer de mama, servirá para constatar la verdadera erosión de Moreno Bonilla tras ocho años al frente de la Junta
El candidato del PP a las autonómicas andaluzas ha centrado única y exclusivamente su mensaje electoral predominante para el 17-M en dos palabras que él relaciona directamente: “estabilidad” y “lío”. La primera, según sus tesis, solo se consigue evitando la segunda, que para los populares andaluces no deja de ser un eufemismo para referirse a las imposiciones de Vox, unas condiciones de la ultraderecha a las que los de Moreno Bonilla no les hacen ascos cuando las necesita el PP. Por tanto, no es tanto “lío” para las tragaderas de los populares, ya que la historia reciente de Andalucía así lo ratifica.
El ejemplo está ahí reciente, no hace tanto. El pacto andaluz de PP y Vox en enero de 2019 permitió a los de Moreno Bonilla gobernar en minoría con Ciudadanos más el apoyo externo de la ultraderecha. En su primera investidura, Moreno Bonilla, que tenía 26 diputados, muy lejos de los 55 que otorgan la mayoría parlamentaria, necesitó el respaldo de los 21 de Ciudadanos y los 12 de Vox, con lo que estos 59 votos superaban la mayoría absoluta de la Cámara andaluza.