La charla sobre el Frente Amplio organizada ayer en Barcelona evidenció un nuevo episodio de tensión interna entre Gabriel Rufián y su partido Esquerra Republicana (ERC). En su turno de diálogo con Irene Montero, Rufián volvió a apostar por organizar un movimiento renovado capaz de reordenar el espacio de la izquierda alternativa con el fin de plantar cara a la extrema derecha. Y de paso lanzó un mensaje a su jefe, Oriol Junqueras. “Si me tengo que ir a casa me iré, no estoy para leer argumentarios”, afirmó ante un auditorio que interpretó sus palabras como un desafío directo a la dirección republicana.
El coloquio entre Rufián y la exministra de Igualdad, celebrado en un centro cívico de Barcelona, se convirtió en un escaparate de afinidades políticas y estratégicas entre el portavoz de ERC y la dirigente de Podemos. Ambos evitaron concretar una posible unidad electoral, pero el simple hecho de compartir escenario en un momento de máxima fragmentación en la izquierda española fue suficiente para elevar la presión sobre sus respectivos partidos. En el caso de ERC, la tensión interna se disparó.
Un acto que incomoda a la dirección de ERC
La cúpula republicana observa con creciente incomodidad la gira que Rufián ha emprendido para explorar alianzas con Podemos y otras fuerzas de la izquierda alternativa. La dirección del partido considera que no es el momento de abrir debates sobre frentes estatales, especialmente cuando ERC atraviesa un período de reconstrucción interna tras los malos resultados electorales y la pérdida de influencia institucional en Cataluña.
Sin embargo, Rufián parece decidido a ocupar un espacio político que, según él, está huérfano de liderazgo. En su intervención, insistió en que la izquierda española vive un momento crítico y que solo una fuerza con arraigo territorial, experiencia institucional y capacidad de diálogo (atributos que él asocia a ERC) puede encabezar una recomposición real. “No podemos permitirnos que la izquierda se siga desangrando”, afirmó, en una frase que resonó como un reproche tanto a Podemos como a su propio partido.
La dirección republicana, por su parte, mantiene un rechazo sin matices a cualquier intento de articular un frente estatal que diluya la identidad del partido o lo aleje de su prioridad estratégica: reconstruir su espacio en Cataluña. Para los sectores más ortodoxos de ERC, la iniciativa de Rufián no solo es inoportuna, sino que amenaza con abrir una brecha interna en un momento especialmente delicado.
Irene Montero, convertida en una de las voces más visibles de Podemos tras su salida del Gobierno, encontró en el acto una plataforma para reivindicarse como referente de una “nueva izquierda” que, según ella, debe recuperar la valentía política y la conexión con los sectores populares. Su presencia en Barcelona no fue casual: Podemos busca recomponer su espacio tras la ruptura con Sumar y necesita aliados territoriales que le permitan mantener relevancia en el tablero estatal.
Montero evitó entrar en detalles sobre una posible alianza electoral, pero sí subrayó la necesidad de “sumar desde la coherencia y la valentía”, un mensaje que encaja con la narrativa de Rufián. Ambos dirigentes compartieron críticas veladas a la fragmentación actual y a la falta de ambición estratégica en la izquierda, aunque cuidaron las formas para no convertir el acto en un anuncio prematuro.
Un frente de izquierdas que nadie concreta
El debate sobre la unidad de la izquierda alternativa lleva meses sobrevolando el panorama político español, pero ninguna fuerza ha dado un paso definitivo. Podemos insiste en la necesidad de reconstruir un espacio propio tras su ruptura con Sumar; los comunes en Cataluña mantienen una posición ambigua; y ERC se debate entre su vocación de partido de gobierno en Cataluña y la tentación de influir en la política estatal.
El acto de Barcelona no despejó incógnitas, pero sí evidenció que la presión para articular un frente común aumenta. Rufián, con su estilo directo, dejó claro que no está dispuesto a esperar indefinidamente. “No estoy aquí para obedecer argumentarios”, repitió, en una frase que muchos interpretaron como un aviso a la dirección republicana: o ERC lidera la recomposición de la izquierda, o él buscará otros caminos.
La tensión interna en ERC se agrava
Las palabras de Rufián no cayeron en saco roto dentro del partido. Sectores próximos a la dirección consideran que el portavoz está actuando por libre y que su estrategia personal puede perjudicar a ERC en un momento en que necesita cohesión. Otros, en cambio, ven en su iniciativa una oportunidad para recuperar influencia en el ámbito estatal y evitar que ERC quede relegada en un escenario político cada vez más polarizado.
La tensión soterrada se ha convertido en un debate abierto. La dirección insiste en que ERC debe centrarse en Cataluña, mientras que Rufián defiende que el partido no puede renunciar a liderar un espacio político que, según él, está en plena reconfiguración. El choque de estrategias amenaza con convertirse en un conflicto interno de mayor calado si ninguna de las partes cede.
Un movimiento que reordena el tablero catalán
El acto también tuvo repercusiones en la política catalana. La presencia de Montero en Barcelona y su sintonía con Rufián generaron inquietud en los comunes, que ven cómo Podemos intenta recuperar protagonismo en Cataluña a través de alianzas con figuras de ERC. Al mismo tiempo, sectores de la izquierda independentista observan con recelo cualquier intento de ERC de implicarse en proyectos estatales que puedan diluir su perfil nacional.
En este contexto, el movimiento de Rufián no solo tensiona a su partido, sino que reordena el tablero de las izquierdas catalanas. La posibilidad (aunque aún lejana) de un frente amplio que incluya a ERC, Podemos y otros actores altera los equilibrios internos y obliga a todos a posicionarse.
El acto de Barcelona no resolvió nada, pero dejó claro que la cuerda dentro de ERC está más tensa que nunca. Rufián ha decidido jugar fuerte para que su partido lidere la recomposición de la izquierda española, aunque eso implique desafiar abiertamente a su dirección. Montero, por su parte, encuentra en esta alianza informal una vía para reforzar su papel en el espacio de la izquierda alternativa.
