Junqueras vuelve a darle el toque a Gabriel Rufián

El dirigente de Esquerra asegura que no fue a la cárcel para apoyar una lista de Ada Colau

07 de Abril de 2026
Actualizado a las 11:25h
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Oriol Junqueras, presidente de ERC.
Oriol Junqueras, presidente de ERC.

La pasada semana, el líder de ERC, Oriol Junqueras, reiteraba su oposición a participar en un frente de izquierdas: “No diremos a nadie lo que tiene que hacer en su casa, del mismo modo que no dejaremos que nadie nos imponga cómo debemos presentarnos nosotros en la nuestra”. En declaraciones a Telecinco, Junqueras volvió a cerrar la puerta a la propuesta del líder de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, de articular un frente de izquierdas para hacer frente al avance de la ultraderecha.

La relación entre Oriol Junqueras y Gabriel Rufián vuelve a situarse en el centro del debate interno de Esquerra Republicana. El presidente del partido ha lanzado un nuevo toque de atención al portavoz en el Congreso, en un momento en el que ERC atraviesa una fase de redefinición estratégica marcada por la pérdida de influencia institucional y la necesidad de recomponer su discurso tras los últimos ciclos electorales.

Según fuentes republicanas, Junqueras ha trasladado a Rufián la conveniencia de ajustar su línea comunicativa a las prioridades fijadas por la dirección. El mensaje, descrito como “firme pero no hostil”, llega en un contexto en el que algunos sectores del partido consideran que el portavoz ha adquirido un perfil demasiado autónomo, especialmente en sus intervenciones mediáticas y en su actividad en redes sociales. Aunque estas tensiones no son nuevas, el momento político actual ha amplificado su relevancia.

El toque de Junqueras se produce tras varias semanas en las que Rufián ha adoptado posiciones que, si bien no contradicen abiertamente la estrategia oficial, sí han generado incomodidad en parte de la cúpula. En concreto, se señala su insistencia en impulsar el Frente Amplio de izquierdas a nivel nacional, así como que eclipse los mensajes que ERC intenta proyectar de manera más coral y local en Cataluña.

La dirección republicana considera que, en un momento de reconstrucción interna, es esencial transmitir cohesión. Junqueras, que intenta reforzar su liderazgo tras meses de debate sobre su continuidad, busca que las principales voces del partido actúen de forma coordinada. El presidente de ERC entiende que la pluralidad interna es un valor, pero teme que la dispersión de discursos pueda debilitar la posición negociadora del partido en Madrid y su capacidad de recuperar terreno en Cataluña.

Rufián, por su parte, mantiene un peso político propio que no depende exclusivamente de la estructura del partido. Su larga trayectoria como portavoz en el Congreso y su presencia mediática le han convertido en una figura reconocible más allá del electorado independentista. Esa visibilidad, que en otros momentos ha sido un activo para ERC, se percibe ahora con mayor ambivalencia. Algunos dirigentes temen que su perfil personal pueda interferir en la estrategia colectiva, mientras que otros consideran que su estilo sigue siendo útil para conectar con sectores desencantados.

El nuevo toque de Junqueras no implica, según las mismas fuentes, un cuestionamiento inmediato del papel de Rufián. Más bien se interpreta como un intento de reequilibrar fuerzas y de recordar que la línea política se define desde la dirección. En este sentido, se espera que en las próximas semanas se produzcan reuniones internas para ajustar mensajes y coordinar posiciones de cara a los debates parlamentarios que se avecinan.

El contexto no es menor. ERC afronta un escenario complejo: la competencia con Junts por el liderazgo del independentismo, la presión de la CUP por la izquierda y la necesidad de mantener relevancia en Madrid en un momento de negociaciones delicadas. En este tablero, cada gesto comunicativo adquiere un peso adicional. Junqueras quiere evitar que cualquier disonancia interna sea interpretada como síntoma de debilidad.

Aun así, voces del partido recuerdan que la relación entre Junqueras y Rufián ha pasado por fases similares en el pasado y que ambos han sabido reconducir tensiones cuando la situación lo requería. La cuestión ahora es si ERC logrará articular un discurso cohesionado en un momento en el que su futuro político depende, en buena medida, de su capacidad para proyectar unidad y claridad estratégica.

Por el momento, el toque de Junqueras actúa como recordatorio de que la dirección quiere recuperar el control del relato. Rufián, acostumbrado a navegar entre la disciplina de partido y su propio estilo, deberá decidir hasta qué punto ajusta su perfil a las nuevas exigencias internas. El equilibrio entre ambos marcará, una vez más, el rumbo inmediato de Esquerra Republicana.

Después de que el pasado lunes afirmara que fue a la cárcel “por Catalunya, no para que Ada Colau sea diputada en una lista de Esquerra”, Junqueras se reafirmó: “Es una evidencia, nadie puede ponerlo en duda”.

Según Junqueras, que ha avanzado que no acudirá al acto de Rufián y la número dos de Podemos, Irene Montero, en Barcelona sobre el futuro de las izquierdas, ERC “ya representa” el frente de izquierdas que propone su líder en el Congreso.

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