Las encuestas no se limitan a dar pistas sobre el ambiente político. No, señor. Hay días en los que los números suenan como el golpe seco del martillo de un juez sobre la mesa. Sentencia firme.
A escasas semanas de que los colegios electorales abran sus puertas en la cita crucial del próximo 29 de noviembre, todos los radares de la demoscopia española apuntan hacia la misma dirección. Un vuelco de los que hacen época. Dá igual el papel que consultes o el ordenador que haga las cuentas: desde las proyecciones de 40dB. para El País y la Cadena SER, pasando por los cruces de microdatos de Demócrata sobre las tablas del CIS, hasta el último trabajo de campo de IMOP para El Confidencial. Todos concluyen lo mismo. La derecha va volada. El bloque conservador se dirige a las urnas con una mayoría absoluta que supera con creces la barrera psicológica de los 176 escaños en el Congreso de los Diputados.
Las cuentas no le salen al Gobierno
La foto no deja demasiado espacio a las sorpresas ni a la imaginación. El cálculo central que maneja el instituto 40dB. le otorga al Partido Popular un 31,9% de las papeletas, lo que se traduce en unos 132 escaños (5 menos que en 2023). Mientras tanto, justo a su derecha, la formación de Santiago Abascal vive una auténtica segunda juventud electoral: Vox escala hasta el 18,9% de los apoyos y se encaja en los 66 diputados. Es decir, la extrema derecha duplica resultados.
Sumen ambas casillas. Nos nos da 198 representantes. ¡Casi doscientos asientos! Eso significa colocarse 22 diputados por encima de la línea que marca la gobernabilidad en la Carrera de San Jerónimo.
En el otro lado del cuadrilátero, en Ferraz el ambiente es de un silencio tenso. El PSOE resiste como puede con un 28,1% del voto y unos 110 escaños, 11 menos que en 2023. En condiciones normales, esa cifra permitiría pelear la partida. Pero hoy no. La dirección socialista observa con absoluta impotencia cómo sus antiguos socios de viaje se han evaporado del mapa, dejando cualquier intento de investidura convertido en un castillo de naipes en mitad del vendaval.
La factura que cobra la ley D'Hondt
Para entender por qué se ha desencadenado este terremoto no hay que mirar solo al descontento generado por la estrategia de choque frontal de de la oposición. Hay que fijarse, y mucho, en la guerra de guerrillas que ha devorado el espacio a la izquierda del PSOE.
El divorcio express entre Sumar y Podemos fue un auténtico tiro en el pie de cara al reparto provincial de escaños. Las reglas del juego electoral español son crueles con el que va dividido, especialmente en esas provincias medianas donde hay cuatro o cinco escaños en liza y la ley D'Hondt penaliza sin piedad a las candidaturas atomizadas.
Los datos son para echarse a llorar si uno milita en ese espacio. Recuerden: en el verano de 2023, la coalición plurinacional amarró 31 asientos en el Congreso. Hoy, marchando por separado en las papeletas, los sondeos más generosos les otorgan un puñado testimonial de diputados: entre siete y nueve escaños para el proyecto de Sumar y un par para los de Podemos según 40dB., o doce sumando a ambas marcas en las estimaciones de IMOP. Una ruina.
Incluso los analistas de 40dB. se tomaron el trabajo de simular qué pasaría si se produjera un pacto milagroso de última hora entre ambas facciones. Bajo una lista conjunta, la izquierda alternativa subiría hasta el 9,5% de los sufragios y arañaría entre 15 y 19 asientos. Insuficiente para cambiar el color del próximo Gobierno.
En ese escenario ideal de reunificación, la suma de PP y Vox apenas bajaría de 198 a 196 escaños. Es decir, seguirían gozando de una holgadísima mayoría absoluta con 20 diputados de margen. La brecha entre los dos grandes bloques se ha vuelto directamente insalvable: la derecha roza o supera el 51% de los votos en toda España, mientras que el bloque de la investidura progresista se queda congelado en el entorno del 35%.
Movilizar al votante ya no salva al PSOE
En los despachos de la sede socialista de Ferraz solían repetir un viejo dogma como si fuera una oración sagrada: "Si la participación sube, la izquierda gobierna". Pues bien, la trampa de las próximas elecciones del 29N es que esa regla de tres ha dejado de funcionar.
Los modelos territoriales calculados por Demócrata a partir del barómetro del CIS muestran una paradoja que tiene desvelados a los estrategas del partido. Imaginemos una jornada electoral masiva, con las mesas a reventar y un 70% de participación sobre el censo. En ese escenario ideal, el PSOE salvaría los muebles con 121 diputados, calcando exactamente el resultado que cosechó Pedro Sánchez aquel caluroso 23 de julio de 2023.
Pero atentas a la jugada. Repetir los mismos diputados de entonces no sirve hoy para quedarse en el Palacio de la Moncloa. ¿Por qué? Muy sencillo. En 2023 la izquierda pudo frenar el paso al bloque conservador porque Alberto Núñez Feijóo se encalló en los 137 escaños y Vox se pegó un castañazo cayendo a 33. Pero para este 29N el reparto por circunscripciones dibuja una realidad completamente diferente.
El crecimiento constante de Vox le permite pescar en río revuelto y arrebatar los últimos escaños repartidos en las provincias del interior. En ese escenario del 70% de participación, mientras el PP cedería cinco asientos respecto a 2023 para quedarse en 132, Vox daría un salto gigante hasta situarse en 62 o 66 escaños.
De este modo, la pérdida marginal de los populares no debilita al bloque de la derecha; lo que hace es engordar el motor de la extrema derecha. Ambas formaciones sumarían 194 diputados. Y si la abstención aprieta un poco más y la participación cae al 67%, la suma sube a 195 escaños. Hagan las cuentas como quieran: la derecha siempre sale por encima de los 176 necesarios.
Feijóo regala 1,3 millones de votos a Abascal
Si uno quiere saber dónde se está cociendo la verdadera marejada política hay que mirar el estudio publicado por El Confidencial con datos de IMOP. Ahí se observa la magnitud del trasvase de voto dentro de las propias filas de la derecha.
Según esta proyección, Vox se consolida como la tercera fuerza indiscutible de España al alcanzar la friolera de 70 diputados. Eso son 37 representantes más de los que tiene hoy en día sentados en sus escaños. ¿De dónde sale semejante atracón de votos? Los paneles de trasvase de papeletas lo dejan claro: se trata de una sangría directa desde las filas del Partido Popular.
Aproximadamente 1,3 millones de personas que en 2023 votaron por Núñez Feijóo han decidido ahora meter en el sobre la papeleta de Santiago Abascal.
Este movimiento masivo cambia por completo el equilibrio de fuerzas dentro de la oposición. La distancia entre el PP y Vox se estrecha a solo 60 diputados. Con un reparto de 130 escaños para los populares y 70 para la extrema derecha, las condiciones de una futura negociación de gobierno no tendrán nada que ver con lo visto hasta ahora. La suma de ambos, que alcanzaría los 200 diputados, o 201 si contamos el escaño habitual de UPN, dejaría a un futuro Ejecutivo de coalición conservadora con un poder casi absoluto en el Congreso, inmune a las enmiendas o vetos del resto de la Cámara.
Fin de la geometría variable
En las pasadas legislaturas, los estrategas de Moncloa demostraron una habilidad casi de circo para hacer malabarismos con la geometría variable. Negociar una ley con el PNV por la mañana, apurar una votación con Bildu por la tarde y cerrar un pacto de investidura con Junts a medianoche. Esa compleja arquitectura parlamentaria ha sido el corazón del gobierno durante años.
Pero de cara al 29N, las piezas del puzle autonómico también están rotas. Aunque fuerzas como el BNG mejorarían su presencia pasando de uno a tres diputados, y tanto ERC como EH Bildu aguantarían el tipo con ocho y seis escaños respectivamente, el resto del bloque periférico se tambalea.
Las proyecciones de voto indican que Junts sufriría una caída considerable, pasando de siete a cuatro representantes. Y lo mismo le ocurre al PNV, que cedería un escaño clave para quedarse con solo cuatro asientos en la Cámara Baja.
Con estos números sobre la mesa, la vía de la negociación pragmática con los partidos de las comunidades autónomas queda totalmente fuera de juego. Ya no hay margen de maniobra. La fragmentación que antes permitía al PSOE articular mayorías alternativas se ha convertido ahora en una vía muerta.
Cuando las encuestas dibujan a un bloque de derechas que supera holgadamente el 50% del voto directo en todo el país y que amarra la mayoría absoluta con margen de sobra, la política deja de ser un juego de sutilezas. Lo que viene el 29 de noviembre no es un recuento más: es la confirmación de un cambio de ciclo con todas las de la ley.
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