Potus, destructor de la humanidad

Tras la instauración del nuevo desorden mundial por parte de Trump, múltiples conflictos en los que se ven involucradas las grandes superpotencias amenazan la seguridad y la paz global

08 de Enero de 2026
Actualizado a las 12:18h
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Trump en una imagen de archivo
El rey Donald sentado en su trono de Mar-a-Lago | Foto: The White House

Donald Trump ha abierto la caja de los truenos inaugurando la nueva era de la guerra de todos contra todos. La ley del más fuerte o ley de la selva. “Potus” [President Of The United States], así se comunica con los mortales el nuevo amo del mundo a través de las redes sociales, ha iniciado una escalada militar de consecuencias impredecibles. Tras el ataque contra Venezuela del pasado sábado, ha advertido de que entre sus objetivos está hacerse con la preciada isla de Groenlandia por las buenas o por las malas. Es decir, comprándosela a los independentistas que quieren romper con Dinamarca o tomándola por la fuerza, lo que desataría un conflicto sin precedentes entre Estados Unidos y Europa. Sin duda, "Potus" puede convertirse en el nuevo Hitler, en el nuevo destructor de la humanidad.

Y mientras las amenazas del magnate neoyorquino van tomando cuerpo, se producen los primeros incidentes que pueden detonar una conflagración mundial. Ayer, Estados Unidos interceptaba un petrolero ruso que supuestamente forma parte de una flota fantasma utilizada por Moscú para sortear las sanciones al sector energético en Venezuela tras una persecución de más de dos semanas a través del Atlántico, según ha confirmado la cuenta oficial X del Comando Europeo de los Estados Unidos.

La incautación, que aviva las tensiones con Rusia, se ha producido después de que el buque, originalmente conocido como Bella-1, eludiera el bloqueo marítimo estadounidense de petroleros sancionados y rechazara los intentos de la Guardia Costera estadounidense de abordarlo. Un funcionario, que ha hablado con la agencia Reuters bajo condición de anonimato, ha afirmado que la operación ha sido llevada a cabo por la Guardia Costera y el ejército estadounidense.

Rusia había enviado medios marítimos, incluyendo un submarino nuclear, para escoltar al petrolero en el punto de mira de Estados Unidos por formar parte, supuestamente, de la flota fantasma que emplea Moscú para sortear las sanciones al sector energético en Venezuela. Estos navíos, muchos de ellos buques petroleros, están sujetos a la prohibición de acceso a puertos y a la prohibición de prestación de una amplia gama de servicios relacionados con el transporte marítimo. Aunque la comunidad internacional tiene en su lista negra a cerca de 600 navíos, se calcula que la cifra total de buques que emplea el Kremlin es más del doble.

La situación es de máxima tensión planetaria. El propio Trump ha asegurado que ciertos conflictos actuales (especialmente la guerra entre Rusia y Ucrania) podrían escalar hacia un conflicto global si no se gestionan con cuidado. El presidente norteamericano ha asegurado que la prolongación de la guerra Rusia‑Ucrania podría “acabar en una tercera guerra mundial”. También ha expresado preocupación por el aumento de víctimas y la falta de avances diplomáticos. Algunos análisis geopolíticos señalan que tensiones simultáneas entre EEUU, Rusia y China podrían aumentar el riesgo de una escalada global, aunque esto depende de muchos actores y no solo del presidente estadounidense.

Trump no está anunciando que él vaya a iniciar una guerra, sino advirtiendo sobre el riesgo de escalada si los conflictos actuales continúan sin resolverse. Las decisiones militares de EEUU pasan por múltiples instituciones, no solo por el presidente. El riesgo de una guerra mundial depende de dinámicas internacionales complejas, no de un único líder.

Trump, como otros líderes, puede influir en la estabilidad global, pero no tiene el poder unilateral de iniciar una Tercera Guerra Mundial. Sus declaraciones reflejan preocupación por la escalada del conflicto en Europa del Este, no una intención de provocarla.

Los expertos coinciden en que no estamos al borde inmediato de una Tercera Guerra Mundial clásica, pero sí vivimos el periodo más inestable desde el final de la Guerra Fría. Tensiones crecientes entre grandes potencias (EEUU, Rusia y China) alimentan la percepción de riesgo global. Algunos análisis mencionan escenarios que podrían escalar: expansión del conflicto en Ucrania, un ataque de China a Taiwán, o un choque mayor en Oriente Medio. La cooperación estratégica entre Rusia y China genera incertidumbre sobre cómo reaccionarían ante un conflicto mayor.

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