Los datos no acompañan al relato. Mientras una parte del debate económico insiste en que contratar es cada vez más caro, las cifras sitúan a España lejos de los niveles de coste laboral de las principales economías europeas. La distancia no es coyuntural. Es estructural.
El coste laboral por hora en España ha subido. Un 3,5 por ciento en 2025. Hasta 26,4 euros. La cifra puede leerse como un incremento o como una posición relativa. En términos absolutos, sube. En términos comparados, sigue siendo baja.
La media de la Unión Europea se sitúa en 34,9 euros. La de la zona euro, en 38,2. No son diferencias marginales. Son brechas que reflejan modelos productivos distintos y niveles salariales más elevados en el centro y el norte de Europa.
Sin embargo, el debate interno tiende a concentrarse en otra idea. Que contratar en España resulta caro. Que las cotizaciones suponen una carga excesiva. Que el mercado laboral penaliza la creación de empleo. Es un argumento recurrente, pero difícil de sostener cuando se contrasta con los datos de Eurostat.
Competir con salarios contenidos
España no está en el grupo de países con costes más altos. Tampoco en el de los más bajos. Se sitúa en un tramo intermedio, pero claramente por debajo de las economías con mayor productividad. Alemania, Francia, Países Bajos o Dinamarca duplican en algunos casos el coste por hora español. No es que España sea cara. Es que otros pagan más.
Esa diferencia no se explica solo por las cotizaciones sociales. Los costes no salariales en España están en línea con la media europea e incluso por debajo de países como Francia o Suecia. El peso de esas cotizaciones no convierte a España en una excepción. Más bien lo contrario.
El argumento del coste suele aparecer ligado a la competitividad. Reducir costes para facilitar la contratación. Pero esa lógica tiene un límite evidente. Competir a la baja en salarios sitúa la economía en un terreno donde la productividad y el valor añadido quedan en segundo plano. Se abarata el empleo, pero no se mejora el modelo. El crecimiento reciente del empleo en España introduce un matiz. La creación de puestos de trabajo ha sido sostenida, incluso en un contexto de subida de costes. Eso cuestiona la relación directa entre coste laboral y contratación que a menudo se presenta como automática.
Al mismo tiempo, el mercado laboral sigue mostrando debilidades conocidas. Temporalidad más contenida que en el pasado, pero salarios moderados y trayectorias laborales irregulares en muchos sectores. El problema no es tanto el coste de contratar como la calidad del empleo generado.
En ese marco, insistir en que el principal obstáculo es el coste puede funcionar como simplificación interesada. Desplaza el foco de cuestiones más complejas como la productividad, la formación o la estructura empresarial.
España no está entre los países donde contratar resulta más caro. Está entre aquellos donde trabajar se paga menos en comparación con el entorno europeo. La diferencia no es menor. Cambia el diagnóstico y, con él, las soluciones posibles.