Los papeles desclasificados del 23F empiezan a arrojar nuevos datos hasta hoy desconocidos, como posibles contactos del rey Juan Carlos con los conjurados incluso cuando ya estaban arrestados y a la espera de juicio. Bajo el capítulo Sobre entrevistas de S.M el Rey con militares implicados en el 23F (5 de febrero de 1982), aparece una nota interior confidencial remitida al CESID (el entonces servicio de inteligencia español, hoy CNI), donde se trata sobre esos supuestos contactos entre la Casa Real y los golpistas. Y los informantes conceden credibilidad.
“En algunos núcleos cualificados de opinión cántabra, e incluso también en ambientes castrenses de la capital, se da por seguras algunas entrevistas confidenciales y sigilosas de S.M el Rey con algunos principales del intento del golpe de Estado del pasado febrero de 1981”, asegura la nota interna.
En concreto, se asegura que “alguien muy importante de la Casa Real” se ha entrevistado con el general Armada, “matizando con él comportamientos relativos a la vista oral del proceso; y que cuando de igual forma se quiso celebrar la entrevista con el general Milans del Bosch, este exigió que la entrevista se concretase con la propia personal real [se respeta el error de transcripción], no admitiendo intermediarios ni eslabones inferiores; y en tales círculos de opinión se asegura que en efecto el rey se ha entrevistado confidencialmente con el T.G. Milans del B.; se señala que por encima de todo se pretende que la Corona no salga lesionada del proceso y que en todo caso los intentos en tal sentido no provengan de los principales procesados y de reconocida vocación monárquica”. El juicio comenzó el 19 de febrero, unos días después de la nota informativa. Se desprende, por tanto, que Zarzuela pretendía minimizar el daño a la monarquía derivado de la información que fuese saliendo de la vista oral por la macrocausa.
Según el documento, que forma parte de los 153 archivos puestos al alcance de cualquier ciudadano que quiera consultarlos en el portal de Moncloa, se añade: “Y nos permitimos elevar a conocimiento superior tales informaciones porque: a) los opinantes no son ‘callebajeros’ [en el argot personas sin relevancia] e incluso alguno de ellos están integrados en el sector militar; b) porque los mismos aseguran como ciertos tales hechos; c) porque de no ser ciertos el rumor es grave; pero en todo caso y si fuesen de causalidad cierta también serían graves las ligerezas filtrantes. En todo caso, ratificamos que todo lo anterior no es rumor popular, sino perteneciente a parcelas de opinión oíbles y cuantitativamente restringidas”.
El juicio por el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 se celebró en el Servicio Geográfico del Ejército, situado en el acuartelamiento de Campamento, en Madrid. La vista, que duró tres meses, comenzó en febrero de 1982 en una sala acondicionada específicamente para los procesados. Los principales acusados (Tejero, Milans del Bosch, Armada) durmieron en la residencia de oficiales durante el proceso. Aunque el golpe se orquestó en diferentes puntos de España, el juicio principal se llevó a cabo en este recinto militar madrileño. Salvo Tejero y Milans, condenados a 30 años de prisión (aunque el tribunal recomendaba que las penas se redujeran a 20), la mayoría de los acusados lo fueron a castigos menores de entre tres y seis años. Los tenientes fueron absueltos. El pacto del capó, por el que Tejero pidió al Estado benevolencia con sus subordinados, se había consumado.
Según Paul Preston, el rey “estaba totalmente exasperado” por las continuas insinuaciones de su implicación en el 23-F. En su discurso de la Pascua Militar de enero de 1982, denunció la campaña de difamación de la que estaba siendo objeto diciendo que tenía “la mentira como lema, la confusión como método, y la afrenta como objetivo”. “Nadie habrá podido escuchar de mí la menor protesta ni descubrir el más insignificante esfuerzo por defenderme de unas calumnias que merecen tan sólo el más rotundo de los desprecios. Nadie habrá podido dudar de mi serenidad y de mi prudencia, porque pensaba y pienso que no debo descender a rebatir falsedades ni a justificar conductas… Pero permitidme, que hoy, en esta Pascua nuestra, cuando estoy hablando a queridos compañeros de armas en un tono de confianza y sinceridad, deje una breve pero profunda constancia tanto de mi dolor por los lamentables procedimientos que algunos utilizan como del agradecimiento a cuantos han sabido rechazar la propaganda insidiosa y mendaz”. Don Juan Carlos también dijo que “la voluntad de los Ejércitos no puede ser otra que la de la Nación. Que nadie pretenda erigirse en salvador de sus compatriotas contra la voluntad de estos”.
