Interinos: Sánchez mide hoy la fuerza del colectivo

El presidente del Gobierno es consciente de que tras la sentencia Obadal, la única salida que le queda es la fijeza pero el colectivo tiene que hacer más fuerza para torcer ese brazo

29 de Abril de 2026
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Interinos: Fijeza Ya anti SLAPP
Imagen de fondo: FreePik

Hoy, 29 de abril de 2026, se ha convertido en una fecha clave en el conflicto del abuso de temporalidad en el empleo público en España, un punto de inflexión que trasciende lo jurídico para instalarse de lleno en el ámbito político y social. Llega apenas días después de la contundente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en el conocido caso Obadal, un fallo que cuestiona de raíz el modelo español de gestión de los trabajadores interinos y que ha abierto una crisis estructural en la Administración.

Durante décadas, cientos de miles de empleados públicos temporales llevan sosteniendo servicios esenciales en situación de precariedad, encadenando contratos temporales en lo que Europa considera un abuso sistemático. La respuesta del Gobierno de Pedro Sánchez, cristalizada en la Ley 20/2021, ha quedado ahora en entredicho. El TJUE ha sido claro: las soluciones adoptadas, desde la figura del “indefinido no fijo” hasta las indemnizaciones tasadas o los procesos de estabilización, no son ni efectivas ni disuasorias, y por tanto no cumplen con el Derecho de la Unión.

La sentencia ha desencadenado un efecto inmediato en los tribunales españoles, que han comenzado a dictar resoluciones alineadas con el criterio europeo. Casos como el de una investigadora vinculada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Vigo, con una indemnización superior a los 50.000 euros, o el de un trabajador público en Badajoz, evidencian un cambio de paradigma: el daño por abuso de temporalidad ya no se vincula únicamente al despido, sino al propio tiempo trabajado en condiciones precarias.

Desde el punto de vista jurídico, todo gira ahora en torno a una cuestión clave: cómo reparar un abuso estructural que se ha prolongado durante años sin mecanismos sancionadores eficaces. El TJUE no impone directamente la fijeza, pero sí estrecha tanto las alternativas que, en la práctica, muchos juristas consideran que la conversión en empleo estable se convierte en la única solución compatible con la normativa europea.

En este escenario, el papel del Tribunal Supremo será determinante, dado que deberá fijar doctrina en las próximas semanas, en un contexto de enorme presión institucional y con miles de procedimientos pendientes. Se calcula que entre 30.000 y 40.000 casos están actualmente en los tribunales, mientras que cerca de un millón de trabajadores siguen en situación de temporalidad, de los cuales más de 100.000 estarían en abuso.

Pero el conflicto no es solo jurídico. El problema de la temporalidad es también político y social, con especial impacto en la administración local y en la llamada España rural. Según datos expuestos por la Asociación Nacional de Secretarios, Interventores y Tesoreros Interinos, entre un 30% y un 40% de los puestos clave en ayuntamientos están ocupados por interinos, con cifras que alcanzan el 70% en algunas provincias. Esto no solo afecta a los trabajadores, sino que compromete la estabilidad institucional de miles de municipios.

Las voces jurídicas coinciden en señalar que España arrastra un incumplimiento prolongado del Derecho europeo, vinculado a la Directiva 1999/70 sobre trabajo temporal. Durante más de dos décadas, las administraciones han operado sin sanciones reales por el abuso, generando lo que algunos expertos califican como un “sistema de impunidad estructural”.

En paralelo, el debate ha alcanzado el terreno constitucional. Juristas como Gerardo Pérez advierten de que la temporalidad abusiva vulnera principios básicos como la seguridad jurídica y la igualdad en el acceso al empleo público, cuestionando así uno de los pilares del sistema administrativo. Frente a ello, crece la presión para que el gobierno adopte una solución definitiva, con propuestas que van desde la fijeza automática hasta figuras como el “fijo a extinguir”. Tal y como publicamos en Diario Sabemos, fuentes cercanas al Gobierno señalaron que Moncloa ya habría pedido antes de la sentencia Obadal un informe sobre la fijeza. 

El componente social del conflicto añade una dimensión aún más compleja. Detrás de las cifras hay trayectorias profesionales de décadas en situación de precariedad, trabajadores que han sostenido servicios públicos sin estabilidad ni reconocimiento. Testimonios como el de empleados con más de 30 años como interinos reflejan un problema que ya no puede abordarse como una anomalía puntual, sino como una falla estructural del sistema.

La reciente sentencia del TJUE ha cambiado las reglas del juego. Ha cerrado la puerta a las soluciones parciales y ha obligado a replantear todo el modelo, abriendo además la vía a nuevas reclamaciones tanto de fijeza como de indemnizaciones más elevadas. Incluso introduce un elemento clave: la posibilidad de reclamar con efectos retroactivos, lo que podría multiplicar el impacto económico para las administraciones.

En este contexto, la movilización de hoy no es solo una protesta, sino una expresión de un conflicto que ha alcanzado su punto crítico. La presión sobre el Gobierno, el Parlamento y los tribunales es máxima. La cuestión ya no es si habrá cambios, sino qué modelo sustituirá a un sistema que Europa ha declarado insuficiente.

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