Inflación y pérdida de poder adquisitivo de los norteamericanos: el fracaso del proteccionismo de Trump

Ya avanzada la legislatura de su segundo mandato, el presidente estadounidense no ha conseguido hacer realidad su lema de campaña Make America Great Again

10 de Enero de 2026
Actualizado el 12 de enero
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Ciudadanos norteamericanos en una cola del hambre en la América marcada por el proteccionismo de Trump
Ciudadanos norteamericanos en una cola del hambre en la América marcada por el proteccionismo de Trump

El desafío de Trump al mundo tiene mucho que ver con su caída en los índices de popularidad en Estados Unidos. Dos de cada tres estadounidenses desaprueban su política económica que no ha podido hacer grande a América otra vez, sino solo más pobre. La evolución reciente de los precios es clarificadora al respecto. Los datos muestran que la inflación en el país sigue registrando aumentos importantes en energía y alimentación, que son los sectores que más afectan al bolsillo.

Según los datos de diciembre de 2025, la gasolina se ha encarecido casi un 1 por ciento; el gas natural un 9,1 y el fuel oil un 11,3 por ciento. En general, el índice energético total se dispara una media de un 4,2 por ciento. La energía es uno de los motores principales de la inflación reciente, especialmente el gas natural y el fuel oil.

Pero la inflación tiene otra cara que castiga a la población norteamericana; los precios de los alimentos aumentaron un 2,6 por ciento anual según los últimos datos disponibles. Además, informes recientes destacan subidas notables en productos básicos como huevos, carne y productos frescos, contribuyendo al repunte de la inflación mensual. En cuanto a vivienda y servicios (incluye electricidad) el coste de la vivienda subió un 3% anual. La electricidad está incluida dentro del índice energético y ha mostrado incrementos, aunque menores que el gas natural. La inflación anual más reciente se sitúa en 2,7%. En meses anteriores llegó a subir hasta el 3%, impulsada por alimentos, gasolina y coches usados.

La política económica de Donald Trump en su segundo mandato está fracasando. Se caracteriza por una combinación de rebajas fiscales masivas, tarifas generalizadas, dureza comercial, restricciones migratorias y desregulación. Aunque sus defensores la presentan como una estrategia para “revivir la prosperidad estadounidense”, numerosos análisis advierten de riesgos estructurales, costes ocultos y efectos regresivos.

Las rebajas fiscales no están teniendo éxito. Bloomberg señala que los nuevos recortes fiscales de Trump generarán entre 30.000 y 100.000 millones de dólares en devoluciones durante 2026. Sin embargo, varios economistas advierten que aumentan el déficit estructural; benefician de forma desproporcionada a rentas altas y corporaciones; y no generan crecimiento sostenido, sino un impulso temporal. Además, el FMI anticipa que las medidas arancelarias pueden deteriorar la posición fiscal de EEUU a medio plazo. En cuanto a las tarifas generalizadas, se ha establecido un impuesto encubierto para el consumidor. El Penn Wharton Budget Model estima que el plan arancelario de Trump podría reducir el PIB a largo plazo un 6%; reducir los salarios un 5%; suponer una pérdida de 22.000 dólares para un hogar medio a lo largo de su vida. Aunque los aranceles generan ingresos (hasta 5,2 billones de dólares en 10 años según el mismo informe), funcionan como un impuesto indirecto que encarece importaciones, eleva precios y reduce competitividad.

El giro proteccionista crea tensiones globales y represalias. El FMI advierte que la política comercial de Trump (basada en tarifas, renegociaciones agresivas y presión bilateral) puede provocar fragmentación del comercio global; represalias de grandes economías; e inestabilidad en mercados financieros. Por si fuera poco, lleva a la desregulación, frena el impulso empresarial y genera riesgos sistémicos. Trump ha impulsado una agenda de desregulación en sectores como la energía, las finanzas, el medio ambiente y la industria pesada. Sus críticos señalan que esta estrategia puede aumentar riesgos financieros y debilitar estándares ambientales. Sin duda, también favorece a las grandes corporaciones frente a pequeñas y medianas empresas. Ni que decir tiene que el consumidor ve reducidos sus derechos.

En cuanto a las restricciones migratorias: tienen un impacto negativo en el mercado laboral. El FMI y múltiples analistas coinciden en que limitar la inmigración reduce la oferta laboral. También aumenta presiones salariales inflacionarias y resta dinamismo a sectores dependientes de mano de obra extranjera. En último término afecta a la innovación y al emprendimiento. Todo ello trae devastadores efectos sociales: desigualdad y polarización. Aunque algunos hogares reciben devoluciones fiscales, los análisis críticos destacan que los beneficios se concentran en rentas altas. Los aranceles encarecen bienes básicos, la vivienda y la energía siguen subiendo y la clase media absorbe la mayor parte del coste inflacionario.

La política económica de Trump combina estímulos fiscales de corto plazo con un proteccionismo agresivo que, según numerosos análisis, pone en riesgo el crecimiento a largo plazo, aumenta el déficit, encarece el coste de vida y debilita el orden económico internacional. Sus defensores hablan de “prosperidad” y “soberanía económica”, pero los datos muestran que el coste estructural puede ser elevado y recaer principalmente en clases medias y trabajadoras. Trump fracasa y se entrega a su enloquecida guerra contra el mundo. Ese es el único remedio que se le ha ocurrido para recuperarse de sus bajos índices de popularidad.

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