Feijóo empieza a enseñar el país que quiere gobernar

Las bajas laborales, los salarios, la protección social y el giro migratorio del PP dejan pistas sobre un proyecto que conserva el envoltorio de la moderación mientras endurece buena parte de su agenda

01 de Septiembre de 2026
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Feijóo empieza a enseñar el país que quiere gobernar

Alberto Núñez Feijóo lleva cuatro años explicando por qué Pedro Sánchez no debería seguir gobernando España. A medida que se acerca 2027 empieza a resultar bastante más interesante escuchar qué piensa hacer él si finalmente consigue sustituirlo.

Las respuestas van apareciendo en discursos, entrevistas y acuerdos autonómicos. No forman todavía un programa electoral, pero permiten observar hacia dónde mira el presidente del PP cuando habla de corregir algunos de los problemas del país.

Uno de los ejemplos más claros llegó en julio. Ante empresarios reunidos en Bilbao, Feijóo calificó el absentismo laboral como un «cáncer que no podemos pagar», cuestionó que un trabajador de baja pueda mantener el cien por cien de su salario gracias a los complementos establecidos en convenio y aseguró que había que actuar «con o sin acuerdo» sindical. El PP matizó después que se refería al absentismo fraudulento y reconoció que su presidente no se había explicado bien.

El problema es que la precisión llegó después. En aquella intervención, la incapacidad temporal y el absentismo terminaron compartiendo diagnóstico sin que Feijóo diferenciase entre bajas justificadas e injustificadas.

Y entre todas las posibles respuestas a un fenómeno complejo, el futuro candidato a la presidencia decidió poner sobre la mesa cuánto cobra un trabajador mientras está enfermo.

El trabajador aparece en la columna de costes en las cuentas de Feijóo

No es difícil reconocer una determinada mirada económica detrás de aquella intervención. Los derechos laborales vuelven a ser observados desde el coste que representan para la empresa antes que desde la protección que proporcionan a quien trabaja.

El salario mínimo ofrece un buen ejemplo. En 2026 ha alcanzado los 1.221 euros mensuales en catorce pagas después de subir un 3,1%. Desde 2018 el incremento acumulado alcanza el 66%. Durante buena parte de estos años, cada subida estuvo acompañada de advertencias sobre sus consecuencias para el empleo y la competitividad. España ha terminado elevando considerablemente el suelo salarial sin que se produjera la devastación laboral anunciada alrededor de algunas de aquellas decisiones.

La reforma laboral dejó otra historia conocida. El PP votó en contra en el Congreso y, pasado el tiempo, Feijóo terminó comprometiéndose a mantener sus elementos fundamentales. Una política que había sido rechazada por su partido resultó bastante menos intolerable una vez comprobados sus efectos. Buena parte de las políticas laborales que el PP combate mientras se aprueban dejan de parecer tan insoportables cuando llevan algún tiempo funcionando.

Con las pensiones la situación es distinta y conviene no fabricar una polémica donde no existe. Feijóo no propone reducirlas. El PP ha defendido su actualización conforme al IPC y llegó a presentar una iniciativa para garantizarla incluso con los Presupuestos prorrogados. Aunque la tendencia de la derecha, de todos es sabida, es la de congelarlas. 

La cuestión interesante aparece más allá de las pensiones. Está en el perímetro de protección social que el PP estaría dispuesto a mantener, revisar o adelgazar cuando tenga que transformar sus discursos económicos en decisiones de Gobierno. Porque las bajas laborales ya han dejado una pista.

Vox ya no necesita convencer al PP de todo

El movimiento más visible se ha producido en inmigración. Feijóo llegó a Madrid ofreciendo algo que el PP necesitaba después de la etapa de Pablo Casado, recuperar el centro político y contener a Vox sin competir con él en cada endurecimiento del discurso. La derecha radical debía quedar reducida por la existencia de un partido conservador más amplio y capaz de gobernar solo. Cuatro años después, Vox sigue ahí y algunas de sus ideas también están ya dentro.

El acuerdo de gobierno firmado por PP y Vox en Extremadura incorpora la «prioridad nacional» en el acceso a vivienda protegida, alquiler social, ayudas, subvenciones y prestaciones. El concepto forma parte desde hace años del repertorio político de Vox y el pacto lo llevó después al debate nacional.

El PP ha defendido que esa prioridad se traducirá en criterios de arraigo, tiempo de residencia y vinculación con el territorio, sin discriminar por pasaporte. Incluso Vox ha reconocido que su aplicación deberá respetar los límites legales. Eso explica cómo pretende aplicarse. No explica por qué el principal partido de la derecha española ha terminado aceptando como propio un concepto que Vox llevaba años intentando introducir en la agenda política.

Ahí está probablemente el éxito más importante de Santiago Abascal. No necesita convertir a Feijóo en un dirigente de Vox. Le basta con conseguir que determinadas ideas de Vox dejen de parecer propias de un partido situado a la derecha del PP.

La crisis de Ceuta ha vuelto a mostrar esa competición. Feijóo ha endurecido enormemente su ofensiva migratoria contra el Gobierno y Vox ha respondido elevando todavía más el listón.  Ruptura del Tratado de Amistad con Marruecos, deportaciones, «remigración», un muro en Ceuta y hasta la utilización de la Armada. Así funciona una carrera en la que uno de los competidores siempre puede avanzar unos metros más.

La moderación empieza a quedarse en el tono

Feijóo conserva buena parte de la imagen con la que llegó a la política nacional. Habla como un gestor, evita generalmente la estridencia de Vox y continúa presentándose como la alternativa previsible después de los años de confrontación alrededor de Sánchez. Un Gobierno, sin embargo, no se define por el tono de voz de su presidente.

Feijóo ha dicho que no llegó a la política nacional para «conformarse con lo que herede». También asegura que las críticas recibidas por sus últimas propuestas le confirman que va «por el buen camino». Entre esas polémicas estaba precisamente la provocada por sus palabras sobre las bajas laborales y habría que tomárselo en serio. Porque gobernar obliga a abandonar la comodidad de los grandes conceptos y, «Reformar», «ordenar», «hacer sostenible» o «acabar con los abusos» suenan razonables hasta que llega el momento de decidir a quién afecta cada medida.

En julio vimos a Feijóo abrir el debate sobre lo que cobra un trabajador enfermo. En Extremadura hemos visto al PP aceptar la «prioridad nacional» para cerrar un acuerdo con Vox. Y durante estos años hemos visto cómo algunas políticas laborales que inicialmente combatió la derecha terminaron incorporándose al paisaje económico sin provocar el desastre que se había pronosticado.

Feijóo quiere presentarse en 2027 como el regreso a la normalidad después de Sánchez. Esa puede ser una propuesta electoral eficaz, pero dice muy poco sobre el país que vendrá después. Para conocerlo resulta bastante más útil escuchar las cosas que el líder del PP empieza a decir cuando se aleja de los grandes mítines y entra en asuntos concretos. La moderación de Feijóo sigue siendo perfectamente reconocible en las formas. Cada vez cuesta más encontrarla en algunas de las políticas que empieza a poner sobre la mesa.

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