Feijóo permite que el PP se meta en el estercolero moral de Vox

El Partido Popular no ha podido siquiera esperar a que terminara el luto nacional por las víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz para lanzarse al ataque contra el gobierno, todo ello provocado por el miedo que en Génova hay a Vox

23 de Enero de 2026
Actualizado a la 13:13h
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Feijoo Vox estercolero
Feijóo reunido con su plana mayor en la sede de la calle Génova | Foto: PP

En política, el tiempo importa tanto como el mensaje. Y hay momentos (muy pocos) en los que incluso la confrontación legítima debería someterse a una pausa moral. El accidente ferroviario de Adamuz, con decenas de víctimas mortales y equipos de rescate aún trabajando sobre el terreno, es uno de ellos. Sin embargo, el Partido Popular ha demostrado una vez más que no sabe (o no quiere) esperar.

Mientras el país sigue oficialmente de luto y las tareas de identificación no han concluido, la maquinaria de oposición del PP ya está en marcha, afinando el discurso, endureciendo el tono y preparando el terreno para un ataque frontal contra el Gobierno de Pedro Sánchez. No se trata solo de fiscalización política. Se trata de ansiedad electoral.

Luto, trámite incómodo para el PP

Alberto Núñez Feijóo ha cuestionado públicamente por qué el Gobierno no adoptó antes medidas de seguridad ferroviaria. La pregunta es legítima. El momento elegido, no tanto. El líder del PP habla de “semana negra ferroviaria” mientras los cadáveres aún no han sido entregados a todas las familias y los maquinistas entierran a sus compañeros.

Formalmente, Génova asegura que esperará a que concluya el luto oficial para pedir responsabilidades políticas. En la práctica, la campaña ya ha empezado. Según ha publicado El País, en los pasillos de Fitur, varios presidentes autonómicos populares presionan para “endurecer el tono” en cuanto el reloj marque el final del luto. No mañana. A medianoche. Como si el duelo nacional fuera un interruptor administrativo.

El mensaje interno es claro: no se puede perder ni un día más. Es decir, el respeto por los muertos tiene fecha y hora de caducidad. 

Vox siempre está ahí

¿Por qué esta prisa? Porque el PP no compite solo contra el Gobierno, sino contra su propio flanco derecho. En privado, dirigentes populares lo admiten sin rodeos: “esto puede beneficiar a Vox”, especialmente en territorios como Aragón. El miedo no es abstracto; es aritmético.

La tragedia ferroviaria no solo es un drama humano. Es, para el PP, un riesgo electoral. Vox crece cuando el discurso se radicaliza, cuando la indignación se canaliza sin matices y cuando la oposición parece tibia. Y eso explica por qué el PP se siente obligado a sobreactuar.

De ahí el respaldo cerrado de la dirección nacional a las acusaciones de Isabel Díaz Ayuso, que habla sin ambages de “caos”. De ahí que la portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, eleve el tono hasta acusar al ministro Óscar Puente de “miseria moral”. De ahí, también, que se instale la idea de inseguridad generalizada: “¿Cojo el tren?”, se pregunta retóricamente el PP en nombre de los ciudadanos.

Explotación política

Nada de esto equivale todavía a una petición formal de dimisiones. Esa bala se guarda para después. Pero el relato ya está construido: el Gobierno es irresponsable, la red ferroviaria es caótica y el ministro no está a la altura. El PP exige un pleno extraordinario y una auditoría independiente. Propuestas razonables, sí. Envuelto todo en una estrategia de presión constante.

Lo que resulta más revelador no es lo que el PP dice, sino lo que no hace. No hay una llamada clara a la contención, ni un reconocimiento explícito de que el país aún está de duelo. El luto aparece como una formalidad que hay que respetar de puertas afuera, mientras por dentro se afilan los cuchillos.

La derecha, atrapada por sus miedos

Feijóo intenta proyectar una imagen de liderazgo institucional, incluso hablando por teléfono con el secretario general del sindicato de maquinistas. Pero su partido se mueve en otra lógica: la del pánico a ser desbordado por Vox. En esa carrera, la moderación es vista como debilidad y el silencio como complicidad.

El resultado es una oposición que no espera a que terminen los funerales para empezar la batalla, que mide el luto en horas y que convierte una tragedia nacional en un campo de ensayo político. No porque no haya responsabilidades que depurar, sino porque el calendario electoral pesa más que el calendario del duelo.

En el fondo, el accidente de Adamuz ha dejado al descubierto algo más que las grietas del sistema ferroviario español. Ha expuesto también las grietas de una derecha que teme perder el control de su propio discurso. Y cuando el miedo manda, incluso el silencio se vuelve insoportable.

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