Por más que se pretenda dar una imagen de respaldo unámime al líder supremo, como sucede en las sectas, la realidad es que cada día que pasa se incrementa el número de militantes del PSOE críticos con el secretario general y la Ejecutiva Federal sanchista. Tanto es así, que una de las corrientes más críticas ha exigido por escrito que Pedro Sánchez no se presente a las próximas elecciones generales y reclama una gestora que convoque un congreso extraordinario de forma inmediata. El llamamiento, lanzado públicamente antes del Comité Federal previsto para este sábado en Madrid, introduce una variable que cambia radicalmente la naturaleza del encuentro: ya no será solo la derecha, la ultraderecha o Podemos quienes cuestionen el liderazgo del actual secretario general del PSOE, sino que el ruido vendrá esta vez desde dentro de la propia casa socialista.
La fractura que el sanchismo no quiere nombrar
El Comité Federal del próximo sábado no será el encuentro cordial entre siervos. La corriente ReActiva, que agrupa a militantes y cargos históricos del Partido Socialista Obrero Español, ha hecho algo políticamente costoso y deliberadamente calculado: ha puesto por escrito lo que muchos dirigentes, diputados, senadores solo se atreven a susurrar en los pasillos. Su comunicado, en términos de derecho interno de partido, constituye un ejercicio de disidencia orgánica que coloca al secretario general ante una encrucijada de difícil resolución sin que ninguna de las salidas resulte inocua.
La petición central es jurídica y políticamente explosiva: que Sánchez abra un "espacio generoso" a una transición de liderazgo y no concurra como candidato en las próximas elecciones generales, que ReActiva exige se convoquen antes de que termine el año. En el lenguaje de los estatutos socialistas, esto equivale a pedir la cabeza del líder sin usar esa expresión, sustituyéndola por el eufemismo de la "renovación normalizada". La diferencia entre un motín y una reflexión estratégica, en política, es casi siempre cuestión de redacción.
El marco jurídico de la disidencia interna
La maniobra de ReActiva se mueve en los límites de lo formalmente admisible. Los estatutos del PSOE garantizan la libertad de expresión interna y el derecho a la corriente de opinión, figuras jurídicas que amparan exactamente este tipo de manifiestos. Sin embargo, la petición de una gestora que convoque un congreso extraordinario de forma inmediata choca frontalmente con las prerrogativas del secretario general y de la Comisión Ejecutiva Federal, que son los únicos órganos con capacidad estatutaria para impulsar esa convocatoria de forma ordinaria.
La exigencia de una gestora implica, en términos de derecho orgánico interno, la renuncia previa o la inhabilitación del secretario general, lo que convierte el comunicado de ReActiva en algo más que una declaración política: es, en la práctica, un procedimiento de destitución formulado en clave deliberativa. Que lo planteen ante el Comité Federal, el máximo órgano entre congresos, no es casual. Es el único foro con legitimidad suficiente para presionar al aparato sin salirse del cauce estatutario.
Los escándalos que matan al sanchismo
El núcleo del argumentario de ReActiva descansa en una tesis que combina lo moral y lo electoral con una precisión casi forense: el partido atraviesa una crisis de credibilidad agravada por escándalos de presunta corrupción, conductas irregulares y actuaciones políticas que contradicen los principios socialdemócratas. Esta formulación no es inocente. Al utilizar el término "presunta corrupción", la corriente crítica no solo hace referencia a investigaciones judiciales en curso, sino que sitúa el debate en el terreno de la contabilidad democrática, donde la presunción de inocencia convive con la exigencia política de transparencia.
El contexto al que apuntan sin nombrarlo directamente es suficientemente conocido: la instrucción de causas que afectan al entorno del Gobierno, las informaciones sobre el caso que involucra a la esposa del presidente y las investigaciones sobre contratos públicos que han salpicado a personas próximas al aparato del poder. Ninguna de estas circunstancias ha producido condenas firmes, pero en política los tiempos judiciales y los tiempos electorales raramente coinciden, y ReActiva opera deliberadamente en esa fractura.
El mapa electoral, una prueba de cargo
Si el argumento jurídico es el andamiaje, el electoral es el cemento. ReActiva construye su caso sobre una geografía de derrotas que resulta difícil de rebatir desde la dirección federal: Andalucía y Extremadura, feudos históricos del socialismo español durante décadas, ya no son territorio socialista, y la corriente crítica lo señala con una precisión que duele más porque no miente. A estos territorios añaden los "peores resultados en Aragón" y la incapacidad crónica para disputar Castilla y León al PP, comunidad autónoma en la que el Partido Popular lleva 39 años en el poder sin solución de continuidad.
Este inventario de pérdidas no es solo un balance electoral: es, en términos de legitimidad política interna, un cuestionamiento del liderazgo basado en resultados objetivos y verificables. La eficacia electoral es uno de los criterios implícitos que los militantes y cuadros utilizan para evaluar a sus dirigentes. Cuando esa eficacia desaparece de forma sostenida, la pregunta sobre la continuidad del liderazgo deja de ser disruptiva para convertirse en obligatoria.
El sábado ya no será un trámite
La trascendencia del Comité Federal de este sábado no radica en que ReActiva vaya a ganar la votación o a imponer su agenda, sino en que ha conseguido hacer visible una grieta que el aparato sanchista necesitaba mantener invisible. La distinción entre un problema contenido y un problema público es definitiva: antes del comunicado de ReActiva, la disidencia era un rumor; ahora está en negro sobre blanco.
Sánchez llega al Comité Federal en una posición más débil de lo que sugieren las mayorías formales con las que todavía cuenta. Una cosa es tener los votos del aparato orgánico y otra distinta es gobernar con la autoridad moral intacta. ReActiva no tiene los primeros, pero está cuestionando la segunda, que en términos de gobernabilidad a largo plazo es la que realmente importa.
El Comité Federal de este sábado, en definitiva, no resolverá nada, pero lo puede cambiar todo. No porque vaya a deponer a ningún líder ni a aprobar ninguna gestora, sino porque introducirá en el debate público la constatación de que la crisis del PSOE ya no es un relato construido por sus adversarios políticos, sino una realidad documentada por sus propios militantes. Eso, en política, es el principio del fin de una narrativa. Y las narrativas, cuando se rompen, no se reparan con propaganda o de represión.