Ayuso y el Proyecto 2025 convergen ideológicamente

Las semejanzas entre Ayuso y el proyecto del aquelarre ultra de la Heritage Foundation consolidan un lenguaje político transatlántico que privilegia la confrontación, desconfía de las instituciones y reinterpreta la democracia

26 de Enero de 2026
Actualizado el 02 de febrero
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Ayuso Trump Jedis
Imagen creada con la herramienta de IA Grok de X

Aunque separados por un océano y por sistemas políticos formalmente distintos, el proyecto político de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid y el denominado Proyecto 2025 de la Heritage Foundation comparten una arquitectura ideológica sorprendentemente convergente. No se trata de una traslación literal de políticas ni de una coordinación explícita, sino de una sintonía doctrinal que refleja la emergencia de una derecha liberal-conservadora radicalizada, escéptica del Estado regulador y dispuesta a tensionar los equilibrios institucionales en nombre de la libertad individual y el mandato electoral.

El Proyecto 2025, diseñado por la Heritage Foundation como hoja de ruta para la segunda presidencia de Donald Trump, propone una reconfiguración profunda del Estado federal estadounidense. Su objetivo es reducir la autonomía de la burocracia, recentralizar el poder ejecutivo, debilitar los contrapesos administrativos y convertir la victoria electoral en una legitimación para una transformación estructural del aparato público. En Madrid, el ayusismo ha operado bajo una lógica comparable, utilizando la Comunidad de Madrid como banco de pruebas ideológico frente al Gobierno central y como escaparate de una alternativa cultural al social-liberalismo dominante en Europa occidental.

Una de las coincidencias más evidentes es la concepción del Estado como obstáculo. Tanto en el discurso de Ayuso como en los documentos del Proyecto 2025, la Administración aparece descrita como un ente sobredimensionado, capturado por élites progresistas y alejado de la voluntad popular. La respuesta, en ambos casos, no es una reforma incremental, sino una estrategia de confrontación con el funcionariado, los organismos reguladores y los consensos técnicos. La política deja de ser gestión y pasa a ser combate cultural.

El segundo paralelismo reside en el uso de la libertad individual como concepto totalizante. En el ideario de Ayuso, la libertad se convierte en un significante expansivo que justifica desde rebajas fiscales hasta la oposición frontal a restricciones sanitarias, regulaciones ambientales o políticas redistributivas. El Proyecto 2025 adopta una lógica similar, redefiniendo la libertad no como equilibrio entre derechos, sino como desregulación sistemática y supremacía del individuo frente al Estado, incluso cuando ello erosiona derechos colectivos o garantías institucionales.

Ambos proyectos también coinciden en su relación instrumental con las instituciones democráticas. Ayuso ha cultivado una narrativa en la que el mandato electoral legitima una política de choque permanente contra el Gobierno central, los tribunales o los medios críticos. El Proyecto 2025, por su parte, plantea explícitamente la necesidad de ocupar el Estado desde dentro, reemplazando cuadros técnicos por perfiles ideológicamente alineados y subordinando la neutralidad administrativa a la lealtad política. En ambos casos, la democracia se concibe menos como un sistema de equilibrios y más como una mayoría con derecho a imponer un proyecto sin mediaciones.

Otro punto de convergencia clave es la guerra cultural. Ayuso ha convertido Madrid en un escenario de resistencia simbólica contra lo que define como “consenso progresista”, atacando políticas de memoria histórica, igualdad de género o diversidad cultural. El Proyecto 2025 de la Heritage Foundation articula una estrategia análoga, identificando universidades, medios de comunicación y agencias federales como focos de una hegemonía ideológica que debe ser desmantelada. En ambos discursos, el adversario no es solo político, sino moral y civilizatorio.

Finalmente, tanto el ayusismo como el Proyecto 2025 comparten una comprensión del liderazgo basada en la personalización del poder. La figura de Ayuso se presenta como encarnación directa de la voluntad popular madrileña, del mismo modo que el plan de la Heritage Foundation se construye alrededor de un Ejecutivo fuerte, capaz de gobernar por encima de inercias institucionales. El liderazgo se redefine como capacidad de ruptura, no de consenso.

Las semejanzas entre Isabel Díaz Ayuso y el Proyecto 2025 indican la consolidación de un lenguaje político transatlántico que privilegia la confrontación, desconfía de las instituciones y reinterpreta la democracia como un instrumento de transformación ideológica. Madrid y Washington operan en escalas distintas, pero participan de una misma corriente: la de una extrema derecha que ya no aspira solo a gobernar, sino a destruir el Estado desde sus cimientos.

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