Delcy Rodríguez, entre la fidelidad y la traición al chavismo

La decisión de Trump de mantener a la mano derecha de Nicolás Maduro en el poder deja interrogantes sin resolver tras el derrocamiento del régimen

13 de Enero de 2026
Actualizado el 14 de enero
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Delcy Rodríguez jura el cargo como presidenta encargada tras el derrocamiento de Nicolás Maduro
Delcy Rodríguez jura el cargo como presidenta encargada tras el derrocamiento de Nicolás Maduro

El papel político de Delcy Rodríguez ha sido muy cuestionado tras la detención de Nicolás Maduro en la audaz operación militar llevada a cabo por Estados Unidos al margen de la legalidad internacional. Mano derecha del presidente chavista, muchos en Venezuela se preguntan cómo pudo ser que Donald Trump derrocara a Maduro para dejarla a ella en el poder, en calidad de presidenta encargada, dando continuidad al régimen bolivariano y descartando a la que parecía la elegida: la opositora y premio Nobel de la Paz María Corina Machado, que incluso se ofreció a compartir su galardón con el presidente estadounidense a cambio de que la colocara en el poder venezolano. Todo demasiado sospechoso.

“El Pentágono siempre ha tenido como objetivo estratégico las reservas de Venezuela de petróleo (…) No hay duda de que uno de los objetivos estratégicos es lo que llaman cambio de régimen”, asegura el New York Times. En medio del golpe, Rodríguez se apresuró a emitir un comunicado en el que aseguraba que Venezuela estaba explorando la posibilidad de restablecer los lazos diplomáticos y enviar una delegación a Washington. Aquello calmó la ira del nuevo emperador Trump, que empezó a ver más cercanos sus objetivos: todo el petróleo en sus manos. Delcy se lo estaba poniendo en bandeja de plata a cambio de algo tan simple como perdonarle la extradición para ser juzgada en Nueva York y dejarla un rato más en el sillón del despacho. Las declaraciones altisonantes de Delcy, su aparente espíritu antigringo (llegó a decir que Venezuela jamás se rendiría ante la agresión de una “potencia nuclear”), son solo parte del teatrillo. Trump le ha dado un margen de confianza sencillamente porque necesita estabilidad en el país. Una Venezuela sumida en el caos y en conflicto civil armado entre facciones o guerrillas era perjudicial para el negocio.

Hay motivos para pensar que a la Casa Blanca le interesa que Delcy Rodríguez siga en el poder. Ahora bien, ¿fue Delcy la presunta infiltrada de los yanquis en el plan para terminar con Maduro? Nicolasito Maduro, hijo del presidente depuesto, ha asegurado que la historia dará a conocer los nombres de los traidores, entre ellos el topo que mantuvo puntualmente informada a la CIA de los movimientos del líder chavista (a cambio de la famosa recompensa de 50 millones de dólares). De hecho, la noche en que se desplegó el dispositivo militar estadounidense, Maduro y su esposa, Cilia Flores, dormían en la mansión presidencial de Caracas. Ambos trataron de llegar hasta un “lugar seguro” de la casa construido en robusto acero indestructible, una especie de búnker inexpugnable. No pudieron. De haber alcanzado la pareja el ansiado refugio, los marines, que jugaban con el efecto sorpresa gracias a la información del topo, no habrían podido concluir la operación y se habrían tenido que retirar ante la llegada del Ejército local. Los soldados yanquis conocían cada plano, cada rincón y cada palmo de la zona residencial. Solo alguien muy próximo a los Maduro pudo haber facilitado esa información.  

Sin duda, la nueva Venezuela será un protectorado en manos de Donald Trump. Algo mucho peor que el patio trasero gringo: el gran pozo de explotación y expolio de los norteamericanos. Y eso será, en parte, gracias a la enigmática presidenta encargada. Delcy Rodríguez es una de las figuras más influyentes del chavismo desde mediados de la década de 2010. Su trayectoria política ha combinado diplomacia, poder interno y lealtad al núcleo duro del régimen. Comenzó en cargos diplomáticos y de asesoría durante el gobierno de Hugo Chávez. Fue ministra de Comunicación y canciller (2014–2017). En 2018 pasó a ser vicepresidenta ejecutiva, uno de los puestos más importantes del país. También presidió la Asamblea Nacional Constituyente, órgano clave para neutralizar a la Asamblea Nacional opositora. Podría decirse que después de Maduro, ella era la persona con más poder de Venezuela.

Delcy sido la principal negociadora internacional del Gobierno de Nicolás Maduro. Y ha gestionado relaciones con aliados estratégicos como Rusia, China, Turquía e Irán. Internamente, es vista como una figura de control político, encargada de mantener cohesión dentro del chavismo y gestionar crisis. Rodríguez forma parte del círculo más cercano a Maduro. Su influencia se explica por su lealtad absoluta al proyecto chavista, su capacidad para manejar crisis diplomáticas y su rol como puente entre distintas facciones del poder. La oposición venezolana, gobiernos extranjeros, organizaciones internacionales e incluso sectores del propio chavismo la han puesto en la diana en los últimos meses. Era la gran presa a cazar después del presidente.

La Unión Europea, Estados Unidos y Canadá la habían presionado por su papel en la erosión de instituciones democráticas. Se la acusa de participar en decisiones que restringen libertades políticas y judiciales. Su presencia en el llamado “Delcygate”, en España, la volvió a poner en el ojo del huracán. El oscuro episodio ocurrió la madrugada del 20 de enero de 2020, cuando la vicepresidenta de Venezuela, persona sancionada por la Unión Europea por vulneración de los derechos humanos, aterrizó en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Allí se vio, supuestamente, con José Luis Ábalos, hoy en prisión. La prensa de la derecha habló de secretos acuerdos entre ambos países e incluso de maletas con oro. No existe ningún documento oficial, investigación judicial o informe policial que confirme ese dato. Las autoridades españolas negaron que se manipulara la carga del avión. El caso generó un fuerte debate político en España porque se discutió si el Gobierno había permitido o facilitado una violación de esas sanciones.

Delcy Rodríguez sigue siendo la figura más enigmática dentro del régimen de Maduro. La oposición la señala como una de las arquitectas de la estrategia de control institucional, especialmente por su rol en la Constituyente. Se le atribuye responsabilidad en la represión política y en la consolidación del poder bolivariano. También se la ha criticado por su discurso confrontativo y su estilo político duro. Ha concentrado tanto poder que ha llegado a desplazar a figuras históricas de la revolución. Su estilo tecnocrático y diplomático genera fricciones con sectores más ideológicos o militares.

El chavismo no es un bloque monolítico. Está compuesto por varias corrientes: militares, civiles, grupos ideológicos, tecnócratas, empresas y partidos regionales. Delcy Rodríguez ha tenido que navegar en ese mar. El sector militar es fundamental en el poder venezolano y Rodríguez, al no provenir de ese mundo, ha tenido que negociar espacios de influencia, evitar choques directos y mantener alianzas con figuras clave como Vladimir Padrino López. Algunos dirigentes cercanos a Chávez habían advertido sobre el ascenso de personajes como Delcy y Jorge Rodríguez. Hoy ya está en lo más alto de la cúspide del país.

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