La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, recurrió durante su intervención a una comparación que no pasó desapercibida. Al criticar al Gobierno por impulsar unos Presupuestos Generales del Estado que, a su juicio, carecen de apoyos suficientes para prosperar, afirmó que el Ejecutivo los utiliza "como propaganda" pese a ser unas cuentas que "todos sabemos que no van a nacer".
La metáfora adquiere una dimensión política especialmente llamativa porque llega apenas unos días después de la aprobación en la Comunidad de Madrid de una norma que reconoce determinados derechos a los concebidos no nacidos. El contraste resulta inevitable: mientras el Gobierno madrileño impulsa una legislación que protege jurídicamente al concebido antes de su nacimiento, su presidenta utiliza precisamente la imagen de unos "presupuestos que no van a nacer" para desacreditar la iniciativa del Ejecutivo central.
Más allá del recurso retórico, la comparación abre un debate sobre la coherencia del lenguaje político. Si el propio Gobierno madrileño ha situado al concebido no nacido en el centro de una de sus iniciativas legislativas más simbólicas, la utilización de esa misma idea como metáfora despectiva en el terreno presupuestario no deja de llamar la atención.
La crítica de Ayuso pretendía denunciar que el Ejecutivo de Pedro Sánchez prepara unas cuentas públicas sin los apoyos parlamentarios necesarios. Sin embargo, la elección de las palabras terminó proyectando una imagen paradójica: aquello que en una ley autonómica merece reconocimiento y protección aparece ahora convertido en un recurso para desacreditar un proyecto político.
En política, las metáforas nunca son inocentes. Y, en esta ocasión, el paralelismo elegido por la presidenta madrileña puede acabar generando más debate sobre la consistencia de su propio discurso que sobre el futuro de los Presupuestos Generales del Estado.
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