Mar Espinar y Manuela Bergerot acusan a Ayuso de corrupción y de “vender Madrid”, y ella responde con burlas

La presidenta madrileña se enroca y desprecia a la oposición en una sesión bronca sobre vivienda marcada por acusaciones y evasivas

19 de Marzo de 2026
Actualizado a las 11:15h
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Manuela Bergerot, de Más Madrid; la presidenta Ayuso; y Mar Espinar, del PSOE-M, en la sesión de control de la Asamblea de Madrid
Manuela Bergerot, de Más Madrid; la presidenta Ayuso; y Mar Espinar, del PSOE-M, en la sesión de control de la Asamblea de Madrid.

La sesión de control al Gobierno de la Comunidad de Madrid volvió a retratar este jueves un escenario político degradado, en el que el tono bronco sustituyó al debate real y la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, optó una vez más por la descalificación y la burla como estrategia de defensa. Lo hizo ante las intervenciones de la socialista Mar Espinar y de la portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, y también frente a la iniciativa de Vox sobre vivienda, en una jornada que evidenció una realidad incómoda: el problema habitacional en Madrid sigue sin respuesta estructural mientras el Ejecutivo autonómico se refugia en titulares y promesas.

La presidenta no solo eludió dar explicaciones detalladas, sino que volvió a situarse en un plano partidista incompatible con su responsabilidad institucional. Porque Ayuso no gobierna únicamente para quienes la votan, sino para el conjunto de la ciudadanía madrileña, incluidos aquellos a quienes ridiculiza en sede parlamentaria.

Vox y el giro hacia el señalamiento

El primer turno sobre vivienda lo protagonizó Vox, que planteó una propuesta basada en la penalización fiscal a compradores extranjeros. Su intervención dibujó un relato simplista en el que el problema del acceso a la vivienda se reduce a la inversión internacional. “No es justo que el joven español compita con capital extranjero que compra viviendas como activos financieros”, defendió la diputada, proponiendo un impuesto “claramente disuasorio”.

El planteamiento, sin embargo, obvia factores estructurales ampliamente documentados: la escasez de vivienda pública, la falta de regulación del mercado del alquiler, la presión de los fondos de inversión —muchos de ellos operando dentro del marco legal impulsado por gobiernos autonómicos— y la ausencia de políticas eficaces de contención de precios.

Lejos de desmontar con rigor ese discurso, Ayuso optó por la caricatura. Acusó a Vox de adoptar postulados de “la ultraizquierda” y de promover medidas “liberticidas”, al tiempo que aseguró que este tipo de políticas han fracasado en otros países. Sin embargo, su respuesta quedó en la superficie: no aportó datos verificables ni matices sobre los distintos modelos internacionales, ni explicó por qué en Madrid, pese a sus políticas fiscales, el acceso a la vivienda sigue deteriorándose.

Promesas frente a realidad

La presidenta defendió su gestión enumerando cifras: “14.000 viviendas del Plan Vive”, “5.500 para menores de 35 años”, “más de 280.000 nuevas viviendas previstas”. Pero el problema no está en el volumen de anuncios, sino en su materialización.

A día de hoy, muchas de esas promociones siguen en fase inicial o presentan retrasos significativos. Además, el peso de la vivienda protegida sigue siendo insuficiente frente a la demanda real. La Comunidad de Madrid continúa muy por debajo de los estándares europeos en parque público de vivienda, una carencia estructural que no se corrige con incentivos fiscales ni con colaboración público-privada sin control.

Espinar: corrupción y poder

El tono subió varios grados con la intervención de Mar Espinar, que situó el foco en las relaciones entre el entorno de Ayuso y determinados intereses económicos. “Cada vez que el cerco se estrecha, usted intenta desviar la atención con una burrada”, afirmó, señalando directamente al jefe de gabinete de la presidenta y a los casos judiciales que afectan a su entorno.

Espinar fue contundente al describir la situación: “Miguel Ángel Rodríguez y sus largas sobremesas están convirtiendo a Madrid en la región sin ley”. Y añadió una acusación política de fondo: que el modelo de gobierno de Ayuso responde más a intereses privados que al bienestar general.

La respuesta de la presidenta no fue una explicación ni una aclaración institucional. Fue, de nuevo, el ataque. “Su pregunta ofende a cualquier funcionario”, se limitó a decir en un primer momento. Posteriormente, elevó el tono acusando a la oposición de formar parte de “una gran mafia” y de impulsar campañas contra su entorno.

Este tipo de respuestas no solo eluden el control parlamentario, sino que erosionan la calidad democrática. Convertir el debate en un intercambio de descalificaciones impide abordar los problemas reales y debilita la rendición de cuentas.

Bergerot: “sumisa a los fondos”

La intervención de Manuela Bergerot añadió otra dimensión al debate, centrada en el modelo económico de la Comunidad. “Sumisa a Blackstone, sumisa a Airbnb y sumisa a los fondos extranjeros”, denunció, en una crítica directa al papel de los grandes inversores en el mercado inmobiliario madrileño.

Bergerot vinculó esta situación con el deterioro de los servicios públicos, especialmente la sanidad: “Quienes colapsan la sanidad son Quirón y es usted”. Su intervención conectó dos ejes clave: la privatización de servicios y la especulación inmobiliaria, dos fenómenos que, en su análisis, responden a una misma lógica de mercado sin contrapesos.

Ayuso respondió con sarcasmo y descalificaciones personales, ironizando sobre el estilo de vida de la izquierda y evitando entrar en el fondo de la cuestión. No hubo respuesta a la crítica sobre los fondos de inversión ni sobre el impacto de plataformas como Airbnb en el mercado del alquiler.

Una presidenta que se burla

El elemento más preocupante de la sesión no fue la dureza del debate —habitual en política— sino la actitud de la presidenta. Ayuso volvió a recurrir a la burla como herramienta política, deslegitimando a la oposición en lugar de responder a sus planteamientos.

Pero la presidenta de una comunidad autónoma no puede permitirse ese comportamiento. No está en un mitin ni en un plató de televisión. Está al frente de una institución que representa a millones de ciudadanos con sensibilidades diversas.

Burlarse de la oposición es, en última instancia, burlarse de quienes la votan. Y eso erosiona la legitimidad institucional.

Vivienda: el problema que sigue sin resolverse

Mientras tanto, el problema de la vivienda continúa agravándose en Madrid. Los precios del alquiler siguen en máximos, la compra es inaccesible para amplias capas de la población y los jóvenes ven cómo la emancipación se retrasa cada vez más.

Ni el discurso simplista de Vox ni la retórica defensiva de Ayuso ofrecen soluciones reales. Tampoco basta con las denuncias de la oposición si no se traducen en propuestas concretas capaces de articular mayorías.

Lo que sí quedó claro en la sesión es que el Gobierno autonómico no está dispuesto a asumir responsabilidades ni a rectificar su modelo. Y eso, en un contexto de emergencia habitacional, tiene consecuencias directas sobre la vida de miles de madrileños.

Porque gobernar no es ganar el debate. Es dar respuestas. Y en Madrid, hoy por hoy, esas respuestas siguen sin llegar.

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