La presidenta de la Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a convertir una entrevista institucional en una operación política cargada de exageraciones, afirmaciones discutibles y ataques constantes al Gobierno central. Desde México, en plena gira institucional, Ayuso utilizó la llegada a España de 14 ciudadanos españoles sometidos a protocolos sanitarios internacionales para alimentar la sensación de caos y descontrol, pese a reconocer varias veces durante la entrevista que no disponía de información suficiente.
La dirigente madrileña no solo cuestionó la coordinación sanitaria del Ejecutivo por el hantavirus, sino que aprovechó su estancia en México para insistir en un discurso político que lleva años generando malestar en amplios sectores de la sociedad mexicana: la reivindicación acrítica de la conquista española y la utilización del concepto de “mestizaje” como arma ideológica contra quienes denuncian las consecuencias históricas de la colonización.
Sus palabras llegan además en un momento especialmente delicado en las relaciones diplomáticas entre España y México, marcadas por tensiones políticas, desacuerdos sobre la memoria histórica y una creciente instrumentalización partidista de estos debates.
El intento de sembrar alarma sanitaria
Durante la entrevista, Ayuso insistió reiteradamente en que existía “absoluta confusión” sobre la llegada de los 14 españoles al Hospital Gómez Ulla y deslizó dudas sobre las cuarentenas y los protocolos sanitarios. Sin embargo, buena parte de sus críticas se sostienen sobre afirmaciones difícilmente compatibles con el propio funcionamiento de las competencias sanitarias en España.
La presidenta madrileña llegó a afirmar que “no hay nadie al volante” en el Gobierno y que “cada ministerio tiene una crisis”, intentando trasladar una imagen de improvisación permanente. Pero la realidad es que las actuaciones relacionadas con posibles riesgos epidemiológicos internacionales se encuentran reguladas mediante protocolos estatales, coordinación sanitaria y procedimientos internacionales de salud pública.
Además, Ayuso incurre en una contradicción evidente: asegura no disponer de información suficiente mientras simultáneamente lanza acusaciones muy graves sobre supuestos desórdenes institucionales. De hecho, admite literalmente que “sabemos un poco lo que todos”, aunque inmediatamente después utiliza esa supuesta falta de información para construir un relato político de descontrol gubernamental.
Tampoco se sostiene el intento de presentar Madrid como víctima recurrente de las decisiones estatales. La elección de hospitales militares o de referencia para determinados protocolos sanitarios responde normalmente a criterios técnicos, de aislamiento y capacidad operativa, no a decisiones arbitrarias o políticas.
El falso relato del “Gobierno caótico”
Uno de los ejes centrales de la intervención de Ayuso fue insistir en la idea de un Ejecutivo supuestamente paralizado por la existencia de varios partidos y ministerios. “Eso es de todo menos un Gobierno”, llegó a afirmar.
Sin embargo, la estructura de coalición no es una anomalía democrática ni en España ni en Europa. Alemania, Países Bajos, Bélgica o los países nórdicos llevan décadas funcionando mediante gobiernos multipartitos. Presentar la pluralidad política como sinónimo de caos institucional constituye más una estrategia de confrontación partidista que un análisis serio del funcionamiento del Estado.
Además, la propia Comunidad de Madrid ha protagonizado en los últimos años numerosos episodios de enfrentamiento interno, rectificaciones y contradicciones públicas en materias como sanidad, residencias, transportes o vivienda. La diferencia es que Ayuso suele transformar cualquier crítica en un relato de victimización política frente al Gobierno central.
México responde: no todos aplauden a Ayuso
Uno de los momentos más polémicos de la entrevista llegó cuando Ayuso aseguró que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, “lo está pasando fatal” por su visita y acusó al Gobierno mexicano de fomentar agravios históricos contra España.
La dirigente madrileña insistió en que hablar de “mestizaje” y de “cinco siglos compartidos” provoca “urticaria” en determinados sectores políticos mexicanos. Sin embargo, su visión simplifica de forma extrema un debate histórico, social y cultural mucho más complejo.
En México existen numerosos historiadores, colectivos indígenas, intelectuales y movimientos sociales que consideran profundamente problemático utilizar el concepto de mestizaje para invisibilizar la violencia colonial, las matanzas, la destrucción cultural y las desigualdades estructurales heredadas del periodo colonial.
No se trata, como sostiene Ayuso, de “odio a España”, sino de un debate histórico legítimo sobre memoria, colonialismo y poder. De hecho, parte de las críticas a su visita provienen precisamente de considerar que banaliza la historia mexicana para utilizarla en clave política española.
Diversos sectores mexicanos han cuestionado además el homenaje de Ayuso a Hernán Cortés, figura que continúa siendo enormemente controvertida en México. Para muchos ciudadanos, Cortés no simboliza el “hermanamiento”, sino el inicio de una conquista marcada por la violencia, las epidemias y la destrucción de estructuras políticas y culturales indígenas.
“México está a dos pasos de Venezuela”: otra afirmación sin base
La presidenta madrileña también afirmó que México está “a dos pasos de llegar al camino de Venezuela”. Una comparación extremadamente recurrente en determinados sectores de la derecha española y latinoamericana, pero muy discutida por analistas políticos y económicos.
México mantiene elecciones competitivas, alternancia política, relaciones económicas internacionales sólidas y uno de los mayores volúmenes de inversión extranjera de América Latina. Aunque el país atraviesa gravísimos problemas relacionados con el narcotráfico, la violencia y la corrupción, equipararlo automáticamente con Venezuela responde más a un marco ideológico que a un análisis comparativo serio.
Además, Ayuso omite un dato fundamental: buena parte de los problemas de violencia ligados al narcotráfico tienen dimensiones internacionales y están profundamente conectados con el tráfico de armas, el consumo de drogas y las redes económicas transnacionales.
Las cifras económicas también requieren contexto
Ayuso presumió durante la entrevista de la fortaleza económica de Madrid, afirmando que la región aporta “prácticamente el 20 % de la economía nacional” y que vive datos históricos de empleo.
Aunque Madrid concentra efectivamente una parte muy importante del PIB español y lidera numerosos indicadores económicos, la presidenta vuelve a omitir aspectos esenciales del debate económico madrileño: el enorme aumento del precio de la vivienda, las desigualdades territoriales, la precariedad laboral en determinados sectores o el incremento de la exclusión social en barrios populares.
El crecimiento macroeconómico no implica automáticamente una mejora homogénea de las condiciones de vida. De hecho, Madrid presenta algunas de las mayores desigualdades urbanas de España.
Una gira convertida en campaña ideológica
La visita de Ayuso a México ha terminado convirtiéndose en mucho más que un viaje institucional. Su intervención evidencia cómo la presidenta madrileña utiliza cada escenario internacional para alimentar una estrategia política basada en la confrontación permanente, el discurso identitario y la polarización.
Mientras intenta presentarse como defensora del “mestizaje” y de la “relación histórica” entre España y México, ignora deliberadamente que una parte importante de la sociedad mexicana no comparte esa visión idealizada de la colonización.
Y mientras denuncia supuestos desórdenes institucionales en España, vuelve a recurrir a declaraciones grandilocuentes y poco precisas que buscan generar impacto político antes que aportar información rigurosa.