Isabel Díaz Ayuso vuelve a mirar hacia Pedro Sánchez justo cuando las preguntas más incómodas están dentro de su propio Gobierno. En uno de sus últimos mensajes en X, la presidenta madrileña ha difundido el artículo de Daniel Lacalle titulado "Un país empobrecido, resignado y sumiso: la receta de Sánchez para mantenerse en el poder", un texto que atribuye al presidente del Gobierno prácticamente todos los males económicos españoles y llega a sostener que el Ejecutivo pretende fabricar una sociedad pobre y dependiente para perpetuarse en el poder.
La elección del momento resulta difícil de separar políticamente de la crisis que rodea a Ayuso. Una empresa pública dependiente de la Comunidad, Planifica Madrid, pagó 6,3 millones de euros por un ático de lujo en Chamberí cuyo destino inicial fue explicado como oficina provisional para la presidenta y que ahora ha sido puesto a la venta por 6,69 millones. Además, un juzgado madrileño estudia cinco denuncias relacionadas con la operación. Que existan diligencias no implica que se haya cometido delito alguno, pero sí significa que el asunto ha dejado de ser únicamente una polémica política.
Un país empobrecido, resignado y sumiso: la receta de Sánchez para mantenerse en el poder. https://t.co/IZSKHiEiMu
— Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) August 14, 2026
Mientras tanto, Ayuso incrementa el volumen de sus mensajes contra Sánchez. El economista Julen Bollain sostiene, según un recuento realizado por él mismo, que desde que estalló el caso del ático la actividad de la presidenta en X ha aumentado un 15%, mientras los mensajes en los que menciona a Sánchez habrían crecido un 75%. Bollain interpreta esos datos como nerviosismo. Conviene precisar que no hemos podido auditar independientemente su metodología, por lo que esas cifras deben atribuirse a su análisis y no presentarse como una estadística oficial.
Desde que estalló el caso del ático, Ayuso tuitea un 15% más.
— Julen Bollain (@JulenBollain) August 13, 2026
Pero hay un dato todavía más revelador: sus tuits mencionando a Sánchez han aumentado un 75%.
Está nerviosa. Y empieza a comportarse como quien sabe que le queda poco tiempo.
Lo que sí resulta comprobable es que recurrir a Sánchez como antagonista permanente no constituye precisamente una novedad: un análisis de El País sobre 551 mensajes publicados por Ayuso entre abril de 2022 y abril de 2023 encontró que el 38% atacaba al presidente o a su Gobierno.
Lacalle empieza tropezando con el PIB
El problema del artículo que Ayuso ha decidido amplificar es que varios de sus argumentos no resisten la comparación con las estadísticas oficiales.
Lacalle presenta el crecimiento español como un PIB "dopado" mediante inflación, gasto público e inmigración. Pero el 2,8% de crecimiento de 2025 que utiliza el Gobierno no es crecimiento nominal inflado por los precios: el INE especifica que es crecimiento en volumen, es decir, descontado el efecto de la inflación. El PIB nominal aumentó un 5,8%; el real, un 2,8%. Confundir ambas magnitudes permite construir un argumento políticamente muy efectivo, pero económicamente incorrecto.
Algo semejante ocurre con la inmigración. Naturalmente, más población puede aumentar el PIB agregado, pero el Banco de España estudió precisamente qué sucedía con el PIB por habitante y calculó que entre 2022 y 2024 creció una media anual del 2,9%, mientras la población extranjera aportó entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales a ese crecimiento per cápita. Por tanto, reducir la inmigración a una maniobra para «disfrazar» el PIB contradice la evidencia disponible del propio supervisor español.
Sánchez tampoco "imprime euros"
Más difícil de sostener todavía es la afirmación de Lacalle de que un Gobierno que aumenta gasto y deuda «imprime muchos más euros».
Pedro Sánchez no imprime euros para financiar el déficit español. La política monetaria corresponde al Eurosistema y, además, el artículo 123 del Tratado prohíbe que el Banco Central Europeo o los bancos centrales nacionales concedan financiación directa a los gobiernos o compren directamente su deuda en el mercado primario. Otra cuestión es que una política fiscal expansiva pueda generar presiones sobre la demanda y contribuir a la inflación, algo perfectamente discutible. Pero déficit presupuestario e impresión de dinero no son sinónimos.
Lacalle también asegura que el Gobierno no ha reducido el déficit. Eurostat dice lo contrario: España pasó de un déficit del 4,6% del PIB al 2,4% en 2025. La deuda nominal continúa siendo extraordinariamente elevada, 1,698 billones y un 100,7% del PIB, lo que constituye un problema real, pero no convierte en cierto que el déficit no haya disminuido.
Hasta la pobreza está utilizada de forma selectiva
Otro error afecta directamente a la tesis del supuesto empobrecimiento generalizado. Lacalle afirma que la carencia material severa ha aumentado «del 7,7% de 2018 al 8,1% en 2026».
La serie del INE muestra que el dato de 2018 era 8,7%, no 7,7%. El 7,7% corresponde a 2019. Y ese 8,1% tampoco es un dato de 2026, sino de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025, publicada en febrero de este año. La misma estadística muestra que la tasa AROPE pasó del 26,2% en 2018 al 25,7% en 2025 y el riesgo de pobreza del 20,7% al 19,5%. Son cifras todavía pésimas, pero no demuestran el deterioro que Lacalle pretende demostrar.
También existe un problema real de inflación: España registra ahora tasas superiores a la media europea. Pero afirmar, como hace el economista, que el 100% de ese diferencial es responsabilidad de Sánchez requiere una demostración que no aporta. La propia Comisión Europea atribuye buena parte del repunte previsto para 2026 al fuerte encarecimiento internacional de la energía.
Cuando fallan los datos aparece Sánchez
El texto termina abandonando definitivamente la economía cuando afirma que «el socialismo quiere pobres sumisos» y que España «importa pobres de fuera» para desplazar a quienes rechazan al Gobierno. No aporta prueba alguna de semejante estrategia porque no existe ningún dato oficial que permita atribuir esa intención al Ejecutivo.
Y ahí adquiere especial significado que Ayuso haya elegido precisamente este artículo para alimentar su cuenta de X mientras su Gobierno continúa intentando explicar el ático de Chamberí.
No demuestra por sí mismo «desesperación». Pero sí refuerza una estrategia política perfectamente reconocible: cuando el problema se acerca demasiado a Sol, Sánchez vuelve inmediatamente al centro del escenario.
Esta vez, sin embargo, ni Sánchez ni Lacalle pueden responder la pregunta que continúa persiguiendo a la presidenta madrileña: por qué una empresa pública compró por 6,3 millones un ático residencial que poco después de conocerse la operación decidió vender.
Ayuso puede compartir todos los artículos que quiera sobre el «empobrecimiento sanchista». El problema es que los datos desmontan buena parte del que acaba de difundir y ninguno explica su ático.
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