La presidenta de la Comunidad de Madrid y del Partido Popular ha encadenado frases de alto voltaje contra el Gobierno de España, la economía, los servicios públicos, los jóvenes, los pensionistas y los funcionarios, pero varias de sus afirmaciones más agresivas chocan de frente con estadísticas oficiales y con la propia política de privatización de su gobierno, durante su interenció en la Junta Directiva Autonómica del PP.
Lo más llamativo del discurso no fue solo el tono, sino la acumulación de afirmaciones rotundas presentadas como si fueran hechos incontestables. No lo son. Algunas son mera propaganda; otras, directamente, se vienen abajo en cuanto se contrastan con cifras oficiales. Y ahí es donde el discurso de Ayuso pasa de la consigna al bulo.
La mentira del Ingreso Mínimo Vital
La frase más escandalosa, probablemente, es esta: “salarios e ingresos mínimos vitales, etcétera, siempre superan incluso al salario medio”. Es falsa. El Ingreso Mínimo Vital no “supera siempre” el salario medio ni remotamente. La Seguridad Social fija para 2025 una cuantía de 658,81 euros mensuales para un beneficiario individual, y cantidades superiores según composición del hogar; mientras, el INE sitúa el salario medio mensual bruto en 2.385,6 euros y el salario mediano en 2.001,4 euros en 2024. Es decir, Ayuso convierte una prestación de garantía mínima en una caricatura para enfrentar a trabajadores y perceptores de ayudas. No es una exageración menor: es una falsedad numérica verificable.
A partir de ahí construye otro de los pasajes más duros del discurso: “lo que quieren es convertir a España en un país de jubilados, de subvencionados y de funcionarios”. Aquí Ayuso mezcla desprecio social y simplificación ideológica. Primero, porque meter en el mismo saco a pensionistas, empleados públicos y perceptores de ayudas no describe una estructura económica: fabrica un enemigo interno. Segundo, porque el propio mercado laboral español no avala esa caricatura de país paralizado. La EPA cerró 2025 con 22,46 millones de ocupados, 605.400 más que un año antes, y una tasa de paro del 9,93%. Hablar de una España reducida a la pasividad subvencionada cuando el empleo sigue creciendo no es análisis, es agitación.
La desigualdad de Madrid
Ayuso también afirmó que “España está perdiendo talento a raudales” y que muchos jóvenes “no le están viendo futuro” al país por culpa del proyecto de Sánchez. Puede discutirse que haya problemas serios de vivienda, salarios y emancipación, pero atribuir esa fuga de forma lineal y monocausal al Gobierno central no está respaldado por los datos que ella necesita para sostener esa acusación. De hecho, la Estadística de Migraciones del INE muestra que la Comunidad de Madrid tuvo en 2024 uno de los mayores saldos migratorios exteriores positivos de España, con 113.964 personas. O sea: Madrid no aparece en los datos oficiales como una comunidad vaciada por la desesperanza, sino como uno de los grandes polos de atracción demográfica. Otra cosa es que vivir en Madrid sea cada vez más caro: el INE señala que el precio de la vivienda subió un 12,9% interanual en el cuarto trimestre de 2025 en España y, en el caso madrileño, el alza anual fue del 13,4% en 2025. Si los jóvenes se ahogan, el problema no se explica solo con La Moncloa: también tiene mucho que ver con un modelo madrileño que ha hecho de la vivienda un bien cada vez menos accesible.
La inversión
Otra de sus frases de trazo grueso fue esta: “la inversión en España empieza a desplomarse”. Tampoco encaja con los datos. El INE estima que el PIB español creció un 2,8% en 2025, y el propio Ministerio de Economía subraya en su Informe de Situación 2025 el dinamismo del consumo privado y de la inversión. Además, los últimos datos oficiales de inversión extranjera publicados por Comercio para el primer trimestre de 2024 hablaban de 6.136 millones de euros, por encima de la media de los cinco años anteriores, y el INE constató que a 1 de enero de 2024 había 3.255.276 empresas activas, un 1,5% más que un año antes. Si Ayuso quiere decir que hay incertidumbres, regulación discutible o tensiones políticas, eso es debatible. Pero decir que todo se “desploma” no describe la economía española; la deforma.
En esa misma línea soltó otro dato sin sostén: “100000 empresas destruidas”. El problema no es solo que no aporte fuente; es que el dato choca con la estadística empresarial disponible. El DIRCE del INE registró más empresas activas a 1 de enero de 2024 que un año antes, y la Estadística de Sociedades Mercantiles cerró 2024 con 117.990 sociedades creadas, un 9,1% más que en 2023. Eso no significa que no haya cierres, ni dificultades, ni mortalidad empresarial. Significa algo más simple: la cifra lanzada por Ayuso no se sostiene con la serie oficial que debería probarla.
Desprecio de Ayuso con los trabajadores y trabajadoras públicos
Hay otro punto especialmente revelador por su carga clasista: cuando Ayuso ridiculiza a quienes aspiran a ser funcionarios porque “necesitan certidumbre”. Esa frase no solo desprecia a millones de trabajadores públicos; además oculta una contradicción de fondo. El personal al servicio de las administraciones públicas está cuantificado oficialmente por el Registro Central de Personal y forma parte estructural del Estado del bienestar: sanidad, educación, justicia, dependencia, seguridad, administración local. Presentarlos como síntoma de decadencia, y no como soporte cotidiano de los servicios públicos, es una manera de degradar simbólicamente aquello mismo que luego dice defender.
El “funeral del sanchismo” no es un dato, es un eslogan. Uno muy agresivo, sí, pero un eslogan
Y precisamente en servicios públicos es donde el discurso de Ayuso se vuelve más cínico. Dice que el Gobierno central quiere “reventar los servicios públicos”, pero la propia Comunidad de Madrid reconoce en su portal oficial la existencia de hospitales de gestión indirecta como la Fundación Jiménez Díaz, Villalba, Infanta Elena, Rey Juan Carlos o Torrejón. Además, el Ministerio de Educación sitúa a Madrid entre las comunidades con más peso del dinero público destinado a conciertos educativos: 19,3% del gasto público en educación. Y, por si faltara contexto, el propio Ejecutivo de Ayuso impulsa ahora una futura Ley LIDER que la Comunidad presenta como instrumento para “agilizar” el urbanismo, mientras la información conocida sobre el proyecto subraya el refuerzo de la colaboración público-privada. Es decir: Ayuso denuncia un supuesto desguace ajeno mientras su modelo político se apoya precisamente en la externalización, el concierto y la colaboración con operadores privados.
Ayuso destruye lo público
Tampoco ayuda a su credibilidad que, mientras dramatiza sobre la destrucción de lo público, la Comunidad de Madrid siga publicando listas de espera sanitarias con una demora media estructural quirúrgica de 48,92 días en la red pública. Eso no invalida toda la gestión madrileña, pero sí desmonta la pose de superioridad moral desde la que Ayuso habla como si la erosión de los servicios públicos siempre ocurriera en otro sitio y nunca en su propia casa.
Luego está la frase más bronca, la más buscadamente viral: “la legislatura está acabada, está muerta, nació muerta y ahora solamente hay que certificar el día del funeral”. Esto no es una afirmación verificable, sino una consigna hiperbólica. Pero conviene subrayar lo que implica: no describe una mayoría parlamentaria inexistente, ni una caída institucional consumada; intenta construir una atmósfera de derrumbe inevitable. Y, sin embargo, el Gobierno sigue legislando, aprobando medidas y operando dentro del marco institucional. El “funeral del sanchismo” no es un dato, es un eslogan. Uno muy agresivo, sí, pero un eslogan.
En resumen, las frases más mordaces de Ayuso no son las más sólidas, sino las más endebles. “El IMV supera el salario medio”: falso. “España destruye 100.000 empresas”: no acreditado y contradicho por estadísticas oficiales. “La inversión se desploma”: no respaldado por los indicadores macro y empresariales disponibles. “Los jóvenes se marchan de Madrid por culpa de Sánchez”: causalidad no demostrada y simplificación que borra el peso brutal de la vivienda en Madrid. “Reventan los servicios públicos”: lo dice una dirigente que gobierna una comunidad con hospitales de gestión indirecta, elevado gasto en concertada y nuevas apuestas por la colaboración público-privada.
Lo que queda, al final, es un método: exagerar, deshumanizar y convertir la bronca en doctrina. El problema no es que Ayuso haga oposición dura. El problema es que, cuando le conviene, sustituye los hechos por un relato incendiario que golpea a pensionistas, jóvenes, empleados públicos y personas vulnerables para vestir de épica lo que muchas veces no pasa de ser propaganda de partido.