Ayuso convierte la Hispanidad en una alfombra roja para Trump mientras sus consejeros disparan contra Sánchez

El portavoz del Gobierno madrileño condena al PSOE a partir de una investigación abierta, mientras Mariano de Paco convierte la cultura en propaganda y olvida el calor en las aulas

21 de Julio de 2026
Actualizado a las 16:36h
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El consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, Mariano de Paco Serrano, presenta la programación de Hispanidad 2026,

El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ofreció este martes una muestra exacta de su política. Miguel Ángel García Martín, portavoz del Gobierno y consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, utilizó el caso Plus Ultra para declarar moralmente liquidado al Gobierno de España. Después, Mariano de Paco, consejero de Cultura, Turismo y Deporte, presentó la Hispanidad 2026 con un discurso grandilocuente en el que Estados Unidos aparece como encarnación de la libertad y Madrid como capital natural de un mundo hispano sin conflictos.

Dos discursos distintos, una misma estrategia: convertir cualquier acto institucional en propaganda al servicio de Ayuso.

Una investigación no es una sentencia

García Martín sostiene que las declaraciones de empresarios investigados "demuestran" que José Luis Rodríguez Zapatero utilizó su condición de expresidente para montar una trama. Sin embargo, existe una investigación en curso, versiones enfrentadas y escritos de investigados que buscan colaborar con la Justicia. Zapatero está investigado, no condenado, y niega haber influido en el rescate o haber cobrado por él.

Los testimonios son graves y deben esclarecerse. Pero tampoco dicen exactamente lo que el portavoz de Ayuso pretende vender. Los responsables de Plus Ultra relacionan una comisión del 1% con las gestiones realizadas alrededor de la operación, aunque uno reconoce que no tuvo «constancia fehaciente» de las actuaciones concretas que Zapatero habría desarrollado ante la SEPI. Convertir esas acusaciones en verdad judicial supone sustituir a los tribunales por una rueda de prensa. 

García Martín da después un salto mayor: de una causa que afecta a personas determinadas pasa a afirmar que «todo lo que toca el sanchismo lo convierte en corrupción» y que el PSOE ha hecho de ella «su forma de hacer política». Ya no analiza responsabilidades individuales: condena a un partido entero y a su Gobierno.

La etiqueta «corrupción de Estado» exige pruebas de una utilización sistemática de las instituciones para delinquir. El consejero no las aporta. Toma una investigación real, elimina los matices y presenta la sospecha como sentencia.

También asegura que Sánchez está «solo» y que el final del Gobierno «está marcado». Puede desearlo, pero la continuidad de un Ejecutivo depende del Congreso, de una moción de censura, de una convocatoria electoral o del final de la legislatura. Llamar «odiadores de España» a partidos elegidos legalmente tampoco invalida sus votos; revela la incapacidad del PP madrileño para distinguir entre adversarios políticos y enemigos de la nación.

La cultura como decorado ideológico

Mariano de Paco envolvió esa batalla cultural en música, banderas, cabalgatas y exaltación patriótica. Su intervención mezcla programación artística con una visión edulcorada del pasado y una adhesión apenas disimulada al Estados Unidos de Donald Trump.

De Paco afirma que la Hispanidad representa dignidad, libertad, convivencia y construcción de puentes. Pero Ayuso anunció en febrero la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos desde una gala celebrada en Mar-a-Lago, residencia y club de Trump, y calificó al país como el "principal faro del mundo libre". Formalmente, se concede a Estados Unidos, no a Trump; políticamente, el escenario y el lenguaje la convierten en un homenaje al trumpismo. 

La contradicción es evidente. Madrid proclama una Hispanidad sin fronteras mientras homenajea a una Administración que ha convertido el endurecimiento migratorio y las deportaciones masivas en una de sus señas de identidad. La propia Casa Blanca presume de cientos de miles de expulsiones, mientras ha aumentado el temor a la deportación entre la población latina. Ese es el «faro» elegido por Ayuso para celebrar una comunidad de 600 millones de hispanohablantes.

El consejero del calor inspirador

Mariano de Paco es también el consejero que hace unas semanas respondió a las protestas por las temperaturas extremas en los colegios afirmando que el calor podía ser "fuente de inspiración". Recordó que estudió en Murcia, aseguró que «cuando hace calor, hace calor» y explicó que para llevar a su hija al colegio bastaba con camiseta y pantalón corto. Lo dijo en la Asamblea de Madrid y recibió los aplausos de la bancada del Partido Popular.

La realidad ha desmentido su frivolidad. Este martes se han denunciado temperaturas de hasta 34 grados en escuelas infantiles de Collado Villalba, con menores de cero a tres años cansados e irritables y trabajadoras obligadas a recurrir a ventiladores, persianas bajadas y niños en pañal. Frente a un problema de salud y protección de la infancia, De Paco ofreció costumbrismo, suficiencia y burla. 

Ese antecedente mide su discurso sobre la "dignidad de la persona». La dignidad no consiste únicamente en organizar conciertos o llenar la Gran Vía de carrozas. También exige que un niño pueda permanecer en una escuela pública sin soportar temperaturas peligrosas.

Resulta especialmente revelador que quien redujo el calor extremo a una cuestión de vestimenta pretenda ahora impartir lecciones universales sobre humanidad, familia, mérito y libertad. No hay demasiada humanidad en ignorar el sufrimiento físico de los menores ni demasiada libertad en obligarlos a estudiar dentro de edificios incapaces de protegerlos de las temperaturas extremas.

Una historia sin rigor

El consejero promete mirar el pasado "con rigor", pero sostiene que, mientras otros imperios levantaron muros, España abrió caminos, mestizaje y unión. Esa contraposición es propaganda, no historia. El imperio español produjo intercambios culturales, instituciones y una lengua compartida, pero también conquista, violencia, trabajo forzoso, encomiendas, tributos y explotación indígena. La investigación histórica documenta sistemas como la esclavitud, la mita, el repartimiento y la encomienda. 

Hablar de mestizaje como si hubiera sido siempre un encuentro voluntario entre iguales es una simplificación impropia de quien dirige la política cultural de una región. Mirar la historia sin complejos debería significar asumir toda su complejidad, no sustituirla por un relato de conquistadores que abrían caminos frente a imperios malvados que construían muros.

Celebrar la cultura común es legítimo. Borrar sus zonas oscuras no lo es. La Hispanidad puede ser un espacio de encuentro, pero deja de serlo cuando se utiliza para imponer una memoria triunfalista, atacar al Gobierno de España y rendir pleitesía política a Trump.

García Martín dicta condenas antes que los jueces. De Paco convierte la cultura en escenografía ideológica. Entre ambos componen el programa real del Gobierno de Ayuso: mucho ruido contra Sánchez, muchas banderas y muy poca responsabilidad cuando toca gobernar Madrid.

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