Ayuso convierte las bajas laborales en munición contra sindicatos, Gobierno e inmigración

La presidenta madrileña respaldó a Feijóo en el debate sobre el absentismo y aprovechó el foro de 20 minutos para lanzar acusaciones políticas sin aportar pruebas sobre sindicatos, censos electorales, inmigración y corrupción

09 de Julio de 2026
Actualizado a las 15:32h
Guardar
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el encuentro informativo organizado por el periódico 20minutos
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el encuentro informativo organizado por el periódico 20minutos

Isabel Díaz Ayuso utilizó su participación en el ciclo El pulso de nuestras comunidades, organizado por 20 minutos, para cerrar filas con Alberto Núñez Feijóo en la polémica sobre las bajas laborales. La presidenta madrileña aseguró que el líder del PP “tiene más razón que un santo” y defendió que existe un problema estructural de absentismo que perjudica a empresas, autónomos y compañeros de trabajo.

El dato central que manejó Ayuso —alrededor de 1,6 millones de personas ausentes cada día de su puesto— coincide con estimaciones recientes de Randstad Research y Adecco, que sitúan el absentismo en máximos recientes, aunque esas cifras incluyen bajas médicas, permisos y otras ausencias, no necesariamente fraude.

Más que explicar “el pulso” de Madrid, Ayuso dibujó un país en guerra permanente.

La presidenta trató de matizar que Feijóo no hablaba de personas enfermas, embarazadas o con patologías graves, pero el marco de su intervención fue inequívoco: situó el foco en quienes, según ella, “pueden evitar” determinadas bajas. El problema es que no aportó datos oficiales que cuantifiquen ese supuesto fraude.

Ataque directo a sindicatos y “pancarta fácil”

Ayuso vinculó la reacción sindical y de la izquierda con lo que llamó “la política de la pancarta fácil”. También afirmó que representantes sindicales de sectores como transporte, sanidad o educación habrían trasladado que se prepara un “otoño caliente” para tensionar los servicios públicos madrileños.

Es una acusación grave: presentar la protesta sindical como una estrategia dirigida para sabotear servicios públicos. Sin embargo, en su intervención no ofreció documentos, nombres ni pruebas verificables que sostengan esa tesis. El discurso desplaza así el debate desde las condiciones laborales, la salud de los trabajadores o la gestión sanitaria de las bajas hacia una sospecha generalizada contra sindicatos y empleados.

Madrid como víctima permanente

El segundo eje de la intervención fue el relato de Madrid como comunidad atacada por el Gobierno central. Ayuso acusó al Ejecutivo de bloquear inversiones, perjudicar la planificación energética y utilizar ministros como “candidatos para hacer daño”. También sostuvo que Madrid sufre una deuda superior a 12.000 millones de euros y que aporta más del 70% del Fondo de Garantía de los Servicios Públicos Fundamentales.

Son afirmaciones políticas que requieren contraste presupuestario y financiero, pero que la presidenta presentó como evidencia de una persecución. Frente a esa narrativa, sí es verificable que en el mismo acto anunció un campus de centros de datos de Ferrovial en Alcobendas, con una inversión prevista de 1.000 millones de euros y capacidad superior a 100 MW.

Inmigración y censos: el salto al alarmismo

Uno de los momentos más extremos llegó al hablar de regularizaciones y nacionalizaciones. Ayuso sugirió que el Gobierno busca “importar pobreza” e “importar votantes” y planteó dudas sobre una supuesta “ingeniería electoral” mediante el voto exterior o la distribución de nuevos electores.

La acusación es políticamente explosiva, pero no fue acompañada de pruebas. La presidenta mezcló vivienda, falta de médicos, regularización migratoria, nacionalidad y procesos electorales en un mismo bloque argumental, insinuando manipulación del censo sin acreditar ningún mecanismo concreto de fraude.

Corrupción: acusaciones en cascada

En el tramo final, Ayuso sostuvo que “la corrupción mantiene unido” al Gobierno y enumeró casos judiciales, investigaciones y sospechas vinculadas al PSOE, la Fiscalía, la Abogacía del Estado, la UCO o el entorno de Pedro Sánchez. De nuevo, el tono fue de acusación total: instituciones, jueces, fiscales, ministros y familiares aparecieron dentro de una misma trama política.

El resultado fue una intervención marcada por el ataque frontal. Ayuso anunció inversión, defendió el dinamismo económico madrileño y reivindicó su modelo, pero el centro político del acto estuvo en otra parte: bajas laborales convertidas en sospecha, sindicatos presentados como agitadores, inmigración asociada a cálculo electoral y el Gobierno descrito como una maquinaria de corrupción y sabotaje. Más que explicar “el pulso” de Madrid, Ayuso dibujó un país en guerra permanente.

Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo + leído