El pleno de la Asamblea de Madrid de este jueves volvió a convertirse en un escenario de confrontación política donde los discursos se mezclan con datos, interpretaciones y, en ocasiones, afirmaciones que no resisten una mínima verificación. La sesión arrancó con una intervención de Vox que vinculó inmigración y violencia contra las mujeres, y continuó con la respuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien trató de defender su gestión y atacar al Gobierno de Pedro Sánchez.
Sin embargo, el debate dejó al descubierto algo cada vez más frecuente en la política española: el uso de cifras descontextualizadas, comparaciones dudosas y afirmaciones que no se sostienen cuando se contrastan con los datos oficiales.
La inmigración como arma política
La diputada de Vox, Ana Cuartero Pérez Moñino Aranda, centró su intervención en un discurso que relacionaba la inmigración con el aumento de agresiones sexuales y asesinatos.
«La igualdad real se mide en la vida real», afirmó antes de preguntarse si las mujeres «se sienten igual de libres que hace unos años cuando vuelven solas de noche a casa».
El argumento continuó con referencias a casos concretos de delitos cometidos por personas extranjeras, con la intención de presentar la inmigración como un factor determinante en la inseguridad.
Sin embargo, los datos oficiales del Ministerio del Interior y del Instituto Nacional de Estadística dibujan una realidad mucho más compleja. Las estadísticas muestran que la gran mayoría de delitos sexuales en España son cometidos por personas del entorno de la víctima, y no por desconocidos en espacios públicos.
Además, diversos estudios criminológicos señalan que el origen nacional de los agresores no explica por sí mismo la comisión de delitos, ya que influyen factores socioeconómicos, de marginalidad y de integración.
Por tanto, la idea de una relación directa entre inmigración y violencia sexual no está respaldada por la evidencia estadística.
El dato del “182 %” que no explica la realidad
Uno de los momentos más llamativos del debate llegó cuando se afirmó que «las violaciones han aumentado un 182 % en los últimos años».
La cifra procede de comparaciones entre periodos distintos de registros policiales, pero no refleja necesariamente un aumento real de delitos de esa magnitud.
La razón es simple: desde 2015 se han ampliado las definiciones legales y los mecanismos de denuncia, y en los últimos años se han incrementado las denuncias gracias a cambios legislativos, campañas institucionales y una mayor confianza de las víctimas en el sistema judicial.
Es decir, parte del incremento responde a que ahora se denuncian más agresiones que antes quedaban ocultas.
De hecho, organismos internacionales como Naciones Unidas y el Consejo de Europa advierten de que un aumento de denuncias puede ser también una señal de mayor confianza en las instituciones.
Ayuso intenta marcar distancia con Vox
Ante ese discurso, Ayuso respondió intentando marcar distancia respecto a Vox.
«Esto es como si un español fuera de nuestro país, agrediera a una mujer y todos los españoles por ello fuéramos violadores», afirmó.
La presidenta recordó además que la Comunidad de Madrid no tiene competencias en materia de fronteras ni política migratoria.
El argumento es correcto desde el punto de vista institucional: las competencias en extranjería y control de fronteras pertenecen al Estado.
Sin embargo, Ayuso también utilizó el debate para lanzar críticas al Gobierno central y reforzar su discurso sobre la situación demográfica.
El debate sobre la natalidad
Durante su intervención, la presidenta insistió en que España afronta un grave problema de natalidad y envejecimiento.
«España envejece. Perdemos 200.000 españoles al año», afirmó.
La preocupación por el descenso de la natalidad es compartida por numerosos expertos y organismos internacionales. Sin embargo, la interpretación política del fenómeno suele simplificar una realidad compleja.
La caída de los nacimientos responde a múltiples factores: precariedad laboral, dificultades de acceso a la vivienda, retraso en la edad de emancipación y cambios culturales.
España registra una de las tasas de fecundidad más bajas de Europa, pero este fenómeno no es exclusivo del país. La mayoría de las economías desarrolladas afrontan tendencias similares.
La comparación con Suecia
Otro de los ejemplos utilizados por Ayuso fue una comparación llamativa.
«Una mujer en Villa de Vallecas vive más que una mujer en Suecia», aseguró.
Aunque Madrid tiene una de las mayores esperanzas de vida del mundo, la comparación es engañosa si se presenta de forma aislada.
La esperanza de vida depende de múltiples factores estadísticos y puede variar entre barrios o regiones según los métodos de cálculo.
España, en conjunto, tiene una esperanza de vida superior a la media europea, pero eso no significa necesariamente que cada barrio concreto supere a países enteros.
Vox y su paradoja política
La respuesta de Ayuso también incluyó un ataque directo a Vox.
«Es curioso, porque Vox es el único partido nacional que no tiene una sola mujer presidiendo una organización territorial en toda España», afirmó.
La observación es verificable: la estructura territorial de Vox ha estado dominada por dirigentes masculinos desde su fundación.
Ese dato expone una paradoja política. El partido que más utiliza el discurso sobre la protección de las mujeres frente a la inmigración es también uno de los que menos presencia femenina tiene en sus órganos de dirección.
Un pleno marcado por la confrontación
El debate continuó con intervenciones del PSOE y Más Madrid que acusaron al gobierno regional de minimizar la violencia machista.
«La violencia machista es la mayor amenaza para la libertad y la seguridad de las mujeres», afirmó la diputada Manuela Bergerot.
Ayuso respondió con un discurso que mezcló críticas al feminismo político, referencias a Irán y Afganistán y acusaciones de «falsas denuncias».
Ese tipo de comparaciones también forman parte de una estrategia retórica habitual: trasladar el debate hacia ejemplos extremos para cuestionar políticas públicas.
Entre la política y los hechos
Lo ocurrido en la Asamblea de Madrid refleja un fenómeno más amplio que atraviesa muchas democracias: la creciente distancia entre el debate político y la verificación de los datos.
En el pleno se escucharon afirmaciones sobre inmigración, natalidad, violencia y política internacional que, analizadas con detalle, requieren matices importantes o directamente resultan engañosas.
El resultado es un debate público cada vez más dominado por titulares contundentes y cifras descontextualizadas.
La realidad detrás del ruido
Más allá de la confrontación partidista, los datos disponibles dibujan una realidad menos simple.
España sigue siendo uno de los países más seguros de Europa, la violencia machista continúa siendo un problema estructural que no se explica por la inmigración y el descenso de la natalidad responde a cambios sociales profundos que afectan a todo el continente.
En ese contexto, el discurso político puede servir para explicar la realidad o para simplificarla.
El pleno de este jueves en Madrid mostró hasta qué punto algunos discursos prefieren lo segundo.
Y en ese terreno, donde las cifras se convierten en armas y los datos se retuercen para encajar en un relato, la política se aleja cada vez más de los hechos que dice defender.