El trumpismo de Ayuso recibe su propia medicina al ningunear el presidente de EEUU a Corina Machado

La presidenta madrileña acusa de tibieza a España mientras legitima un discurso de dominación, petróleo y fuerza militar.

03 de Enero de 2026
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Entrevista de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, esta tarde, en Telemadrid, donde ha realizado una valoración de la situación política en Venezuela
Entrevista de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, esta tarde, en Telemadrid, donde ha realizado una valoración de la situación política en Venezuela

Isabel Díaz Ayuso acusa al Gobierno de España de no haber sido suficientemente firme con Venezuela. Pero su propia firmeza desaparece cuando el presidente de Estados Unidos expone sin rodeos un proyecto de control político, militar y económico sobre el país. Ahí, la presidenta madrileña no solo guarda silencio: se alinea.

La rueda de prensa de Trump es clave para entender la magnitud de la incoherencia. Trump no habló de una transición venezolana autónoma. Habló de una operación militar “extraordinaria”, de superioridad absoluta, de un país “neutralizado” y de una administración directa por parte de Estados Unidos. Dijo literalmente que EE. UU. se quedará “hasta que la transición adecuada pueda realizarse”. No fijó plazos. No mencionó contrapesos. No habló de instituciones venezolanas.

Ayuso no escucha a Trump

Ese es el marco real que Ayuso decide bendecir. Y lo hace mientras acusa a España de tibieza por no adoptar posiciones maximalistas. Es una inversión completa de valores: se exige dureza al Gobierno español, pero se aplaude sin reservas la imposición extranjera.

Trump fue aún más lejos. Vinculó la operación a la explotación futura del petróleo venezolano, anunció inversiones multimillonarias de compañías estadounidenses y presentó esa intervención como una corrección histórica a un agravio sufrido por Estados Unidos. No habló de solidaridad internacional, sino de interés nacional.

Ayuso no solo ignora ese componente: lo encubre. Habla de democracia como si fuera una consecuencia natural del uso de la fuerza. Pero Trump deja claro que la prioridad es el control del territorio, la seguridad estadounidense y los recursos estratégicos. La democracia, en su discurso, es secundaria y condicionada.

Corina ya es historia 

Especialmente grave es que Ayuso adopte sin crítica el lenguaje de “enemigo absoluto” que Trump despliega. Narcoterrorismo, pandillas, amenaza hemisférica. Es un vocabulario diseñado para eliminar cualquier debate político y convertir una crisis compleja en un relato de guerra. Ayuso lo repite porque le resulta útil: cierra preguntas y justifica cualquier método.

La presidenta madrileña insiste en presentar a María Corina Machado como símbolo del futuro democrático, pero el propio Trump no la sitúa como eje del proceso. El protagonismo lo asume Estados Unidos. La oposición venezolana aparece subordinada a un plan externo. Ayuso habla de empoderamiento mientras legitima la sustitución de la soberanía.

También es revelador su uso del episodio de Delcy Rodríguez. Ayuso exige explicaciones al Gobierno español por una reunión en un aeropuerto, pero no exige ninguna explicación a Trump por anunciar que gobernará de facto un país entero. La desproporción no es un descuido: es una estrategia.

Acoger no suaoriza a justificar un golpe

Cuando Ayuso afirma que Madrid es “casa” de los venezolanos, introduce una verdad social para blindar su posición política. Pero acoger no autoriza a justificar la dominación. Defender a quienes huyen de una dictadura no implica celebrar que otro poder decida su futuro sin ellos.

El problema no es solo lo que Ayuso dice, sino lo que acepta. Acepta que un país sea administrado desde fuera. Acepta que los recursos sean gestionados por una potencia extranjera. Acepta que la democracia sea una promesa sin calendario ni garantías. Y a todo eso lo llama libertad.

Trump fue honesto en su discurso: habló de fuerza, control y permanencia. Ayuso fue deshonesta en el suyo: tradujo dominación como democracia. Y esa traducción no es un error. Es una elección política consciente.

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