Esa noche electoral todos perdieron de un modo u otro en sus aspiraciones maximalistas, pero a día de hoy ninguno de estos partidos asume erroresEl Partido Popular de Mariano Rajoy fue el más votado, pero al mismo tiempo sufrió un serio revés con más de 3,5 millones de votos dejados por el camino. Su única interpretación electoral sigue pasando por un acuerdo que ellos llaman “de estabilidad” de ellos como directores de orquesta con socialistas y Ciudadanos de coros. No hay más.Y mientras tanto, la corrupción sigue corroyendo sus entrañas a golpe de titulares de prensa día sí y el siguiente también. Y Rajoy sigue sin mover un ápice su posición, con dos negativas consecutivas al jefe del Estado incluidas. Para colmo, el todavía líder popular ya no esconde su interés meramente personal de que haya unas nuevas elecciones cuanto antes que lo salven a él de ser derrocado internamente y de paso ganar tiempo y votos que caigan de votantes “prestados” a Ciudadanos el 20D.
El PSOE de Pedro Sánchez tiene quizá la papeleta más difícil, sobre todo porque desde un primer momento echó pecho al serio revés electoral sufrido, el peor resultado de su historia, arrojando un órdago en forma de interés en formar Gobierno. El rey no se lo pensó dos veces vista la situación y el arrojo del líder socialista y le hizo un encargo que cada día que pasa parece más envenenado. Sánchez sabe que no solo está en juego el futuro de este país para los próximos años, también su propia cabeza.La baronía socialista y sus ‘jarrones chinos’ ya se lo han advertido sin demasiados miramientos. Pero en la definición de su proyecto está el engaño: Sánchez dice que quiere conformar un Gobierno “de progreso”. Y lo primero que hace es escenificar el excelente entendimiento con Ciudadanos en algunos de sus principales puntos programáticos y al mismo tiempo el océano que le separa de Podemos, una formación que ha conseguido más de cinco millones de votantes y solo 1,5 puntos menos de sufragios que el PSOE.
De poco o nada ha servido el último envite lanzado por Alberto Garzón para sentarse en una mesa a cuatro. La consigna interna en Ferraz respecto a Podemos es evitar cualquier atisbo de acercamiento. Los últimos sondeos han encendido todas las alertas en el seno socialista al constatarse el ‘sorpasso’ de la formación de Pablo Iglesias como segunda fuerza política tras el PP. Tampoco la arrogancia mostrada por Iglesias y sus dirigentes con la imposición de una hoja de ruta progresista perfectamente delineada con asientos ministeriales incluidos ha servido para allanar el camino del entendimiento.Podemos también debe recibir un suspenso en interpretación electoral al dejar demasiado a las claras que le faltó una semana más de campaña electoral para superar al PSOE en votantes. Todos sus pasos perfectamente estudiados, con una estrategia política casi maquiavélica, han ido encaminados desde un primer momento a quemar las exiguas fuerzas que le quedan al PSOE en el empeño de formar Gobierno. Piensan que así se meterán de nuevo en el bolsillo otro buen puñado de nuevos votantes si se convocan otras elecciones en junio.El que quizá ha estado a punto de aprobar este examen poselectoral ha sido Albert Rivera, pero tampoco lo ha conseguido por su querencia natural hacia la derecha pese a la transparencia que exige, por un lado, que emane de las instituciones, mientras por otro no oculta su connivencia ideológica, a nivel económico sobre todo, con el partido más señalado hoy día por la corrupción, que no es otro que el Partido Popular. La obsesión de Rivera por acercar a Rajoy con Sánchez allanando la estrategia primigenia del primero le puede pasar una factura todavía no cuantificada en número de los 3,5 millones de nuevos votantes conseguidos el 20D. El tiempo dirá si son prestados o no.
Por último, Alberto Garzón ha jugado un discreto papel en este juego de tronos particular, y quizá la excelente y sorprendente sintonía mostrada con la oferta de Sánchez a las primeras de cambio no vaya en concordancia con la aversión que el votante fiel de IU tiene a todo lo que provenga del PSOE.El ejemplo reciente de lo ocurrido en Andalucía parece que no ha cundido en la cúpula de UP-IU y puede que ese casi millón de votos obtenidos el 20D y la reducción de sus diputados a solo dos representantes sea solo un espejismo de que lo peor aún puede estar por llegar. UP-IU también teme a Podemos, en este caso por la izquierda. El PSOE lo teme por la derecha. Ambos no quieren quemarse con la fuerza que parece llevar una formación emanada del descontento ciudadano del 15 de mayo de 2011. En pleno 2016 ese descontento no cesa. Y unas nuevas elecciones parece que están a la vuelta de la esquina si estos suspendidos políticos no lo evitan antes.Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
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