Grindr, una de las aplicaciones de citas más utilizadas por hombres gais, bisexuales, trans y personas queer, tendrá que desembolsar 26 millones de libras, alrededor de 30 millones de euros, para poner fin a una demanda colectiva presentada en Reino Unido por miles de usuarios que denunciaban graves vulneraciones de su privacidad.
El acuerdo, anunciado hace unos días pone punto final a una batalla judicial que comenzó en 2024 y que estaba relacionada con determinadas prácticas de tratamiento de datos anteriores a 2020. La demanda fue presentada ante el Tribunal Superior de Inglaterra y Gales por el despacho británico Austen Hays en representación de alrededor de 12.000 usuarios.
Entre los datos que, según los demandantes, fueron compartidos con terceras empresas figuraban informaciones especialmente delicadas, como el estado serológico frente al VIH y la fecha de la última prueba de VIH. La información habría sido utilizada en el contexto de servicios de publicidad y análisis de datos.
2.500 euros por usuario
Según la información publicada por el periódico británico The Guardian, el acuerdo contempla el pago de 26 millones de libras, que serán abonados en dos partes: aproximadamente 13 millones de libras antes de que termine 2026 y otros 13 millones antes de finales de marzo de 2027.
Si la cantidad se distribuyera de manera uniforme, los aproximadamente 12.000 usuarios afectados recibirían una media cercana a 2.167 libras por persona, unos 2.500 euros al cambio actual. La cantidad definitiva que percibirá cada demandante dependerá de las condiciones del acuerdo.
A pesar del acuerdo y la significativa cifra que la aplicación de citas desembolsará, la compañía sigue sin reconocer jurídicamente haber cometido las infracciones denunciadas y ha mantenido su rechazo a las acusaciones, aunque ha admitido que determinadas prácticas pudieron provocar pérdida de confianza y malestar entre algunos usuarios. La empresa ha defendido además que desde 2020 ha llevado a cabo una profunda reforma de sus sistemas y políticas de privacidad.
¿Qué ocurrió con los datos sobre el VIH?
El origen de la controversia se remonta a varios años atrás. En 2018, distintas investigaciones ya pusieron el foco en la forma en la que Grindr gestionaba determinados datos de sus usuarios.
Los investigadores descubrieron que información relacionada con el estado serológico frente al VIH y las fechas de las últimas pruebas podía formar parte de los paquetes de datos transmitidos a compañías externas. El caso provocó una enorme polémica porque se trataba de información médica extremadamente sensible que, combinada con otros datos, podía permitir identificar a una persona concreta.
Así, en 2024, el reconocido despacho de abogados Austen Hays llevó el asunto a los tribunales británicos presentando una demanda donde sostenía que Grindr había vulnerado las normas británicas de protección de datos al permitir que información altamente sensible de sus usuarios llegara a terceros con fines comerciales. Entre las acusaciones también figuraba el uso de determinadas tecnologías de seguimiento y el tratamiento de información que podía revelar aspectos especialmente privados de la vida de los usuarios.
Un dato especialmente sensible
Si bien en una aplicación convencional, conocer la ubicación, el dispositivo utilizado o determinados hábitos de navegación ya plantea importantes problemas de privacidad, en una plataforma como Grindr, sin embargo, la combinación de esos datos puede revelar directamente información sobre la orientación sexual, relaciones personales, ubicación habitual o estado de salud de una persona.
Por eso, el tratamiento de información relacionada con el VIH, que muchos usuarios facilitaron voluntariamente a la app de citas junto a fotografías, datos sobre su edad, preferencias sexuales, hábitos, conversaciones, relaciones, etc. , tiene una especial relevancia: la filtración o utilización indebida sobre cuestiones tan personales como el estado de salud, puede tener consecuencias laborales, familiares, sociales o personales, especialmente en lugares donde todavía existe discriminación hacia las personas con VIH o hacia las personas LGTBI.
No es la primera vez
El acuerdo alcanzado en Reino Unido tampoco constituye el primer episodio relacionado con la protección de datos que afecta a Grindr. Ya en abril de 2018, FACUA-Consumidores en Acción anunció que denunciaría a Grindr ante la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) después de que distintas investigaciones revelaran que la aplicación había compartido con empresas externas información relacionada con sus usuarios, incluida información sobre su estado serológico frente al VIH. Por aquel entonces, la organización de consumidores señaló a Apptimize y Localytics como algunas de las compañías que habrían recibido estos datos y consideró especialmente grave que una aplicación de citas pudiera transmitir a terceros información relacionada con la salud de sus usuarios.
Desde Diario Sabemos, hemos contactado con FACUA para conocer el estado de la denuncia en nuestro país y su portavoz, Rubén Sánchez, ha confirmado que, después de 8 años “No tenemos ninguna novedad, lamentablemente no hay nada”. De hecho, ha explicado que “Tenemos una larguísima lista de denuncias presentadas frente a la AEPD en los últimos años y no entendemos la extraordinaria lentitud del organismo”, ha insistido.
Tres años más tarde, en 2021, la autoridad noruega de protección de datos impuso a la compañía una multa de 65 millones de coronas noruegas, alrededor de 4,8 millones de libras, por vulneraciones relacionadas con el tratamiento de datos personales. La sanción fue posteriormente objeto de un proceso judicial y quedó confirmada en 2025. Aquel procedimiento ya había puesto de manifiesto las dificultades que puede generar el modelo de negocio de las aplicaciones gratuitas o parcialmente gratuitas basadas en publicidad y en el tratamiento masivo de información de sus usuarios.
Una advertencia para todas las aplicaciones
Más allá de Grindr, el caso plantea una cuestión que afecta al conjunto de la industria de las aplicaciones de citas. Sus usuarios proporcionan voluntariamente una enorme cantidad de información: fotografías, ubicación, edad, preferencias sexuales, hábitos, conversaciones, relaciones, información sanitaria o incluso la localización en tiempo real. Buena parte de estos servicios condicionan su utilización a la aceptación de políticas de privacidad y tratamiento de datos que, en la práctica, pueden resultar difíciles de comprender en su totalidad.
Y ese flujo constante de información abre una pregunta cada vez más relevante: ¿Sabe realmente el usuario qué datos personales está compartiendo, con quién pueden acabar y para qué se utilizan? Una aplicación concebida inicialmente como una herramienta de ocio o para relacionarse puede llegar a concentrar información especialmente sensible sobre la vida íntima de una persona. Cuando esos datos salen del control directo del usuario y llegan a terceros cuyo papel o identidad desconoce, el problema deja de ser únicamente de privacidad y puede convertirse también en una cuestión de seguridad personal, intimidad o reputación.
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