Estamos en agosto, para algunos el mes preferido para irse de vacaciones, para otros, porque “No les queda otra”, por sus oficios, por sus profesiones en la mayoría ligadas a la docencia o judicatura sectores donde existe receso estival.
Pero independientemente del cargo, empresa o sector, hay una escena que se repite en playas, piscinas, terrazas de hoteles, el móvil de la empresa ahí esta como el protector solar, la toalla, el pareo o las gafas de sol: no se ha quedado en casa “Por si pasara algo”.
Ese “Por si” puede suponer una pregunta de un compañero de ese trabajador/a que le está supliendo en sus funciones, una llamada de su responsable o un correo que no exige expresamente una respuesta inmediata, pero que genera la sensación de que sería conveniente contestar porque “no vaya a ser que lo vean mal”, cuando en realidad se está de vacaciones.
Y este es un punto que los trabajadores olvidan o son conscientes de ello: las vacaciones son un derecho y las obligaciones con la empresa se paralizan desde el mismo momento en que se sale por la puerta para disfrutarlas. Para retomar los compromisos inherentes al puesto o al cargo ya habrá tiempo a la vuelta.
Sin embargo, uno de los grandes problemas de la vida laboral actual es que la tecnología ha hecho posible que el trabajador esté permanentemente localizado, incluso cuando legalmente está disfrutando de su tiempo de descanso. La tecnología permite contestar un correo desde cualquier lugar pero precisamente esa posibilidad puede convertirse en un problema cuando el trabajador siente que debe hacerlo siempre.
La situación resulta especialmente llamativa porque en nuestro país desde 2018, la legislación española contempla expresamente el derecho a la desconexión digital y señala que debe garantizarse el respeto al tiempo de descanso, los permisos y las vacaciones. El problema, por tanto, no está tanto en saber si existe el derecho como en comprobar hasta qué punto se ejerce realmente, y también, cómo los trabajadores contribuyen a que no se cumpla.
Ocho de cada diez siguen conectados
Un estudio de InfoJobs en 2022 ya advertía de que una mayoría de trabajadores españoles continúa recibiendo o atendiendo comunicaciones relacionadas con su actividad profesional fuera de su horario laboral. Y esta tendencia se ha mantenido en su análisis publicado, en julio del pasado año, sobre la desconexión durante las vacaciones, al constatarse que el 63% de los trabajadores seguía respondiendo llamadas, mensajes o correos durante su periodo de descanso. Además, dos de cada tres empleados aseguraban que su empresa no aplicaba ninguna medida para fomentar la desconexión digital.
La fotografía más reciente tampoco invita al optimismo. El Estudio de Bienestar y Salud Laboral en España 2026 de Edenred sitúa en el 81,6% el porcentaje de profesionales que atiende llamadas o mensajes de trabajo fuera de su jornada laboral. El dato revela hasta qué punto los trabajadores, y no solo las empresas, han normalizado la disponibilidad permanente.
Y aquí nos encontramos con una paradoja: aunque una persona esté legalmente de vacaciones, una parte muy importante de los profesionales continúa conectada con su actividad laboral, bien porque recibe comunicaciones, bien porque las atiende voluntariamente o porque siente que debe hacerlo para evitar problemas a su regreso.
Las vacaciones, un derecho protegido
Más allá que el Estatuto de los Trabajadores y los diferentes convenios colectivos garanticen el derecho a las vacaciones, el artículo 88 de la Ley Orgánica 3/2018, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, reconoce el derecho a la desconexión digital con el objetivo de garantizar, fuera del tiempo de trabajo, el respeto del descanso, los permisos y las vacaciones, además de la intimidad personal y familiar.
En este sentido, la norma no se limita a reconocer que el trabajador pueda ignorar voluntariamente un correo, también establece obligaciones para las empresas, las cuales deberán elaborar una política interna que determine las modalidades de ejercicio de la desconexión y las acciones de formación y sensibilización necesarias para promover un uso razonable de las herramientas tecnológicas. El derecho aparece igualmente en el artículo 20 bis del Estatuto de los Trabajadores y cuenta con una regulación específica para las personas que trabajan a distancia en el artículo 18 de la Ley 10/2021 de trabajo a distancia.
Y con posterioridad a la ley del derecho a la desconexión en nuestro país, el Parlamento Europeo aprobó en enero de 2021 una resolución en la que reclamaba a la Comisión Europea que impulsara una iniciativa legislativa para reconocer el derecho a la desconexión en todo el continente. El objetivo era garantizar que los trabajadores pudieran desconectar de las obligaciones laborales fuera de su horario y no sufrir consecuencias negativas por ejercer ese derecho.
En resumen, la desconexión digital no es una recomendación de los departamentos de Recursos Humanos para que los empleados descansen mejor y vuelvan “con las pilas cargadas”, forma parte de los derechos laborales, y está garantizada por nuestro marco legislativo nacional y comunitario.
Los WhatsApp del jefe
No todos los mensajes enviados fuera del horario laboral son ilegales: las circunstancias concretas, el contenido, la política de desconexión de la empresa, el convenio colectivo, las características del puesto tendrán que ser tenidas en cuenta.
Si hablamos de una comunicación puntual que tenga que ver con el tiempo, duración del viaje o costes en el destino, o comentar un estado de WhatsApp, es decir, un intercambio de mensajes a nivel personal, no constituye necesariamente una infracción. Otra cosa muy distinta es que el trabajador tenga que permanecer disponible durante sus vacaciones para responder mensajes, atender llamadas o revisar periódicamente el correo por miedo a las consecuencias de no hacerlo.
Qué dicen los tribunales
Con una ley tan joven, la jurisprudencia es escasa. Sin embargo, ya empiezan a despuntar las primeras sentencias que avalan que el derecho a la desconexión vino para quedarse.
En enero de este año, el Juzgado de lo Social número 5 de A Coruña confirmó una sanción de 1.501 euros impuesta a una empresa por enviar comunicaciones a sus trabajadores fuera de su horario laboral. En aquel caso se trataba de correos electrónicos y mensajes de WhatsApp relacionados con una formación obligatoria. La Inspección de Trabajo consideró que se había vulnerado el derecho a la desconexión digital, además de incumplirse el plazo de preaviso correspondiente.
Así, con esta sentencia la Justicia orienta cómo la desconexión digital no significa únicamente que el trabajador pueda decidir no contestar; también señala el camino a que las empresas tienen que organizar sus comunicaciones para no infringir ese descanso protegido legalmente.
De esa manera, con el marco jurídico en la mano, tiene que diferenciarse entre una comunicación puntual y una conducta reiterada. Si durante las vacaciones se producen llamadas, mensajes o correos constantes, especialmente si existe presión para responder, el trabajador debería conservar esas comunicaciones por si posteriormente se produjera un conflicto. En caso de que la situación persista, el trabajador puede acudir a sus representantes legales o valorar la posibilidad de presentar una denuncia ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.
Cinco claves para conseguir desconectar
Precisamente para quienes tienen dificultades para romper con esa conexión permanente, InfoJobs acaba de publicar cinco recomendaciones prácticas. La primera es fijar claramente cuándo termina la jornada y dejar de estar disponible a partir de ese momento. La segunda, especialmente importante con el teletrabajo, consiste en separar en lo posible el espacio laboral del personal. La tercera es tan sencilla como silenciar las notificaciones del trabajo cuando termina la jornada o durante las vacaciones.
La plataforma recomienda además planificar actividades de ocio y concentrarse plenamente en ellas, en lugar de mantener un ojo puesto en el teléfono por si llega algún mensaje. Y, sobre todo, convertir la desconexión en un hábito: practicarla cada día, los fines de semana y durante las vacaciones hasta que dejar de responder correos o consultar notificaciones fuera del horario laboral deje de parecer extraño.
Son medidas sencillas, pero van encaminadas a que el trabajador también aprenda a desconectar. Y, en un país donde el derecho a hacerlo está reconocido legalmente desde hace años, quizá haya llegado el momento de que apagar el móvil del trabajo durante las vacaciones deje de parecer una excepción y vuelva a ser lo normal.
Y así, ya sin mirar si alguien ha escrito del trabajo, podremos disfrutar del sol, la playa, la montaña, la naturaleza y de los seres queridos con los que solo durante un puñado de días al año podemos compartir esos momentos de descanso y desconexión.
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